Participación infantil y adolescente en los centros educativos

La participación infantil y adolescente es uno de los pilares más transformadores de la educación en derechos de la infancia. Supone reconocer que la opinión de las niñas, niños y adolescentes no es un complemento, ni una cortesía, ni una actividad puntual, sino un derecho que ordena la vida escolar y que cambia profundamente la forma de convivir, de aprender y de tomar decisiones dentro del centro educativo.
Fomentar la participación significa impulsar la escuela como un espacio donde la infancia tiene un lugar legítimo para pensar, opinar, proponer, analizar, debatir y, sobre todo, influir. La participación, en definitiva, vertebra la escuela.
Comprender este ámbito implica reconocer que participar no es hacer actividades divertidas ni votar opciones superficiales, sino formar parte real de los procesos que afectan e interesan al alumnado. La participación requiere información clara, espacios seguros, tiempos adecuados y un entorno donde cada niña, niño y adolescente sienta que puede expresarse sin miedo y con la confianza de que su aportación será tomada en consideración. Cuando el centro se organiza para que esa experiencia sea posible, está educando en ciudadanía democrática y está construyendo un aprendizaje que ninguna asignatura puede ofrecer por separado.
Este ámbito no busca hacer más actividades, sino que el centro organice su vida cotidiana para que la opinión del alumnado forme parte de las decisiones que le afectan. Participar es aprender a convivir, a escuchar, a argumentar, a influir y a comprender que la democracia crece cuando se practica desde la infancia.
Desde UNICEF España te presentamos una guía para abordar la participación escolar desde una doble vertiente: tanto como un derecho fundamental como una herramienta de organización de la vida escolar.
Un centro que avanza en este ámbito descubre que la participación no solo mejora la convivencia y fortalece los vínculos, sino que transforma la manera de aprender y de habitar la escuela. Cuando la participación se convierte en cultura, impulsa escuelas donde las niñas, niños y adolescentes sienten que su palabra importa, que su mirada cuenta y que su presencia tiene un valor real.
Este ámbito cuenta con seis indicadores, de los cuales uno, es requisito para poder obtener, mejorar o renovar el reconocimiento como centro referente en educación en derechos de la infancia. De esta forma, el programa promueve la realización del termómetro de participación con el propósito de mejorar y profundizar en los mecanismos que fomentan e impulsan la opinión y la voz del alumnado en las decisiones del centro.
A través de la participación se construye escuela, se cohesiona a la comunidad escolar y aumenta la autoestima del propio alumnado. De esta manera, la participación infantil y adolescentes no es un hacer (o hacer de más) en la escuela, sino una forma de ser escuela. Cuando la participación se incorpora en la forma de ser, se incorpora también en las maestras y maestros, en las niñas y niños, en el equipo directivo o en el personal de administración y servicios, entre otros. Así, el centro educativo se convierte en una pequeña aldea democrática, que funciona eficaz y eficientemente.
El centro cuenta con mecanismos que fomentan la participación infantil y adolescente
El primer gran pilar de este ámbito es la existencia de mecanismos que fomenten la participación infantil y adolescente. Estos mecanismos no son estructuras simbólicas ni espacios vacíos: son oportunidades reales para que el alumnado piense sobre la vida del centro, proponga mejoras, analice situaciones y vea cómo su voz desencadena cambios.
La participación se vuelve significativa cuando se combinan cuatro elementos esenciales: un espacio adecuado, la posibilidad de expresar la voz del alumnado, la existencia de una audiencia que escucha y un nivel real de influencia. Cuando estos elementos están presentes, la participación deja de ser una inspiración teórica y se convierte en práctica diaria.
Para ello, el programa de Educación en Derechos de la Infancia de UNICEF España ofrece, dentro de la página web de centros referentes, un termómetro de participación. Se trata de una herramienta que permite que cada alumna y alumno valore, de forma individual, anónima y sencilla, cómo está viviendo la participación en su aula o centro, contribuyendo a conocer cómo se percibe la participación, identificar puntos fuertes y áreas de mejora y, además, orientar acciones concretas para avanzar hacia una participación más plena y basada en derechos.
Adaptación del indicador para educación infantil. Para esta etapa educativa, el reconocimiento como centro referente en educación en derechos de la infancia busca conocer cómo las niñas y niños más pequeños expresan deseos, emociones, preferencias o necesidades. Los elementos que componen la participación (espacio, voz, audiencia e influencia) permiten analizar si el alumnado dispone de oportunidades reales para expresarse, si su expresión es escuchada y si produce cambios visibles en la vida diaria del aula y del centro.
