Niños soldado

Cada 12 de febrero se conmemora el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldado

Cada 12 de febrero se conmemora el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldado. Actualmente se calcula que hay unos 300.000 niños y niñas soldado en los conflictos armados en todo el mundo. Niños y niñas que se ven abocados a vivir la guerra de verdad, convirtiéndose en combatientes involuntarios. Muchos de estos niños están directamente en la línea de combate y otros son obligados a ejercer como cocineros, mensajeros, esclavas sexuales, para realizar ataques suicidas…

Durante el tiempo en el que estos niños están vinculados a las fuerzas y grupos armados, son testigos y víctimas de terribles actos de violencia e incluso son obligados a ejercerla. Los traumas emocionales que esto les puede provocar son difíciles de superar.

Algunos son secuestrados; a otros, la pobreza, los malos tratos, la presión de la sociedad o el deseo de vengarse de la violencia contra ellos o sus familias les llevan a unirse a grupos armados y empuñar un arma. Son víctimas inocentes de las atrocidades de la guerra. Para ellos, el regreso a su vida y la recuperación de su infancia es tan difícil que puede parecer casi imposible.

En los últimos años, las guerras cada vez son más brutales y más largas. Algunas están en los medios de comunicación de forma más o menos estable, como Siria, un conflicto que se prolonga desde hace más de 8 años, pero otras son invisibles para la mayoría de nosotros, como Yemen, Sudán del Sur, República Centroafricana, Nigeria y muchas otras.

En Sudán del Sur, por ejemplo, unos 6.290 niños y niñas han sido reclutados como niños soldado desde 2013.

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Niños soldado: la historia de Rosina

Historia de Rosina Día Niños Soldado

    Rosina [nombre ficticio para proteger su identidad] estaba jugando en el patio de su casa cuando un grupo de hombres armados llegó a Paoua, la aldea donde vive en el noroeste de República Centroafricana. Mataron a sus padres, pero ella consiguió huir. Corría el año 2017 y Rosina tenía solo 12 años.

    Un grupo armado rival se aprovechó de que estaba sola y la reclutó en sus filas. “Me dijeron que cuidarían de mí”, nos cuenta, pero la realidad fue otra bien distinta: se pasaba todo el día cocinando, lavando ropa, comprando alimentos y buscando leña y agua para ellos.

    Se enfadaban y me pegaban cuando la comida no estaba lista a tiempo. Sufrí mucho

    - nos cuenta Rosina.

    Después de cuatro meses de infierno, decidió escapar. Cansada, hambrienta y angustiada, Rosina conoció a Prisca, una madre soltera con dos niños que había huido a la montaña. “Decidí cuidarla como a mi propia hija”. Cuando pararon los combates, la invitó a su casa y Rosina pudo asearse y comer.

    Acto seguido, se acercó a la ONG War Child, que financiamos desde UNICEF España –entre otras muchas organizaciones-, en busca de ayuda especializada. Tras un tiempo de recuperación física y mental, Rosina vive ahora con Prisca, que la ha adoptado, y con nuestra ayuda económica, ha vuelto a la escuela con todo el material que necesita.

    Las peores consecuencias del uso de niños soldado

    Los niños soldado tienen la misma necesidad de sentirse amados, atendidos y seguros que otros niños. Sueñan con el futuro, gastan bromas y hacen deporte con las mismas ganas que cualquier niño que no haya estado en un grupo armado. Pero han vivido experiencias excepcionales que les acompañarán durante el resto de sus días.

    • Secuelas físicas: pueden ser causadas por la propia batalla o ser fruto de las torturas y abusos por parte de sus jefes. Muchos niños son mutilados, sufren desnutrición o incluso enfermedades de transmisión sexual. En el caso de las niñas, muchas se quedan embarazadas por abusos sexuales.
    • Traumas emocionales: el hecho de haber presenciado actos de violencia terribles o tener que cometerlos directamente les puede atormentar si no se les da apoyo psicológico. Muchas veces el primer acto que les obligan a cometer es matar a sus propios padres para romper el vínculo familiar.
    • La dificultad de salir de la espiral de violencia y volver a casa
    1. Porque pasan en el grupo o fuerza armada los años en los que desarrollan su personalidad, y aprenden a convivir en un entorno jerárquico y de violencia.
    2. Porque no saben dónde está su familia y comunidad y, cuando por fin se encuentran, a veces la familia los rechaza por su pasado, ya que tienen miedo a que los ataquen o no aceptan a las niñas cuando vuelven con hijos que han tenido durante su ausencia.
    3. Porque no han podido ir a la escuela y esto hace que sus oportunidades de un futuro mejor se reduzcan enormemente. 

    Por otra parte, las interrupciones en los servicios sanitarios y el cierre de escuelas en muchos países debido a la COVID-19 están dificultando aún más la atención psicosocial a estos niños tras su liberación.

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