Emergencia en Sudán:
combates y escalada de violencia
Emergencia en Sudán
Sudán continúa inmerso en una de las peores crisis humanitarias del mundo. Tres años después del estallido del conflicto, la situación no se ha estabilizado: sigue empeorando con rapidez, empujando a la población civil a niveles extremos de vulnerabilidad.
El país vive la mayor emergencia de desplazamiento interno del mundo: más de 9,1 millones de personas —incluidos millones de niñas y niños— siguen desplazadas dentro de Sudán debido a la creciente violencia, el colapso de los servicios básicos y un acceso humanitario cada vez más restringido.
¿Qué está pasando en Sudán?
Sudán enfrenta una de las crisis humanitarias más graves del mundo, marcada por años de inestabilidad y un deterioro que no deja de acelerarse. Tras el golpe militar de octubre de 2021, el país quedó sumido en un estancamiento político prolongado y en continuas agitaciones civiles, sin avances hacia una solución duradera.
La situación se agravó considerablemente en 2025, cuando la violencia se intensificó en Kordofán del Norte, Kordofán del Sur, Kordofán Occidental y Darfur del Norte, provocando nuevas oleadas de desplazamientos y elevando aún más el número de personas obligadas a huir de sus hogares.
A finales de año, más de 9,1 millones de personas, entre millones de niñas y niños, seguían desplazadas dentro del país debido a los combates y al colapso de los servicios esenciales.
En ciudades como El Fasher, Kadugli y Dilling, los asedios prolongados han desencadenado una escasez extrema de alimentos, agua potable y atención sanitaria. La violencia ya no se limita a las líneas de frente: hogares, escuelas, mercados y hospitales son blanco de ataques, lo que hace que para muchas familias la vida cotidiana y el conflicto se hayan vuelto prácticamente indistinguibles.
La falta de rutas seguras y las restricciones al acceso humanitario han dejado a la población —especialmente a las niñas y los niños— atrapada entre bombardeos, desplazamientos repetidos y un deterioro constante de sus condiciones de vida.
Las consecuencias emocionales también son profundas: muchos niños y niñas han perdido años de aprendizaje, viven con miedo permanente a los ataques, duermen poco debido al sonido de los bombardeos y sobreviven entre desplazamientos que les separan de sus familias y comunidades.
A esta crisis se suman los efectos de fenómenos climáticos extremos. Diez estados sufrieron intensas lluvias e inundaciones, que desplazaron a más de 19.000 personas y destruyeron más de 25.000 viviendas. Estas emergencias relacionadas con el clima agravan aún más la presión sobre unos sistemas debilitados y aumentan la vulnerabilidad de las comunidades desplazadas y de acogida.
Consecuencias del conflicto en Sudán
La crisis humanitaria en Sudán continúa agravándose a un ritmo alarmante. El conflicto prolongado, el desplazamiento masivo, la inseguridad alimentaria extrema, los brotes de enfermedades y el colapso de los servicios esenciales han dejado a más de 30,4 millones de personas, la mitad de ellas niñas y niños, en necesidad urgente de asistencia humanitaria. Se trata de una de las mayores crisis del mundo y de la emergencia de desplazamiento interno más grande a nivel global, con más de 9,1 millones de personas obligadas a huir dentro del país.
La crisis alimentaria también se ha intensificado. La disrupción de los mercados, la destrucción de infraestructuras, las malas cosechas y las restricciones en zonas asediadas han llevado la inseguridad alimentaria a niveles críticos, con más de 24,6 millones de personas afectadas. Más de 800.000 niñas y niños corren el riesgo de sufrir desnutrición aguda grave, una afección potencialmente mortal que puede provocar secuelas físicas y cognitivas irreversibles si no reciben tratamiento inmediato.
En las áreas más golpeadas por los combates y los asedios —donde los desplazamientos son constantes y la ayuda humanitaria no siempre puede llegar— el acceso a servicios esenciales como salud, agua potable o saneamiento es extremadamente limitado. En estos lugares, la infancia está expuesta a riesgos elevados: hambre, enfermedades, separación familiar, ataques y violencia indiscriminada.
Las condiciones empeoran semana a semana: la violencia ya no distingue entre espacios civiles y militares, y los hogares, escuelas, mercados y hospitales han dejado de ser lugares seguros. Esto está empujando a millones de niñas y niños hacia daños inmediatos y prevenibles, mientras viven con miedo, sufren interrupciones constantes de su educación y experimentan un deterioro emocional profundo.
Educación y alfabetización en Sudán
El sistema educativo en Sudán continúa profundamente afectado por el conflicto y el desplazamiento. Ocho de los 17 millones de niñas y niños en edad escolar siguen fuera de la escuela, una de las cifras más altas del mundo y un factor que profundiza el ciclo de pobreza, vulnerabilidad y riesgo de explotación infantil.
