Terremoto en Ecuador

1 año después del terremoto, las consecuencias para la infancia perduran

Un devastador terremoto de 7,8 grados asoló Ecuador el 16 de abril de 2016, dejando más de 250.000 niños afectados y 663 víctimas mortales.

Aún hay más de 4.800 personas viviendo en albergues improvisados, sin condiciones adecuadas de agua y saneamiento. Además, los servicios locales de protección especial necesitan ser fortalecidos, y muchos niños todavía precisan ayuda para superar el miedo que les impide asistir a la escuela desde el terremoto.

La respuesta a las necesidades de la infancia empezó inmediatamente y dos meses después del desastre se habían rehabilitado las carreteras y reparado la red eléctrica y de comunicaciones en la mayor parte de las zonas afectadas. Sin embargo, las necesidades básicas en las zonas rurales están lejos de cubrirse.

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Emergencia en Ecuador

 

“El día del terremoto fue horrible, donde estábamos mi familia y yo parecía que todo se iba a caer”

 

- Micaela, niña de 12 años

A pesar de los prolongados efectos del terremoto, Micaela desea calma y tranquilidad para todos. Ella también desea volver pronto a la escuela porque no quiere perder el curso.

Las secuelas del terremoto dejaron a los niños ecuatorianos en una situación muy complicada:

  • Daños en infraestructuras: casi 30.000 edificios destruidos, incluyendo hogares y edificios públicos. Más de la mitad estaban en la zona rural.
  • Acceso a la salud: 50 centros de salud u hospitales destruidos o gravemente dañados.
  • Educación interrumpida: El terremoto causó graves daños en 560 escuelas, dejando a 120.000 niños sin poder ir a clase.
  • Riesgo de enfermedades y desnutrición: Como consecuencia de un sistema de saneamiento prácticamente inexistente en las zonas afectadas.

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Después del terremoto, las consecuencias para la infancia perduran

1 año después del terremoto, las consecuencias para la infancia perduran

Más de 4.800 personas siguen viviendo en albergues improvisados, sin condiciones adecuadas de agua y saneamiento. Además, los servicios locales de protección especial necesitan ser fortalecidos, y muchos niños todavía precisan ayuda para superar el miedo que les impide asistir a la escuela desde el terremoto. 

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