Claves del reconocimiento "centros referentes en educación en derechos de infancia"

  • Cada vez son más los centros educativos que hacen de la educación en derechos de infancia el eje vertebrador de su proyecto educativo.

  • Este programa busca impulsar el conocimiento y difusión de los derechos de la infancia en el día a día del centro educativo.

 

Actualmente, 286 centros educativos de las etapas de infantil, primaria y secundaria están reconocidos como "centros referentes en educación en derechos de infancia". Se trata de un distintivo que otorga UNICEF España a los centros que cumplen con una serie de requisitos con el propósito de impulsar el conocimiento y protección de los derechos de la infancia recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño

Este reconocimiento es sólo un hito dentro de un proceso que comienza cuando un centro educativo inicia un proyecto de educación en derechos y que continúa más allá de la concesión; supone un proceso de mejora constante, de innovación y cultura escolar. 

La convocatoria del curso 2025-2026 de "centros referentes en educación en derechos de infancia" está abierta hasta el 16 de julio de 2026. A continuación puedes descargar las bases del programa.

Descarga las bases

El reconocimiento es válido por dos cursos escolares. Los centros educativos que quieran obtener o renovar el reconocimiento tienen que registrarse en la página del programa e ir superando una serie de requisitos. Junto a estos requisitos, el centro irá aportando información y evidencias sobre la integración de los derechos de la infancia, a través de los cuales irá sumando puntos. 

De manera combinada, a través de los puntos y de los diferentes requisitos se podrán alcanzar hasta tres niveles del reconocimiento. El nivel 1 se obtiene cuando se alcanzar los requisitos básicos de la convocatoria y, además, se obtienen al menos 60 puntos. El nivel 2 se logra al sumar al menos 80 puntos y se profundiza en los requisitos de la convocatoria. Por último, el nivel 3 se obtiene al superar los 95 puntos. La convocatoria consta de 30 indicadores, de los cuales nueve son requisitos obligatorios. 

Los centros que quieran optar al reconocimiento deben registrarse en la página web de centros referentes. Aquí, además, encontrarán cuatro herramientas para impulsar los derechos (un curso de formación en derechos, un diagnóstico del conocimiento, una herramienta para realizar la autoevaluación institucional y un termómetro de participación). 

Los 30 indicadores, incluyendo los nueve requisitos, se distribuyen a lo largo de los cuatro ámbitos de la educación en derechos: conocimiento de los derechos, entorno protector, participación infantil y adolescente y, por último, comunidad educativa. 

Web Centros Referentes

A continuación te explicamos de qué manera la convocatoria de "centros referentes en educación en derechos de infancia" mide la aplicación de los cuatro ámbitos de la educación en derechos de infancia en el centro educativo. 

 

 

Ámbito 1. Conocimiento de los derechos de la infancia

El primer ámbito nos invita a comprender que la educación en derechos de la infancia comienza mucho antes de hablar de actividades o protocolos. Empieza cuando un centro educativo decide mirarse a sí mismo desde la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y reconoce que, para que el alumnado viva sus derechos, los profesionales del centro deben haberlos colocado en el corazón de la cultura escolar.

En este ámbito, cada indicador representa una puerta. No es una revisión burocrática; es un  mapa que muestra qué hace que un centro funcione realmente desde los derechos y qué permite que el alumnado los conozca, los interprete y los utilice para comprender su vida diaria. 

Este ámbito abarca siete indicadores que muestran cómo un centro educativo puede construir un camino sólido hacia la educación en derechos de la infancia. Se trata de impulsar una cultura escolar donde los derechos se conocen, se comprenden, se viven y se proyectan poniendo en el centro al alumnado. 

El ámbito del conocimiento de los derechos de la infancia incluye tres requisitos obligatorios para obtener, mejorar o renovar el reconocimiento como centro referente en educación en derechos de la infancia. El primero de ello es la inclusión de los derechos de la infancia en el Proyecto Educativo del Centro (PEC), el segundo es la incorporación de los días internacionales claves para los derechos en la Programación General Anual (PGA) y, el tercero, la formación de, al menos, una persona del claustro en educación en derechos de la infancia. 

Proyecto Educativo del Centro

La integración de los derechos de la infancia en el Proyecto Educativo del Centro (PEC) permite articular la convivencia, la pedagogía y la organización escolar. De esta forma, el centro educativo hace que los derechos un criterio de cultura e innovación. Esto aporta coherencia, estabilidad y sentido educativo. Cada decisión tiene un porqué y ese porqué está conectado con la dignidad, la participación y la protección. Un centro que recoge los derechos en su PEC está diciendo al alumnado que sus derechos importan siempre. 

Por ejemplo, el CEIP Cervantes de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real), establece la necesidad de "promover en nuestro centro la sensibilidad y formación de todos los miembros en favor de los derechos de la infancia, recogidos en la Convención de los Derechos del Niño".  

La Programación General Anual

La celebración del Día Mundial de la Infancia (20 de noviembre) y de otras fechas significativas dentro de la Programación General Anual (PGA) refuerza la coherencia entre lo que se planifica y lo que se realiza durante el curso. Un centro que planifica los días mundiales clave para los derechos de la infancia ayuda al alumnado a conectar su experiencia con la actualidad, los retos del planeta y las situaciones que afectan a las niñas, niños y adolescentes de todo el mundo. No se trata de actividades sueltas o decorativas, sino de momentos que permiten comprender la igualdad, la paz, el agua, el medio ambiente o la justicia social como asuntos que forman parte del aprendizaje. 

Cuando estas celebraciones se integran en la PGA, dejan de depender de impulsos aislados y pasan a formar parte de una visión compartida del centro. De esta forma, el alumnado percibe que estos valores se sostienen en el tiempo y que el centro educativo tiene un compromiso institucional con los derechos. Reflejar estos días en la PGA es necesario para poder optar o renovar el reconocimiento. Se trata del segundo requisito de la convocatoria.  

Formación en derechos de infancia

Sólo se puede defender lo que se conoce. Por ello es fundamental conocer los derechos de la infancia; de esta manera, la comunidad educativa en su conjunto convierte los derechos en el eje fundamental del centro. 

La formación en derechos de la infancia es clave para que los derechos se integren de manera coherente en la cultura del centro educativo. Un centro que quiere educar desde los derechos de la infancia necesita voces que puedan orientar, acompañar, comprender e interpretar el marco normativo en prácticas concretas. 