A pesar de los esfuerzos por reabrir centros educativos y habilitar espacios de aprendizaje seguros, las 13.005 escuelas que permanecen operativas en el país afrontan enormes desafíos: infraestructuras dañadas, escasez de materiales y falta de profesorado capacitado.
Para muchos alumnos, asistir a clase supone enfrentarse a un trayecto peligroso o estudiar en centros que también sirven como refugio para familias desplazadas. En amplias zonas del país, sobrevivir ha sustituido a aprender. Los ataques a escuelas, su ocupación por grupos armados y la violencia constante han convertido estos espacios —que deberían ser seguros— en lugares amenazados. Miles de niñas y niños han perdido años de aprendizaje y viven con la incertidumbre de no saber cuándo podrán volver a estudiar con normalidad.
Aunque se han logrado avances importantes —como la recuperación de centros en zonas antes inaccesibles y la expansión de programas de aprendizaje acelerado y digital— millones de niños y niñas siguen sin poder ir a clase. Esta interrupción prolongada afecta no solo a sus oportunidades futuras, sino también a su bienestar emocional, su estabilidad diaria y su capacidad para recuperar lo perdido cuando termine la emergencia.
Salud y nutrición en Sudán
El sistema de salud en Sudán está al borde del colapso tras tres años de conflicto. Los ataques a instalaciones, la falta de suministros y las restricciones de acceso han interrumpido servicios esenciales como la vacunación y la atención primaria, dejando a millones de niñas y niños expuestos a enfermedades prevenibles como malaria, sarampión, cólera y hepatitis E.
La situación nutricional es igual de crítica. El conflicto ha interrumpido la producción agrícola y las rutas de suministro, lo que ha provocado un aumento rápido del hambre infantil. Se estima que millones de niñas y niños sufrirán desnutrición aguda, incluidos cientos de miles en riesgo de padecer desnutrición aguda grave, la forma más peligrosa. En zonas sitiadas como El Fasher, Kadugli, Um Baru o Kernoi, las tasas de desnutrición superan ampliamente los umbrales de emergencia.
Protección de los derechos de los niños en Sudán
La protección de la infancia en Sudán se ha convertido en una de las preocupaciones más urgentes del conflicto. La escalada de la violencia, especialmente en Darfur y Kordofán, expone a niñas y niños a riesgos graves como reclutamiento forzado, violencia sexual, separación familiar y ataques contra escuelas, hospitales y otros servicios esenciales.
Para muchos de ellos, la vida cotidiana y el conflicto se mezclan de forma casi imperceptible, y los lugares que deberían ofrecer seguridad ya no lo hacen.
Desde UNICEF continuamos dando respuesta a esta emergencia, ofreciendo apoyo psicosocial, servicios de reunificación familiar y mecanismos comunitarios de protección.
Sin embargo, los desplazamientos constantes, los asedios y la destrucción generalizada han dejado a muchas comunidades sin servicios básicos, aumentando la vulnerabilidad de la infancia y limitando las posibilidades de recibir protección adecuada.
Las mujeres y las niñas siguen enfrentándose a un riesgo extremo de violencia de género, incluida violencia sexual, secuestros y explotación, en un contexto de inseguridad que dificulta denunciar y acceder a apoyo especializado.
Trabajamos para fortalecer espacios seguros y prevenir nuevas violaciones, pero el deterioro rápido de las condiciones hace que cada día sin acceso y sin protección aumente el riesgo para la infancia, tanto física como emocionalmente.
Respuesta de UNICEF
La estrategia de UNICEF para la respuesta humanitaria en Sudán se centra en brindar apoyo específico y vital a las poblaciones más vulnerables, al tiempo que restablece los servicios esenciales, fortalece la resiliencia y apoya los esfuerzos de recuperación en las zonas de retorno y dentro de las comunidades de acogida. La estrategia aborda las necesidades inmediatas y mantiene los servicios básicos, en particular en las zonas afectadas por el conflicto, para las poblaciones desplazadas y en las zonas de retorno que ahora son accesibles, haciendo hincapié en el apoyo vital a medida que aumenta la presión sobre los recursos.
Con estos elementos como centro de todas nuestras actividades, trabajamos para atender a la infancia y garantizar sus derechos:
Protección de la infancia:
- A medida que los frentes en el conflicto se adentran en zonas inestables de Kordofán y Darfur del Norte en los últimos meses, la demanda de servicios de protección infantil sigue aumentando considerablemente. A pesar de la inseguridad y las limitaciones operativas, UNICEF mantiene una estrategia de "protección por presencia", desplegando trabajadores de primera línea, reforzando las vías de derivación e integrando la protección infantil, la respuesta a la violencia de género y el apoyo psicosocial y de salud mental en intervenciones multisectoriales.
- Hemos proporcionado apoyo psicosocial y de salud mental a más de 3,3 millones de niños y niñas, a través de espacios seguros, actividades comunitarias y servicios especializados.