Involucración del alumnado en la conmemoración del Día Mundial de la Infancia y otros días mundiales
La participación adquiere una dimensión especial cuando se vincula a la conmemoración del Día Mundial de la Infancia y de otras fechas relevantes. Un centro que involucra al alumnado en estas celebraciones consigue que estas fechas no sean actos preparados exclusivamente por el profesorado, sino procesos donde el alumnado analiza el sentido de cada conmemoración, propone qué hacer, diseña actividades, expresa su opinión y visión y recibe una devolución clara por parte del centro.
La actividad importa tanto como la vivencia de la democracia, de pertenencia y de responsabilidad colectiva. En estas fechas, el alumnado descubre que su palabra tiene valor y que los derechos se comprenden mejor cuando se ejercen. Las niñas, niños y adolescentes del centro tienen un papel activo en la conmemoración de esta fecha, impulsando campañas, actividades y acciones que pongan en valor sus derechos.
El programa busca que el alumnado del centro participe de forma estructurada y significativa, proponiendo, diseñando y decidiendo y evaluando actividades relacionadas con las conmemoraciones, con devolución del centro y enfoque de derechos.
Actividades de educación ambiental
La educación ambiental es un terreno fértil para la participación. Cuando el centro invita al alumnado a observar el entorno, plantear problemas, buscar soluciones, tomar decisiones y actuar en relación con el uso de los espacios comunes, el cuidado del medio ambiente, la gestión de residuos o el diseño de proyectos de sostenibilidad, la participación se vuelve una experiencia tangible.
El alumnado aprende y practica la sostenibilidad en la vida cotidiana del centro. Y, al hacerlo, fortalece habilidades de diálogo, pensamiento crítico, corresponsabilidad y liderazgo positivo. Participar en cuestiones ambientales permite descubrir que sus acciones tienen impacto en la comunidad.
Cada vez son más los centros que realizan actividades de educación ambiental durante el curso escolar en las diferentes etapas educativas, adaptadas a la edad y grado de desarrollo del alumnado. Conocer el entorno, la naturaleza y el medio ambiente aumenta el compromiso de las personas por la sostenibilidad ambiental.
A través de la educación ambiental se fomentan hábitos de vida saludables y sostenibles, para ello es necesario que las niñas, niños y adolescentes del centro educativo cuenten con espacios donde puedan proponer y llevar a la práctica ideas y propuestas concretas que mejoren el entorno y la sostenibilidad ambiental para hacer frente a la crisis climática. A través de la participación y la educación ambiental se pueden incentivar acciones que generen estilos de vida más sostenibles. Por ejemplo, el alumnado del Colegio ISCAT la Garriga, centro referente en educación en derechos de infancia, realiza excursiones al bosque para explorar y comprender el entorno natural, fomentando asimismo entornos protectores para la infancia desde las relaciones personales. Desde Murcia, el CEIP La Arboleda, también centro referente cuenta con su huerto escolar donde el alumnado planta lechuga, apio o coliflor, pero, sobre todo, siembra un mundo más sostenible.
Desde Andalucía, en la Escuela Infantil Luis Siret de Cuevas del Almanzora, su alumnado aprende sobre el reciclaje, identificando los diferentes objetos con su contenedor de reciclaje. Además, este centro cuenta con su propio huerto ecológico donde el alumnado está en contacto con la tierra, las semillas y el agua.
El programa busca que el alumnado participa activamente en actividades de educación ambiental que incluyan reflexión, propuestas, toma de decisiones o acciones concretas dentro del centro, como análisis de residuos, diseño de campañas, acuerdos ambientales de aula, propuestas para el patio, proyectos de sostenibilidad, entre otros.
Promoción de los derechos de la infancia
Otra forma de participación significativa ocurre cuando las actividades para promover los derechos nacen directamente de las niñas, niños y adolescentes del centro.
Cuando el alumnado identifica una necesidad, propone una idea, organiza una campaña, elabora mensajes o diseña acciones para sensibilizar sobre la igualdad, el buen trato, la convivencia o cualquier otro ámbito, el centro descubre que la participación liderada por la infancia es uno de los aprendizajes más poderosos. La autonomía crece, la motivación se multiplica y la comprensión de los derechos se vuelve más profunda porque no se limita a repetir definiciones, sino que se transforma en acción.