La formación permite que el enfoque no dependa de intuiciones o buenas intenciones, sino de un conocimiento riguroso. quien se ha formado entiende cómo se aterriza la Convención, cómo se conecta la convivencia, la participación o la protección, y cómo se acompaña al profesorado para que esa mirada se vuelva cotidiana. 

La formación es clave para que la educación en derechos de la infancia no se limite a acciones puntuales, sino que se integre de manera coherente en la cultura del centro. Un equipo formado puede promover entornos protectores, participativos y respetuosos con los derechos de la infancia. 

Para ello, la plataforma de centros referentes ofrece una formación asíncrona de alrededor de 10 horas de duración sobre educación en derechos de la infancia. La persona que representa al centro puede acceder a la formación y, además, gestionar y compartir el acceso a la misma para todos los profesionales del centro. Para ello, desde la sección de "formación" está habilitado un enlace para que cualquier persona que lo tenga pueda registrarse y realizar el curso. Esta formación es el tercer requisito de la convocatoria. 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el centro

El cuarto indicador de la convocatoria de centros referentes aborda cómo los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se integran en la vida del centro. La Agenda 2030 permite que el alumnado comprenda que lo que ocurre en el aula está profundamente conectado con lo que sucede en el mundo. Un centro que trabaja los ODS desde los derechos construye un puente entre el aprendizaje y los desafíos locales y globales.

La sostenibilidad, la igualdad, la salud o la justicia son cuestiones que afectan a la infancia aquí y ahora. Por eso, integrar los ODS implica que el alumnado se reconozca como agente de cambio y comprenda que su voz, sus decisiones y su creatividad pueden contribuir a mejorar su entorno. La escuela se convierte en un espacio donde se experimenta cómo es vivir de manera responsable, justa y sostenible. 

A través de este indicador queremos conocer las actividades que realiza el centro educativo en relación con la Agenda 2030, por ejemplo, actividades medioambientales o de reciclaje. Además, impulsamos que la comunidad educativa cuente con formación especializada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. De esta manera, cada vez más centros educativos cuentan con huertos escolares, donde no sólo se cultivan tomates o lechugas, sino que supone, sobre todo, un espacio de convivencia. A través del huerto escolar se trabaja la educación en derechos de infancia, promoviendo el conocimiento de los derechos las niñas, niños y adolescentes, la participación del alumnado en actividades del centro educativo, mejora el clima escolar y se impulsan entornos protectores para la infancia.

Inclusión de los derechos de la infancia en el currículo educativo

Incluir los derechos de la infancia en el currículo educativo significa que los derechos dejan de ser contenidos aislados y pasan a organizar la manera en que se enseña, se aprende y se convive en el centro. 

Cuando los derechos están presentes en proyectos, unidades didácticas, análisis de situaciones reales o propuestas de reflexión, el alumnado descubre que la igualdad, el buen trato, la convivencia o la participación se aprenden tanto como las matemáticas o la lengua. Son parte del aprendizaje esencial. 

La presencia curricular de los derechos permite que los derechos se encarnen en actividades, debates y experiencias que ayudan a las niñas, niños y adolescentes a interpretar situaciones de su propia vida escolar, comprendiendo qué valores están en juego en cada decisión. 

De esta manera, por ejemplo, en el CEIP Portus Blendium de Suances (Cantabria), la programación de tercero de educación primaria contempla, dentro de los contenidos de convivencia y valores sociales, "la igualdad de derechos y la no discriminación, los derechos del niño y la conservación del medio ambiente", entre otros contenidos. En el CP El Vallín, la programación didáctica de segundo ciclo de educación infantil incluye "conocer, valorar y respetar los derechos de la infancia". 

Diagnóstico de Conocimiento de los Derechos de la Infancia

El Diagnóstico sobre Conocimiento de los derechos de la Infancia (DICODI) permite saber qué sabe realmente el alumnado sobre sus derechos. Esta herramienta no examina, sino que revela. A través de situaciones reales o hipotéticas, el alumnado muestra cómo interpreta los derechos, que haría ante un conflicto, cómo reconoce una situación injusta o a quién acudiría si necesita ayuda. 

El DICODI ofrece una fotografía valiosa a nivel de aula, etapa y centro. Además, permite que la planificación educativa no se base en intuiciones, sino en evidencias. El análisis de los resultados ayuda a ajustar el PEC, la PGA y las programaciones para avanzar con más solidez y coherencia. 

En este vídeo te presentamos la herramienta del DICODI; podrás ver cómo llevarla a cabo y algunos de sus resultados. También tienes un manual en PDF.  El DICODI es un requisito indispensable para alcanzar el nivel 2 o superior del reconocimiento como "centro referente en educación en derechos de infancia". 

Adaptación para el primer ciclo de educación infantil. Dar a conocer los derechos de la infancia en la etapa 0-3 años implica crear experiencias cotidianas donde los derechos se vivan, se sientan y se experimenten. En esta etapa, la educación basada en derechos se expresa a través del clima emocional, las rutinas de cuidado, la organización de los espacios y la manera en que el personal docente acompaña las necesidades y emociones del alumnado. Por ello, desde UNICEF impulsamos que los materiales educativos del primer ciclo de educación infantil incluyan representaciones de los derechos de la infancia para que, de manera visual, los propios niños y niñas se vayan familiarizando con sus derechos.

 

 

Rol del profesorado como miembro de una ciudadanía local y global

El profesorado no solo enseña contenidos, sino que conecta la vida del aula con los retos del mundo. cuando comprende que su práctica está conectada con los retos del planeta, con la justicia social, con la participación democrática y con el bienestar de la infancia, su tarea adquiere otra dimensión. 

A través de debates, análisis de situaciones, proyectos vinculados al entorno, decisiones compartidas y conversaciones de aula, el profesorado ayuda al alumnado a situarse en una comunidad más amplia. Educar desde la ciudadanía local y global implica que cada niña, niño y adolescente pueda interpretar su realidad, comprenderla y sentirse capaz de transformarla. Para Ester González, del IES Ciudad de los Ángeles (Madrid), "el alumnado sabe mucho más de los derechos de la infancia desde que somos centro referente", también el profesorado y el equipo directivo: "todos somos muy conscientes de los derechos". 