- Desde UNICEF trabajamos para que 1,1 millones de niñas y mujeres accedieran a servicios de prevención y respuesta frente a la violencia de género, incluyendo espacios seguros para mujeres y niñas, mitigación de riesgos y programas de apoyo.
- Más de 20.000 niñas y niños separados de sus familiares o no acompañados fueron reunificados con sus familias o recibieron cuidados alternativos, superando ampliamente los objetivos previstos.
Salud:
- Seguimos trabajando con medidas sencillas que salvan vidas, como campañas de vacunación contra el sarampión y rubeola o mejorando el acceso a servicios de atención primaria.
- Para garantizar la continuidad de los servicios de salud materna e infantil, distribuimos kits para la gestión integral de enfermedades infantiles y suministros de salud materna y neonatal llegando a decenas de miles de recién nacidos y madres en 21 centros reforzados de varias regiones del país.
- Para frenar la propagación del cólera ampliamos la respuesta frente a la epidemia mediante intervenciones de vigilancia y gestión de casos basadas en la comunidad y desplegando equipos de respuesta rápida.
Nutrición:
- Prestamos servicios vitales de nutrición en todo el país, también en las zonas con nuevos desplazados o más afectadas por el conflicto, con especial atención a las localidades prioritarias. Los programas de tratamiento de la desnutrición aguda grave han experimentado un aumento sin precedentes en 2025, hemos logrado que más de 612.000 niñas y niños sean tratados contra la desnutrición aguda grave.
- Para facilitar el tratamiento continuado de la infancia afectada por desnutrición aguda grave, apoyamos los programas terapéuticos en ambulatorios y ampliamos la cobertura en áreas de difícil acceso o con sistemas de salud deteriorados. Esto incluye el trabajo en zonas que registran nuevos desplazamientos y en comunidades altamente vulnerables, asegurando que los niños y niñas puedan recibir atención incluso en contextos donde los servicios básicos han colapsado.
- Para llegar a un mayor número de niños y niñas con intervenciones nutricionales preventivas y curativas, ampliamos los servicios de nutrición en centros de salud, equipos móviles y campañas masivas. Estas acciones fueron especialmente importantes en los estados más afectados por el conflicto y en áreas donde el acceso humanitario es limitado.
- Para ayudar a prevenir la desnutrición, apoyamos a madres, padres y cuidadores con orientación sobre prácticas adecuadas de alimentación infantil, llegando a más de 1,8 millones de cuidadores, un avance clave para prevenir la desnutrición en niñas y niños menores de dos años.
- UNICEF suministra dosis de vitamina A y suplementos de hierro y ácido fólico a mujeres embarazadas, reforzando la salud materna y protegiendo el desarrollo infantil.
Educación:
- Apoyamos el acceso a la educación formal y no formal para millones de niñas y niños en todo el país, asegurando que quienes pueden asistir a la escuela —ya sea en centros educativos reabiertos o en espacios de aprendizaje alternativos— tengan la oportunidad de retomar la rutina escolar. Allí, vuelven a aprender, jugar, recuperar amistades y recibir apoyo psicosocial básico de docentes capacitados, algo esencial para su bienestar emocional en medio del conflicto.
- A través del programa, Pasaporte de Aprendizaje de UNICEF, apoyamos la educación ininterrumpida de la infancia afectada por el conflicto, incluyendo a aquellos niños y niñas que se encuentran en zonas de conflicto activo, desplazados o en movimiento. Estos programas garantizan que la educación pueda mantenerse a pesar de los cierres de escuelas, los desplazamientos o las interrupciones constantes.
Actualmente, decenas de miles de niñas y niños, tanto en Sudán como en los países vecinos, tienen acceso a una educación de calidad, inclusiva y a través del juego, utilizando espacios de aprendizaje seguros, digitales y comunitarios.
Agua, saneamiento e higiene (WASH):
- Proporcionamos agua a las personas desplazadas y a las comunidades que les acogen. Estamos instalando sistemas de saneamiento básico en las rutas de huida de la población y distribuimos kits de agua e higiene a las familias (jabón, pastillas para potabilizar agua, garrafas) fundamentales para prevenir brotes de enfermedades en contextos de hacinamiento y movilidad constante.
- Trabajamos en la rehabilitación de las principales fuentes de agua y desplegamos equipos móviles de mantenimiento en lugares críticos. Esto incluye la reparación, mejora y operación de plantas de tratamiento urbanas y sistemas comunitarios de abastecimiento en varios estados, garantizando agua potable incluso en áreas sometidas a ataques, daños o cortes prolongados. Actuamos rápidamente ante daños en infraestructuras esenciales, como ocurrió en la planta de tratamiento de agua de El Fao, en el estado de Gedaref, donde las fuertes lluvias dañaron la subestación eléctrica de la instalación y amenazaban con interrumpir el suministro a cientos de miles de personas.
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