Niños rohingya en Bangladesh:
tres años después siguen necesitando ayuda

Los niños rohingya necesitan protección 

Los niños y niñas rohingya siguen atrapados en el limbo, como parte de una minoría étnica sin Estado, y sin poder decidir su propio futuro. Hace ya más de tres años, desde agosto de 2017, fuimos testigos del éxodo de los rohingya, que escapaban de la violencia de Myanmar hacia Bangladesh. Más de 860.000 personas están acogidas en el distrito de Cox´s Bazar. Y más de la mitad, en torno a medio millón, son niños y niñas.

Los niños rohingya y sus familias llegaron a Bangladesh aterrorizados, agotados y hambrientos, después de un peligroso viaje y con una vida en el exilio por delante. Siguen necesitando ayuda en forma de refugio, alimentos, agua potable, saneamiento y atención médica. Llevan con ellos terribles historias de lo que han visto y sufrido: niños asesinados, mujeres maltratadas y pueblos enteros incendiados.

A pesar de que el Gobierno de Bangladesh ha respondido a la masiva llegada de refugiados, los rohingyas continúan en una situación dramática. Muchos están alojados en campamentos temporales o asentamientos improvisados. Viven en frágiles cabañas de bambú y plástico, sin acceso a agua, saneamiento ni servicios de salud.

En estas circunstancias tan adversas, llega a Bangladesh y a los campamentos de refugiados la COVID-19. Para evitar el riesgo de transmisión, se reduce la actividad a los servicios esenciales, obligando al cierre de los centros de aprendizaje y actividades grupales.

Ya en 2021, sufren un incendio masivo que arrasa centros de salud, mercados, centros de aprendizaje y redes de suministro de agua, lo que lleva a miles de refugiados y sus niños a realizar nuevos desplazamientos.

Además, viven con la amenaza constante de las fuertes precipitaciones e inundaciones que deja el monzón

Dona ahora

En UNICEF estamos trabajando para garantizar que ningún niño se vea privado de su infancia. Nos preocupamos de su supervivencia y protección.

Niña rohingya estudiando tras el cierre de los centros de aprendizaje.

    “Estoy muy triste porque nuestro centro de aprendizaje se cerró. No puedo seguir estudiando como antes. Echo de menos a mis compañeros y profesores”.

    Shefuka (Cox,s Bazar, Bangladesh).

    A sus 9 años, Shefuka vive en uno de los campamentos rohingya con su madre y tres hermanos. Con la llegada de la COVID-19 y el cierre de los centros de aprendizaje, ella y otros niños y niñas intentan continuar con su educación desde los campamentos, donde el acceso a la electricidad y a las tecnologías es todo un desafío. 

    Con estas limitaciones, desde UNICEF buscamos una alternativa a través de los profesores voluntarios rohingya, proporcionándoles guías, libros para pintar, mensajes de audio, etc, que también los padres están ayudando a implementar. Ahora es la mejor opción, y ese tiempo que pasan los padres con los niños, jugando y aprendiendo, ayuda al crecimiento y desarrollo de los niños y niñas rohingya.

    Niños rohingya: un futuro incierto

    • COVID-19: la llegada de la pandemia afectó directamente la vida de los niños y sus familias en los campamentos ya que todo quedó reducido a servicios esenciales para evitar riesgos de contagio: se cerraron los centros de aprendizaje y todas las actividades grupales.
    • Sin futuro, sin presente: con la pandemia, miles de niños y niñas no pueden ir aún a la escuela, no tienen nada que hacer durante el día. Ayudan a su familia, pero no ven un futuro con esperanza. No hay muchas oportunidades de ganar dinero y ni siquiera hay tierra fértil para cultivar.
    • Riesgo de tensiones entre refugiados y comunidades de acogida: la población de Cox´s Bazar, con indicadores muy bajos en salud y educación, está acogiendo generosamente a los refugiados. Pero su población se ha multiplicado y los servicios públicos están sobrecargados.
    • Agua, higiene y gestión de residuos: para garantizar la continuidad de los servicios críticos en los campamentos, se formó a más de 1.000 voluntarios rohingya y se les proporcionó EPI para que pudieran continuar con la actividad a pesar de la COVID-19.
    • Enfermedades: las condiciones higiénicas son todavía precarias y no hay suficiente atención sanitaria. Esto es un caldo de cultivo para que los niños enfermen. Además, las familias no conocían en Myanmar los beneficios de la inmunización y muchas veces tienen miedo a vacunar a sus hijos.
    • Desnutrición: desde que empezó la crisis, la desnutrición aguda es una de nuestras mayores preocupaciones. Hemos conseguido tratar a más de 7.000 niños rohingya contra la desnutrición aguda grave.

    ¿Qué hace UNICEF?

    Miles de niños rohingya huyen de la violencia. Ayúdanos a salvar sus vidas.

    Dona ahora

     

    Si prefieres, contacta con nosotros en el 900 907 500 de lunes a viernes de 9:00h a 21:30h y sábados de 11:00h a 17:00h | socios@unicef.es

    Donar por transferencia bancaria:

    Banco Santander ES26 0049 1804 16 2610410756