También desde Madrid, Juan José Bueso, Jefe de Estudios del CEIP Cristóbal Colón, centro referente en derechos de infancia, nos hablaba sobre el rol del profesorado en momentos difíciles, como el relacionado con el impacto educativo de la guerra en Ucrania: "nuestro objetivo es que el centro sea un lugar cálido, seguro y protector para todos los alumnos", siendo necesario que "toda la comunidad educativa haga un ejercicio de empatía".

 

 

Ámbito 2. Entorno protector

Este ámbito se adentra en una de las responsabilidades más profundas y transformadoras de cualquier centro educativo: garantizar que cada niña, niño y adolescente pueda aprender, convivir y participar en condiciones de seguridad emocional, social, física y digital.

La protección no es un añadido ni un conjunto de protocolos burocráticos; se trata de una manera de organizar la vida escolar que reconoce que el bienestar no surge por casualidad, sino como consecuencia de prácticas conscientes, estables y compartidas. 

Este ámbito ayuda a comprender que un entorno protector no se construye reaccionando, sino, sobre todo, anticipándose. no vigila, acompaña. Crea las condiciones para que el daño no se produzca o para que, en caso de producirse, el centro actúe con rigor, sensibilidad y proporcionalidad. 

Un entorno protector se sostiene sobre pilares que se alimentan entre sí: el bienestar, el buen trato, la convivencia y la seguridad en el entorno digital. 

Cada indicador de este ámbito invita a revisar estos pilares y a preguntarse cómo se viven en la vida cotidiana del centro. En su conjunto, el ámbito de entorno protector permite comprender que la protección no es una tarea individual ni un documento archivado. Es una cultura. Una forma de estar, de mirar y de acompañar. Implica organizar espacios, tiempos y relaciones de manera que cada niña, niño y adolescente sienta que la escuela es un lugar donde puede ser, expresarse, equivocarse, pedir ayuda y estar seguro. 

Este segundo ámbito cuenta con tres requisitos. El primero es la existencia de un análisis de riesgos en el centro educativo, el segundo aborda los mecanismos de protección frente al acoso y, el tercero, profundiza en los mecanismos de prevención frente al abuso y las agresiones sexuales. 

Análisis de riesgo

Realizar un análisis de riesgos es una de las acciones clave dentro del ámbito del entorno protector. Este documento permite observar el centro con una mirada preventiva, abierta, atenta y honesta. no se trata de identificar culpables, sino de detectar espacios, momentos y dinámicas en los que el alumnado pueda sentirse vulnerable. 

Un patio con zonas ciegas, un pasillo sin supervisión, una dinámica del aula que deje fuera a una parte del grupo o un uso poco acompañado de los dispositivos digitales son ejemplos de aspectos que el análisis de riesgos puede revelar. Cuando un centro realiza y actualiza este diagnóstico, gana claridad para organizar su entorno desde el cuidado y la seguridad. 

El análisis de riesgo orienta las decisiones, impulsa medidas preventivas y se convierte en una herramienta que da coherencia a la intervención en situaciones sensibles. A la hora de realizar este análisis se deben tener en cuenta diferentes situaciones y contextos, algunos de los cuales se desarrollan en este documento para la protección de la infancia en el ámbito escolar. Este es el cuarto requisito de la convocatoria. 

 

Formación e información sobre protección y bienestar

La protección no se sostiene únicamente en los espacios, sino también en las personas. Por eso es imprescindible que la comunidad educativa conozca la figura del coordinador/a de bienestar y protección y comprenda su función. 

La formación y la información son claves para que los grupos que componen la comunidad educativa -equipo directivo, profesorado, familias, alumnado y personal no docente- sepan identificar las señales de riesgo, reducir la vulnerabilidad y actuar con serenidad y criterio ante cualquier situación. Cuando el centro ofrece a cada grupo sesiones adaptadas a su rol, contexto y realidad, está generando una red de protección compartida que ofrece seguridad tanto al alumnado como a quienes lo acompañan. 

Para conseguir entornos protectores es vital que toda la comunidad educativa haya recibido formación e información sobre protección a la infancia. La prevención primaria, es decir, evitar o reducir los riesgos, es clave para lograr entornos protectores, de esta forma, el coordinador o coordinadora de bienestar y protección del centro, junto a la a dirección y otras figuras del colegio, ha de proporcionar información y formación a través de jornadas, charlas o sesiones informativas adaptadas a cada grupo y en función del análisis de riesgo que ha elaborado. 

Protección frente al acoso escolar

Un entorno protector requiere mecanismos claros para prevenir el acoso escolar. Estos mecanismos van más allá de contar con un protocolo escrito: implican organizar el día a día de forma que la prevención sea real y constante. 

La observación activa del profesorado, la existencia de canales para pedir ayuda, la presencia adulta en momentos sensibles y la creación de espacios de convivencia seguros hacen que el alumnado perciba que su bienestar importa. Cuando el centro dispone de procedimientos accesibles, conocidos y coherentes, y cuando estos se aplican con regularidad, la comunidad educativa siente que no está sola ante un conflicto, sino que existe un sistema que la sostiene. 

Por ello, a educación en derechos de infancia impulsa la adopción de medidas normativas, organizativas y educativas para garantizar la protección de la infancia frente al maltrato, el acoso y el abuso y las agresiones sexuales, entre otros factores. Para ello, es necesario que toda la comunidad educativa conozca los protocolos y mecanismos de protección. En este sentido, centros educativos como el CEIP Luis Calandre de Cartagena (Murcia) realiza un proyecto en el centro colocando frases de rechazo al acoso escolar realizadas por el alumnado del propio centro. Estas frases están ubicadas en las paredes de los baños, pasillos, aulas y entradas.  Contar con un protocolo frente al acoso escolar es el quinto requisito de la convocatoria. 

Protección frente al abuso y las agresiones sexuales

El ámbito protector se amplía al abordar la prevención del abuso y las agresiones sexuales. Esto exige un enfoque especialmente cuidadoso, porque implica reconocer que la vulnerabilidad puede surgir en los entornos más cotidianos. Un centro comprometido revisa sus dinámicas, organiza supervisiones adecuadas, garantiza rutas seguras de ayuda y establece criterios claros para actuar ante cualquier sospecha o señal.

La protección debe ser un marco estable, no una respuesta improvisada. Cuando el alumnado sabe cómo pedir ayuda y a quién acudir, cuando siente que su palabra es escuchada con respeto y que no será expuesto ni revictimizado, la escuela se convierte en un entorno donde la convivencia, el buen trato y el bienestar es práctica cotidiana. 

