El día que vi nacer 2 vidas y salvar más de 20.000

Cuando me propusieron viajar a Níger para hacer realidad el #RetoUnNombreUnaVida, me asaltaron 2 dudas: qué me encontraría en uno de los entornos más duros de la tierra y si coincidiría con el nacimiento de mi  sobrina. 

Sukuria con su bebé

30/10/2018

Y sí, finalmente, mi sobrina nació durante mi estancia en el país africano. Mientras visitábamos un centro de salud más que humilde en Maradí, en el que las madres y nuestros compañeros trataban de estimular a niños desnutridos y sin fuerza, mi móvil se llenaba de imágenes de la pequeña de mejillas rechonchas que acababa de llegar para llenar a mi familia de felicidad.

"¿Cómo se encuentra la niña? ¿Y la mamá? ¿Qué tal el parto?"... Le preguntaba a mi madre para que me diera todos los detalles mientras escuchaba las explicaciones de los compañeros que luchan cada día para salvar a los niños nigerinos de las garras de la malaria, la neumonía, la desnutrición... 

En Barcelona todo había ido bien. Las dos se encontraban perfectamente y el parto había ido rodado con la ayuda y la atención de estupendos profesionales médicos en un hospital público.

Mientras, en Maradí, el centro de salud bullía de actividad. Y el de mi sobrina no fue el único nacimiento del que fui "testigo" ese día. 

En el mismo centro conocí a Sukuria, una chica de solo 19 años con aspecto frágil, pero que es pura fuerza. Dio a luz acompañada solamente por una de las sanitarias del centro, tras un biombo, en una habitación muy modesta que en nada se parecía a un quirófano. Ni goteros, ni monitores y muy poco instrumental médico. Una silla vieja y un balde a sus pies. Su pequeño pesó poco más de 3 kilos, igual que mi sobrina, pero a él su madre no se atreve a ponerle nombre todavía. Le da miedo que algo salga mal y esperará aún unos días.

Una nueva vida comenzó ese día para dos familias. Una en Barcelona y la otra en Maradí.

#RetoUnNombreUnaVida: más de 20.000 vidas salvadas

Pero ese día tan especial aún me traería más sorpresas, porque pude ver, también, como Boticaria García, Lucía mi pediatra y sus seguidores conseguían salvar más de 20.000 vidas en una jornada inolvidable. ¡Sí, más de 20.000!

Lucía siempre dice que, cuando eres madre, te conviertes un poco en todas las madres del mundo. Y yo pude ver cómo, ese día, ella y Marián se convertían en las madres de todos los niños que no tienen tantas oportunidades

En el centro de salud compartieron preocupaciones y experiencias con las mujeres que esperaban para que trataran a sus hijos. Por la tarde charlaron, cocinaron e incluso bailaron con las madres de una comunidad de valientes en el poblado de Jaja. 

Madres que eran casi niñas, mujeres abandonadas, enfermas, que han perdido hijos o que han tenido la desgracia de nacer entre las clases más desfavorecidas de una sociedad que las margina y las ignora. Compartieron historias duras, de dolor, de sufrimiento, de miedo, a veces impresionantes, pero que en todos los casos rezumaban un aliento de esperanza surgido de la magia de una mirada, de la complicidad de un gesto entre madres. Y, además, todas tenían un rasgo común. A pesar de las situaciones adversas de sus vidas, la maternidad aparecía como una relación única en la que sobresalen la belleza y el amor, un amor sin condiciones como el que solo puede existir entre una madre y su hijo.

#RetoUnNombreUnaVida: un amor universal

Quedó patente que el amor por un hijo es universal. Y que lo que desgraciadamente no lo es, es el acceso a servicios de salud esenciales para los bebés.

La complicidad que se creó entre estas madres tan especiales y tan diferentes emocionó a un buen número de personas que, sumando esfuerzos, llegaron a donar más de 20.000 kits de supervivencia infantil en un solo día. 20.000 kits que pueden salvar 20.000 vidas. 20.000 kits que se necesitan tanto en países de todo el mundo como Níger.

Porque en Níger nos encontramos con testimonios escalofriantes en un entorno implacable: el país está en el puesto 189 de 189 países en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (una clasificación basada en la esperanza de vida, educación e ingresos).

Pero también nos encontramos a madres con el rostro endurecido por años de exposición brutal al sol y al viento, sonriendo y diciendo que no dejarían de luchar por la supervivencia de los niños. Diciéndonos que, aunque el ardiente calor, la sequía y la falta de recursos desafiaran su propia supervivencia, ellas no iban a rendirse hasta cambiar las cosas y pidiéndonos que nosotros tampoco nos rindiéramos. 

En Níger viví uno de los días más especiales de mi vida y, sin duda, será un país al que volveré. Mi deseo es regresar dentro de unos años con mi sobrina y que, cuando vaya con ella, los niños ya no mueran por causas evitables

* Finalmente, el reto superó los 38.000 kits donados
* Hoy martes viajo a Barcelona para conocer a mi primera sobrina :)

Aida Sánchez

Community manager de UNICEF Comité Español

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