Los derechos de la infancia se viven de manera cotidiana a través de acciones concretas, pero siempre es necesario promocionarlos y protegerlos. De esta manera, las niñas, niños y adolescentes tienen un papel fundamental como defensores de los derechos, de sus propios derechos. Para ello es importante conocerlos y, así, exigir su cumplimiento tanto a nivel local como global. Por ejemplo, el alumnado de 5º de primaria del CEIP Nuestra Señora de la Esperanza (Calasparra, Murcia), centro referente en derechos de infancia, ha elaborado un manifiesto donde se establece que "el respeto a los derechos de la infancia es necesario para que todos (incluidos los adultos" vivamos mejor". Desde Asturias, en la Escuela de Educación Infantil El Texu, tanto el alumnado como el profesorado de este centro referente acudió al centro en pijama "para reivindicar el derecho a todo niño y niña a crecer en una familia".
Por su parte, desde Euskadi, el Colegio Maristak Durango, también referente en educación en derechos de infancia, ha aprovechado el Día Mundial de la Infancia para promocionar los derechos de la infancia a través de la "semana de los derechos de la infancia" en el centro. De esta forma, "el alumnado ha escrito y pegado en la entrada del patio el compromiso del derecho de los niños a vivir en paz y han escrito y leído un manifiesto a favor de ello".
El programa impulsa que el alumnado, de manera activa, autónoma y estructurada realice actividades de promoción de los derechos de la infancia (campañas, proyectos, acciones de sensibilización), contando con acompañamiento del centro y con impacto en la comunidad educativa.
Existencia de estructuras de participación
Para que la participación tenga continuidad, los centros requieren estructuras estables, seguras y accesibles. Las asambleas, los grupos de delegados, las comisiones, los equipos de ayuda o cualquier otro espacio diseñado con intención pedagógica ofrecen al alumnado un lugar real donde construir acuerdos, debatir temas relevantes para la vida escolar y recibir siempre una devolución por parte del centro.
Cuando estas estructuras funcionan con claridad, normas compartidas y regularidad, la infancia aprende que participar implica responsabilidades, escucha, toma de decisiones y convivencia democrática cotidiana.
La participación también busca promover el derecho a disfrutar del juego y de las actividades recreativas propias de acuerdo a la edad y grado de desarrollo, así como a participar en la vida cultural, las artes y el medio ambiente. De esta manera, las alumnas y alumnos que estudian en centros referentes en educación en derechos de infancia se involucran en diferentes actividades de su entorno.
En el CEIP Barranco Cafetero de Villarrobledo (Albacete), sus estudiantes disponen de un espacio denominado Chat Corner, desde donde pueden organizarse y proponer diferentes actividades para realizar en el centro educativo. Por su parte, el CEIP Donoso Cortes de Badajoz, el alumnado de los cursos superiores se organiza para ser alumnado acompañante cuando se realiza, por ejemplo, una salida del centro. Asimismo, en este centro existe un grupo de alumnos y alumnas que se organizan para facilitar la convivencia en el patio y evitar conflictos.
El programa impulsa que el centro cuente con estructuras estables, periódicas y accesibles de participación infantil y adolescente, con objetivos claros, normas de funcionamiento, espacios para la participación del alumnado y devolución por parte del centro.
Consejo de participación infantil y adolescente
El mayor nivel de madurez participativa se alcanza cuando el centro cuenta con un consejo de participación infantil y adolescente. Este consejo no es un adorno ni un símbolo institucional: es un órgano real de análisis, debate, propuesta y seguimiento. Allí el alumnado se encuentra con otros iguales para abordar necesidades del centro, plantear ideas, formular propuestas y recibir información clara sobre lo que se hará con sus aportaciones.
Cuando el consejo de participación está activo, es diverso y bien acompañado, demuestra que la participación de las niñas, niños y adolescentes no es un gesto, sino que representa un compromiso institucional profundo. Un consejo que funciona transforma la vida del centro porque convierte la opinión del alumnado en un elemento estructural de la organización escolar.
Por ello, es especialmente importante que las escuelas cuenten con espacios y mecanismos que fomenten la participación del alumnado en las decisiones y la vida del colegio. Por ejemplo, como en el caso del CEIP Bernardo Gurdiel de Grado (Asturias), a través del programa aulas democráticas, proporcionando mecanismos e instrumentos formales de participación.
A través de la creación de un consejo de participación infantil y/o adolescente en el centro se pueden impulsar mecanismos reales de participación y representación infantil, creando espacios de intercambio y debate que redundan en la mejora del centro a través de los derechos de la infancia.
El programa busca que el consejo de participación esté consolidado como un órgano estable, diverso e inclusivo; se reúna periódicamente, analice necesidades del centro, formule propuestas, participe en la toma de decisiones y reciba una devolución clara e informada por parte del centro.
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En este enlace tienes un resumen con las claves de la convocatoria de centros referentes en educación en derechos de la infancia.
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