Así, la educación en derechos de infancia impulsa la adopción de medidas normativas, organizativas y educativas para garantizar la protección de la infancia frente al maltrato, el acoso y el abuso y las agresiones sexuales, entre otros factores. Para ello, es necesario que toda la comunidad educativa conozca los protocolos y mecanismos de protección

Saber qué protocolo activar, las personas responsables de hacerlo y, sobre todo, las actividades que se pueden realizar durante el curso para fomentar un ambiente protector y reducir los riesgos es un requisito para convertirse en centro referente en educación en derechos de infancia. 

Tener un protocolo frente al abuso y las agresiones sexuales, dándolo además a conocer a través de actividades de prevención es el sexto requisito de la convocatoria. 

Prevención de las manifestaciones de odio y discriminación

El compromiso con la no discriminación también forma parte esencial del entorno protector. Prevenir las manifestaciones de odio, discriminación y exclusión no significa reaccionar cuando ya han ocurrido, sino actuar previamente para que ninguna característica personal -cultural, lingüística, funcional, emocional o social, entre otras- se convierta en una barrera. La observación atenta del clima escolar, la revisión de dinámicas que pueden perpetuar desigualdades y la creación de espacios donde las diferencias se reconozcan y se expliquen sin estigma permiten que el centro sea realmente inclusivo. Cuando el centro analiza quién queda fuera, quién participa menos y qué prácticas pueden generar malestar, está ejerciendo una forma de protección tan importante como cualquier protocolo. 

Uno de los pilares de la educación en derechos de infancia y ciudadanía global es garantizar la protección frente a cualquier tipo de discriminación por motivos de raza, cultura, religión, origen, idioma, sexo o de cualquier otra índole. En el Colegio Apostólico San José de Iruña de Oca el alumnado de 2º de la E.S.O lleva a cabo el proyecto multidisciplinar llamado "Camino al Bien-Estar", desde el cual se refuerzan las emociones y se trabajan temas como la xenofobia, el racismo, sexismo o la homofobia, entre otros aspectos. Al final de la tercera evaluación, el alumnado debe componer una canción que haga referencia a la prevención de cualquier manifestación de odio o discriminación. 

Cada vez son más los centros de educación primaria que solicitan la visita de la Unidad de Participación Ciudadanía de la Policía Nacional para realizar la actividad de "El Club de los Secretos", una iniciativa de UNICEF y la Policía Nacional para impulsar los entornos protectores de la infancia en el ámbito educativo. 

Políticas de control de acceso

El control de accesos forma parte de la arquitectura básica de un entorno protector, porque determina quién puede entrar, transitar y permanecer en el centro, y en qué condiciones. 

Este aspectos, que puede parecer puramente logístico, tiene un impacto directo en la seguridad y en la confianza de la comunidad educativa. Saber quién entra en el centro, en qué circunstancias y con qué criterios permite anticiparse a situaciones de riesgo y crea un entorno más estable para el alumnado. 

La claridad en los procedimientos de accesos, llegada y salidas, la identificación de personas externas y la supervisión de espacios sensibles ayudan a que la vida cotidiana se desarrolle sin sobresaltos y refuerzan la sensación de pertenencia y protección. 

Los planes de emergencia son claves para gestionar las situaciones no frecuentes que pueden suceder o impactar en el centro educativo, como sucedió con la emergencia educativa derivada del COVID-19 o la erupción del volcán de La Palma. Por ejemplo, la Escuela Infantil el Bosque Encantado de Madrid cuenta con un documento de medidas de emergencia y evacuación del centro, así como con un protocolo de incorporación de alumnas y alumnos. 

Desde Baleares, la Escuela Infantil Es Fameliar cuenta con un protocolo que establece las políticas de control de acceso al centro educativo. De la misma manera, el Colegio Marista Champagnat de Salamanca cuenta con protocolo de acceso al centro donde se establecen los horarios para el acceso, así como las puertas de entrada y de salida

Formación específica del profesorado en protección

El profesorado tiene un papel fundamental en la creación de entornos protectores para la infancia, especialmente a través de la formación específica en protección. Esta formación permite que cada profesional cuente con criterios comunes para reconocer señales tempranas, acompañar emociones, ajustar dinámicas del aula o activar rutas de ayuda. 

Un centro educativo donde la mayoría del profesorado está formado en protección y bienestar se convierte en un espacio más seguro, porque las decisiones no dependen de intuiciones individuales, sino de un marco compartido que orienta la intervención. 

Sin duda, el coordinador o coordinadora de bienestar y protección a la infancia en los centros educativos tiene un rol fundamental para construir entornos protectores para cada niña, niño y adolescente, facilitando el aprendizaje y el bienestar físico y psicológico del alumnado, interviniendo además ante cualquier situación de riesgo o amenaza. Una de sus principales tareas se centra en evitar los factores de riesgo, educar en el buen trato y crear hábitos de interrelación interpersonal saludables (prevención primaria), así como identificar y gestionar los estados precoces de los conflictos e impedir su progresión violenta (prevención secundaria) y, cuando el conflicto escala, evitar el agravamiento de las secuelas que sufren las víctimas (prevención terciaria). 

El documento "Estándares mínimos para el ejercicio de la función de coordinación de bienestar y protección en centros educativos" representa una herramienta práctica que busca orientar y acompañar a las administraciones educativas en este sentido.

Actividades educativas 

El entorno protector también se expresa en las actividades educativas vinculadas al bienestar físico, emocional, social y digital. la promoción de hábitos saludables, la educación vial, la prevención de consumos y adicciones o la existencia de espacios de calma, entre otros, no son actividades decorativas, sino estrategias educativas que fortalecen la seguridad interna y la regulación emocional del alumnado. Una comunidad educativa que incorpora estas acciones de forma regular transmite que el bienestar es una prioridad educativa y no un aspecto periférico. 

  • Hábitos de alimentación saludables

Con el propósito de construir entornos protectores para la infancia, los centros educativos realizan diferentes actividades educativas de prevención a lo largo de todo el curso escolar, adaptándolas a cada grupo y etapa educativa. Por ejemplo, en la Escuela Infantil la Cantera de Tierz, dentro de su proyecto curricular, hace referencia explícita a la alimentación debido a su importancia en el desarrollo psicofísico de la infancia. Desde esta escuela aragonesa se fomenta la adquisición de hábitos saludables trabajando en diferentes vías, como la formación a las familias sobre alimentación, la importancia de probar y manipular alimentos desde muy temprana edad o la elaboración diaria de menús nutritivos y equilibrados en la escuela

  • Prevención del tabaquismo, consumo de alcohol y drogodependencias

Prevenir adicciones supone diseñar intervenciones específicas para la acción tutorial, desarrollando de esta manera actividades que permitan a la comunidad escolar la expresión de las actividades favorables al cuidado de la salud y el rechazo al consumo de sustancias nocivas. En este sentido, muchos centros educativos reciben charlas y formación sobre el asunto. En el Centro Cultural Vallisoletano, por ejemplo, sus estudiantes reciben formación en la asignatura de Biología y Geología de 3º de la E.S.O. recogida en la programación didáctica de la materia. 

  • Educación vial

Impulsar actividades de educación vial es clave para prevenir accidentes y estar alerta en los diferentes desplazamientos por el municipio. En este sentido, los centros educativos realizan múltiples y diferentes actividades para reforzar la educación vial de su alumnado. Por ejemplo, el alumnado del CEIP Las Gaunas de 5º y 6º de primaria participa en el programa del Parque Infantil de Tráfico del Ayuntamiento de Logroño. Por su parte, el alumnado de primaria del Colegio Berrio Otxoa recibe clases de educación vial disfrutando de la Ría de Bilbao. 

Desde Mairena de Aljarafe (Sevilla), el alumnado del CEIP Malala realiza una campaña de seguridad vial, instalando además cartelería sobre seguridad vial en el centro y sus alrededores. 

Derechos digitales de la infancia

Las políticas y acciones relacionadas con la educación en el ámbito digital merecen una atención creciente. El uso responsable de la tecnología, la protección de la privacidad, la prevención del ciberacoso y la comprensión de los riesgos emocionales asociados a la vida en línea se han convertido en una dimensión esencial de protección. Cuando un centro integra estos temas en sus proyectos, programaciones y protocolos, el alumnado aprende a habitar lo digital de manera consciente, responsable y segura. La escuela, en este sentido, se convierte en un acompañamiento imprescindible para navegar un mundo hiperconectado.

El uso seguro de Internet conlleva una responsabilidad que se va adquiriendo a través del conocimiento, el desarrollo de habilidades y de la construcción de una postura ética que permita a niñas, niños y adolescentes relacionarse en el espacio digital como en cualquier otro ámbito de sus vidas. 

La Lomloe establece la necesidad de contar con un plan digital en los centros educativos: "las administraciones educativas deberán establecer las condiciones que hagan posible la eliminación en el ámbito escolar de las situaciones de riesgo derivadas de la inadecuada utilización de las TIC, con especial atención a las situaciones de violencia en la red. Se fomentará la confianza y seguridad en el uso de las tecnologías, prestando especial atención a la desaparición de estereotipos de género que dificultan la adquisición de competencias digitales en condiciones de igualdad".

Tanto el Ministerio de Educación y Formación Profesional, como las diferentes consejerías de Educación como Canarias Castilla La Mancha han elaborado guías y orientaciones para elaborar el plan digital del centro. Los derechos de la infancia deben estar incluidos de manera expresa en el plan digital del centro.

En el CEIP Cristóbal Colón de Villaverde (Madrid) son conscientes de los riesgos y oportunidades de la tecnología y, por ello, realizan diferentes actividades relacionadas con los derechos digitales de la infancia, como la actividad "Controla tu red- Prevención del uso del móvil", un proyecto educativo que busca concienciar al alumnado para que adquieran hábitos adecuados y saludables en el uso controlado y seguro de las TIC. Además, desde el centro se proporciona información y recursos a las familias y profesorado para prevenir los riesgos de la tecnología. Junto a ello, desde el centro se impulsa la Escuela TIC de madres y padres, desde la cual se organizan varias actividades.

 

Ámbito 3. Participación infantil y adolescente

La participación infantil y adolescente es uno de los pilares más transformadores de la educación en derechos de la infancia. Supone reconocer que la opinión de las niñas, niños y adolescentes no es un complemento, ni una cortesía, ni una actividad puntual, sino un derecho que ordena la vida escolar y que cambia profundamente la forma de convivir, de aprender y de tomar decisiones dentro del centro educativo. 

Fomentar la participación significa impulsar la escuela como un espacio donde la infancia tiene un lugar legítimo para pensar, opinar, proponer, analizar, debatir y, sobre todo, influir. La participación, en definitiva, vertebra la escuela. 

Comprender este ámbito implica reconocer que participar no es hacer actividades divertidas ni votar opciones superficiales, sino formar parte real de los procesos que afectan e interesan al alumnado. La participación requiere información clara, espacios seguros, tiempos adecuados y un entorno donde cada niña, niño y adolescente sienta que puede expresarse sin miedo y con la confianza de que su aportación será tomada en consideración. Cuando el centro se organiza para que esa experiencia sea posible, está educando en ciudadanía democrática y está construyendo un aprendizaje que ninguna asignatura puede ofrecer por separado. 

Este ámbito no busca hacer más actividades, sino que el centro organice su vida cotidiana para que la opinión del alumnado forme parte de las decisiones que le afectan. Participar es aprender a convivir, a escuchar, a argumentar, a influir y a comprender que la democracia crece cuando se practica desde la infancia. 

Desde UNICEF España te presentamos una guía para abordar la participación escolar desde una doble vertiente: tanto como un derecho fundamental como una herramienta de organización de la vida escolar. 

Un centro que avanza en este ámbito descubre que la participación no solo mejora la convivencia y fortalece los vínculos, sino que transforma la manera de aprender y de habitar la escuela. Cuando la participación se convierte en cultural, impulsa escuelas donde las niñas, niños y adolescente sienten que su palabra importa, que su mirada cuenta y que su presencia tiene valor real. 

Este ámbito cuenta con seis indicadores, de los cuales uno es requisito para poder obtener, mejorar o renovar el reconocimiento como centro referente en educación en derechos de la infancia. De esta forma, el programa promueve la realización del termómetro de participación con el propósito de mejorar y profundizar en los mecanismos que fomentan e impulsan la opinión y la voz del alumnado en las decisiones del centro. 

Mecanismos de participación infantil y adolescente en el centro

El primer gran pilar de este ámbito es la existencia de mecanismos que fomenten la participación infantil y adolescente. Estos mecanismos no son estructuras simbólicas ni espacios vacíos: son oportunidades reales para que el alumnado piense sobre la vida del centro, proponga mejoras, analice situaciones y vea cómo su voz desencadena cambios. 

La participación se vuelve significativa cuando se combinan cuatro elementos esenciales: un espacio adecuado, la posibilidad de expresar la voz del alumnado, la existencia de una audiencia que escucha y un nivel real de influencia. Cuando estos elementos están presentes, la participación deja de ser una inspiración teórica y se convierte en práctica diaria. 

Para ello, el programa de Educación en Derechos de la Infancia de UNICEF España ofrece, dentro de la página web de centros referentes, un termómetro de participación. Se trata de una herramienta que permite que cada alumna y alumno valora, de forma individual, anónima y sencilla, cómo está viviendo la participación en el aula o centro, contribuyendo a conocer cómo se percibe la participación, identificar puntos fuertes y áreas de mejora y, además, orientar acciones concretas para avanzar hacia una participación más plena y basada en derechos. Se trata del séptimo requisito de la convocatoria. 

Adaptación del indicador para educación infantil. Para esta etapa educativa, el reconocimiento como centro referente en educación en derechos de la infancia busca conocer cómo las niñas y niños más pequeños expresan deseos, emociones, preferencias o necesidades. Los elementos que componen la participación (espacio, voz, audiencia e influencia) permiten analizar si el alumnado dispone de oportunidades reales para expresarse, si su expresión es escuchada y si produce cambios visibles en la vida diaria del aula y del centro. 

 

Involucración del alumnado

La participación adquiere una dimensión especial cuando se vincula a la conmemoración del Día Mundial de la Infancia y de otras fechas relevantes. Un centro que involucra al alumnado en estas celebraciones consigue que estas fechas no sean actos preparados exclusivamente por el profesorado, sino procesos donde el alumnado analiza el sentido de cada conmemoración, propone qué hacer, diseña actividades, expresa su opinión y visión y recibe una devolución clara por parte del centro. 

La actividad importa tanto como la vivencia de la democracia, de pertenencia y de responsabilidad colectiva. En estas fechas, el alumnado descubre que su palabra tiene valor y que los derechos se comprenden mejor cuando se ejercen. Las niñas, niños y adolescentes del centro tienen un papel activo en la conmemoración de esta fecha, impulsando campañas, actividades y acciones que pongan en valor sus derechos. 

Actividades de educación ambiental

La educación ambiental es un terreno fértil para la participación. Cuando el centro invita al alumnado a observar el entorno, plantear problemas, buscar soluciones, tomar decisiones y actuar en relación con el uso de los espacios comunes, el cuidado del medio ambiente, la gestión de residuos o el diseño de proyectos de sostenibilidad, la participación se vuelve una experiencia tangible. 

El alumnado aprende y practica la sostenibilidad en la vida cotidiana del centro. Y, al hacerlo, fortalece habilidades de diálogo, pensamiento crítico, corresponsabilidad y liderazgo positivo. Participar en cuestiones ambientales permite descubrir que sus acciones tienen impacto en la comunidad. 

Cada vez son más los centros que realizan actividades de educación ambiental durante el curso escolar en las diferentes etapas educativas, adaptadas a la edad y grado de desarrollo del alumnado. Conocer el entorno, la naturaleza y el medio ambiente aumenta el compromiso de las personas por la sostenibilidad ambiental.

A través de la educación ambiental se fomentan hábitos de vida saludables y sostenibles, para ello es necesario que las niñas, niños y adolescentes del centro educativo cuenten con espacios donde puedan proponer y llevar a la práctica ideas y propuestas concretas que mejoren el entorno y la sostenibilidad ambiental para hacer frente a la crisis climática. A través de la participación y la educación ambiental se pueden incentivar acciones que generen estilos de vida más sostenibles. Por ejemplo, el alumnado del Colegio ISCAT la Garriga, centro referente en educación en derechos de infancia, realiza excursiones al bosque para explorar y comprender el entorno natural, fomentando asimismo entornos protectores para la infancia desde las relaciones personales. Desde Murcia, el CEIP La Arboleda, también centro referente cuenta con su huerto escolar donde el alumnado planta lechuga, apio o coliflor, pero, sobre todo, siembra un mundo más sostenible. 

Desde Andalucía, en la Escuela Infantil Luis Siret de Cuevas del Almanzora, su alumnado aprende sobre el reciclaje, identificando los diferentes objetos con su contenedor de reciclaje. Además, este centro cuenta con su propio huerto ecológico donde el alumnado está en contacto con la tierra, las semillas y el agua.  

Actividades impulsadas por el alumnado para la promoción de los derechos

Otra forma de participación significativa ocurre cuando las actividades para promover los derechos de la infancia nacen directamente de las niñas, niños y adolescentes del centro.

Cuando el alumnado identifica una necesidad, propone una idea, organiza una campaña, elabora mensajes o diseña acciones para sensibilizar sobre la igualdad, el buen trato, la convivencia o cualquier otro ámbito, el centro descubre que la participación liderada por la infancia es uno de los aprendizajes más poderosos. La autonomía crece, la motivación se multiplica y la comprensión de los derechos se vuelve más profunda porque no se limita a repetir definiciones, sino que se transforma en acción. 

Los derechos de la infancia se viven de manera cotidiana a través de acciones concretas, pero siempre es necesario promocionarlos y protegerlos. De esta manera, las niñas, niños y adolescentes tienen un papel fundamental como defensores de los derechos, de sus propios derechos. Para ello es importante conocerlos y, así, exigir su cumplimiento tanto a nivel local como global. Por ejemplo, el alumnado de 5º de primaria del CEIP Nuestra Señora de la Esperanza (Calasparra, Murcia), centro referente en derechos de infancia, ha elaborado un manifiesto donde se establece que "el respeto a los derechos de la infancia es necesario para que todos (incluidos los adultos" vivamos mejor". Desde Asturias, en la Escuela de Educación Infantil El Texu, tanto el alumnado como el profesorado de este centro referente acudió al centro en pijama "para reivindicar el derecho a todo niño y niña a crecer en una familia". 

Por su parte, desde Euskadi, el Colegio Maristak Durango, también referente en educación en derechos de infancia, ha aprovechado el Día Mundial de la Infancia para promocionar los derechos de la infancia a través de la "semana de los derechos de la infancia" en el centro. De esta forma, "el alumnado ha escrito y pegado en la entrada del patio el compromiso del derecho de los niños a vivir en paz y han escrito y leído un manifiesto a favor de ello". 

Existencia de estructuras de participación infantil y adolescente

Para que la participación tenga continuidad, los centros requieren estructuras estables, seguras y accesibles. Las asambleas, los grupos de delegados, las comisiones, los equipos de ayuda o cualquier otro espacio diseñado con intención pedagógica ofrecen al alumnado un lugar real donde construir acuerdos, debatir temas relevantes para la vida escolar y recibir siempre una devolución por parte del centro. 

Cuando estas estructuras funcionan con claridad, normas compartidas y regularidad, la infancia aprende que participar implica responsabilidades, escucha, toma de decisiones y convivencia democrática cotidiana. 

La participación también busca promover el derecho a disfrutar del juego y de las actividades recreativas propias de acuerdo a la edad y grado de desarrollo, así como a participar en la vida cultural, las artes y el medio ambiente. De esta manera, las alumnas y alumnos que estudian en centros referentes en educación en derechos de infancia se involucran en diferentes actividades de su entorno. 

En el CEIP Barranco Cafetero de Villarrobledo (Albacete), sus estudiantes dispone de un espacio denominado Chat Corner, desde donde pueden organizarse y proponer diferentes actividades para realizar en el centro educativo. Por su parte, el CEIP Donoso Cortes de Badajoz, el alumnado de los cursos superiores se organiza para ser alumnado acompañante cuando se realiza, por ejemplo, una salida del centro. Asimismo, en este centro existe un grupo de alumnos y alumnas que se organizan para facilitar la convivencia en el patio y evitar conflictos. 

Consejo de participación

El mayor nivel de madurez participativa se alcanza cuando el centro cuenta con un consejo de participación infantil y adolescente. Este consejo no es un adorno ni un símbolo institucional: es un órgano real de análisis, debate, propuesta y seguimiento. Allí el alumnado se encuentra con otros iguales para abordar necesidades del centro, plantear ideas, formular propuestas y recibir información clara sobre lo que se hará con sus aportaciones. 

Cuando el consejo de participación está activo, es diverso y bien acompañado, demuestra que la participación de las niñas, niños y adolescentes no es un gesto, sino que representa un compromiso institucional profundo. Un consejo que funciona transforma la vida del centro porque convierte la opinión del alumnado en un elemento estructural de la organización escolar. 

Por ello, es especialmente importante que las escuelas cuenten con espacios y mecanismos que fomenten la participación del alumnado en las decisiones y la vida del colegio. Por ejemplo, como en el caso del CEIP Bernardo Gurdiel de Grado (Asturias), a través del programa aulas democráticas, proporcionando mecanismos e instrumentos formales de participación. 

A través de la creación de un consejo de participación infantil y/o adolescente en el centro se pueden impulsar mecanismos reales de participación y representación infantil, creando espacios de intercambio y debate que redundan en la mejora del centro a través de los derechos de la infancia. 

Ámbito 4. Clima escolar

El ámbito cuatro nos recuerda que una escuela no es únicamente un lugar donde se enseña, sino un espacio donde una comunidad entera aprende a convivir, a cuidarse y a trabajar unida por el bienestar de su infancia. 

La comunidad educativa es el tejido que sostiene al centro, la red que conecta al profesorado, a las familias, al alumnado, al equipo directivo y al personal no docente. Cuando esta red comparte criterios, valores y un lenguaje común basado en los derechos de la infancia, la escuela se convierte en un entorno donde la protección, la participación y el aprendizaje encuentran una comunidad natural. 

Comprender este ámbito es entender que ninguna transformación educativa es posible sin implicación colectiva. Lo que ocurre dentro del aula no puede prosperar si no está acompañado por el compromiso del centro, la participación de las familias, la coordinación con agentes externos y una cultura escolar que mira más allá de las paredes del centro. 

Los derechos de la infancia se consolidan cuando el centro actúa como comunidad: cuando cada grupo sabe qué papel tiene, cómo contribuir y cómo colaborar para que cada niña y niño se sienta seguro, escuchado y acompañado. Este ámbito muestra cómo esa comunidad se organiza, se evalúa, se comunica y se compromete con acciones que fortalecen la vida escolar. 

Este ámbito muestra que la comunidad educativa es el corazón de la educación en derechos de la infancia. Allí donde familias, profesorado, alumnado y personal del centro actúan de manera conjunta, los derechos dejan de ser teoría para convertirse en vida escolar. Allí donde la comunicación es clara, la reflexión es compartida y la participación es real, el centro se convierte en una comunidad que acompaña, protege y reconoce a cada niña, niño y adolescente como protagonista de su propio proceso educativo. 

El ámbito de la comunidad educativa cuenta con ocho indicadores, de los cuales dos son requisitos de la convocatoria. El primero de ellos es la realización de una autoevaluación institucional en derechos de la infancia, mientras que el segundo se deriva de este ejercicio; se trata de la elaboración del plan de acción que permita profundizar en los derechos de la infancia. 

Autoevaluación institucional en derechos de infancia

La autoevaluación institucional permite al centro comprender su situación real respecto a los derechos de la infancia, identificar fortalezas, necesidades de mejora y orientar los procesos de cambio.

Este proceso es mucho más que un cuestionario, supone una oportunidad para que los diferentes grupos del centro (equipo directivo, personal docente, familias, alumnado y personal de administración y servicios) puedan reflexionar de manera conjunta, analicen sus prácticas, identifiquen fortalezas y áreas de mejora y comprendan el camino que han recorrido y el que aún deben recorrer. 

La autoevaluación convierte la mirada sobre los derechos en una conversación compartida. Cuando el equipo directivo, profesorado, familias, alumnado y personal de administración y servicios participan en este ejercicio, el centro obtiene una visión profunda de su realidad y, además, genera el consenso necesario para avanzar. La autoevaluación es un espejo colectivo que impulsa cambios reales porque nace del diálogo y de la reflexión conjunta. Se trata del octavo requisito de la convocatoria. 

 

Plan de acción

De la autoevaluación surge el plan de acción institucional, que transforma la reflexión en una hoja de ruta concreta. El plan de acción no es un documento burocrático, sino la expresión de un compromiso profundo del centro con la educación en derechos de la infancia. 

El plan de acción permite organizar prioridades, establecer medidas reales, fijar responsabilidades y crear un horizonte común para los próximos cursos escolares. cuando el plan se construye a partir de la autoevaluación y se fundamenta en la experiencia de todos los grupos, el centro gana claridad y cohesión.

De esta forma, el plan de acción permite que la comunidad educativa vea como la educación en derechos se convierte en un proyecto compartido y sostenible, no en iniciativas aisladas que dependen de personas concretas o momentos puntuales. 

El plan de acción es el noveno requisito de la convocatoria. 

Comunicación con las familias. 

La relación entre el centro educativo y las familias es un pilar fundamental de la educación en derechos de la infancia. Las familias necesitan comprender el sentido pedagógico del trabajo del centro en derechos, saber qué se está haciendo y por qué, conocer los criterios que orientan la convivencia, la participación y el bienestar, y sentirse parte del proceso educativo.

Un centro que informa de manera clara, estable y accesible, está creando puentes de confianza que fortalecen la protección y reducen el ruido y los malentendidos. Cuando las familias participan en actividades, reciben materiales adaptados, asisten a reuniones temáticas o dialogan sobre decisiones o proyectos, la comunidad educativa se amplía y el alumnado recibe un mensaje poderoso: la escuela y la familia trabajan en la misma dirección. 

En este sentido, los centros referentes en educación en derechos de infancia promueven acciones para conseguir la implicación de las familias en el centro, buscando su colaboración en diferentes niveles. Para lograrlo, es vital que las familias estén informadas de lo que sucede en el centro y se puedan involucrar. 

Promoción del bienestar físico, mental, social, emocional y digital

El bienestar es una condición para aprender, convivir y participar. Este ámbito de la educación en derechos de la infancia busca profundizar en las acciones realizadas para promover el bienestar físico, emocional, social y digital del alumnado. 

Actividades educativas relacionadas con la salud, la convivencia, las emociones, la igualdad, el uso seguro y responsable de Internet o la dinamización de los espacios comunes, por ejemplo, son expresiones concretas de cómo la comunidad educativa protege al alumnado. 

Los centros educativos tienen un importante rol que desempeñar en la protección y desarrollo de la salud mental del alumnado, siendo una labor complementaria al trabajo que desempeñan otras instituciones y agentes. En este sentido, desde UNICEF elaboramos un documento con algunas ideas para trabajar la salud mental en las aulas a través de los derechos de infancia

Cuando estas acciones se realizan con continuidad, enfoque preventivo y participación del alumnado, la escuela se convierte en un entorno donde los cuidados se integran en la vida cotidiana. La comunidad educativa mejora la convivencia y aprende a mirar el bienestar como una responsabilidad compartida. 

El Colegio San Gregorio de Aguilar de Campoó (Palencia) cuenta con un programa de radio llamado "La voz del cole", desde donde abordan diferentes temáticas que afectan e interesan tanto al alumnado como a la comunidad educativa, permitiendo "conocer la realidad del centro escolar con mucha más profundidad" dice su presentadora y profesora del centro, Sandra Ibáñez.

Actividades solidarias

Las campañas y acciones solidarias están presentes en la educación en derechos de la infancia. La solidaridad se entiende como una experiencia educativa que permite conectar al alumnado con causas locales y globales, comprender desigualdades, analizar problemas reales y actuar para mejorar el entorno. 

Cuanto estas acciones están vinculadas a los derechos de la infancia y forman parte del currículo, el alumnado descubre que la empatía, el compromiso y la justicia social se practican a diario. La comunidad educativa aprende a mirarse en relación con su entorno, a colaborar con entidades externas y a construir redes de apoyo que refuerzan la cultura de derechos. 

Durante el curso escolar, muchos centros educativos organizan actividades solidarias que ponen en valor el compromiso de la comunidad escolar con los derechos de la infancia a nivel local y global. Recogida de alimentos o de ropa para ayudar a colectivos locales, actividades solidarias como chocolatadas o, en algunos centros, acciones que combinan el deporte y la solidaridad con el propósito de movilizar fondos para la infancia más vulnerable. 

Estudios y actividades impulsados por UNICEF

La participación de la comunidad educativa en actividades y estudios propuestos por UNICEF España es otro de los grandes motores de este ámbito de la educación. Estas propuestas permiten que el centro se conecte con una red más amplia, comparta experiencias, contraste prácticas y forme parte de iniciativas que transcienden su realidad local. 

Participar en procesos de consulta, acciones educativas, estudios o actividades impulsadas por UNICEF España amplía la mirada del centro y fortalece su compromiso con la protección y la promoción de los derechos de la infancia. Esta participación convierte la educación en derechos de la infancia en un proyecto vivo, en un diálogo abierto con otras comunidades educativas. 

Promoción del programa de "Centros Referentes" 

Participar como Centro Referente en Educación en Derechos de la Infancia implica que el centro se integra en una red de trabajo compartido, compromisos éticos y prácticas sostenidas que fortalecen toda la comunidad educativa. 

De esta forma, compartir buenas prácticas, colaborar con UNICEF España, mantener la cultura de derechos y fomentar la participación infantil convierte al centro en un referente para su entorno. Las personas que forman parte de esta comunidad escolar asumen que cuidar, proteger y escuchar al alumnado es una responsabilidad colectiva que se renueva a diario. 

 

Otras acciones y actividades relacionadas con los derechos de la infancia

La educación en derechos de la infancia promueve la curiosidad y el intercambio constante. Para ello, es importante que el centro visibilice todo aquello que hace con relación a los derechos de la infancia. 

La educación en derechos es un marco amplio que incluye múltiples dimensiones: buen trato, participación, protección, sostenibilidad, convivencia, ciudadanía democrática, inclusión, bienestar, redes de derechos y compromiso con la comunidad. En este indicador promovemos que los centros compartan proyectos innovadores, metodologías participativas, acciones comunitarias, alianzas externas, iniciativas impulsadas por el alumnado, campañas propias, espacios de diálogo, actividades de acogida, prácticas restaurativas, programas de bienestar o acciones de transformación del entorno, entre otras cuestiones. Así, por ejemplo, sabemos que, en Baleares, algunos superhéroes llevan pañales

Actividad para celebrar el Día Mundial de la Infancia
¡Somos infancia!

Este 20 de noviembre, Día Mundial de la Infancia, queremos proponer una reflexión sobre lo que significa la infancia y la adolescencia: qué nos preocupa, que valoramos más, qué queremos reivindicar desde las aulas... ¿Te sumas?   

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Un grupo de niños y niñas alzan la mano para participar en una clase al aire libre