10 preguntas para guiar la participación infantil y adolescente

Estas preguntas os puedan ayudar a iniciar un proceso de participación infantil o adolescente en vuestro centro educativo.
Proyecto de participación infantil: mural en el edificio de la escuela. © UNICEF/UN050350/


"Es mejor debatir una cuestión sin resolverla que resolver una cuestión sin debatirla"
Joseph Joubert

 
1.    ¿Cuál es el objetivo?

Es esencial tener claro de antemano qué queremos que nuestros alumnos aprendan, sientan y hagan a través del proceso de participación que estamos diseñando. Sin un objetivo claro, la participación puede resultar meramente simbólica y superficial.

2.    ¿Responde a una necesidad real?

Al principio del proceso es necesario comunicar abiertamente el modo en el que creemos que las aportaciones del alumnado van a ayudar al desarrollo de unos objetivos concretos, por pequeños que sean. Si no lo hacemos corremos el riesgo de generar expectativas que no se ajustan a la realidad y causar desilusión. 

3.    ¿Qué hay detrás?

No hay que tener miedo a comunicar honestamente objetivos relacionados con el clima escolar. Por ejemplo: si hacemos una consulta sobre los colores de los que queremos pintar los muros del patio podemos reconocer que el objetivo no es sólo decidir el color, sino también que estemos todos más a gusto en un entorno diseñado en común. El mejor escenario es aquel en el que podemos poner en marcha procesos de participación infantil que refuerzan los derechos de la infancia y contribuyen a los objetivos educativos del centro.

4.    ¿Qué edad tienen los participantes?

La participación infantil en la escuela abarca desde el primer ciclo de educación infantil hasta la secundaria no obligatoria. Las competencias de participación son diferentes en función de la edad y también lo son las necesidades de protección y las posibilidades de representación de grupos vulnerables (niños y niñas con discapacidad, LGTBI, migrantes…) El diseño debe tener en cuenta estos parámetros no sólo para proteger a los más pequeños de procesos para los que aún no están preparados sino, más frecuentemente, para no involucrar a los mayores en dinámicas por debajo de sus capacidades de participación reales. 

5.    ¿Qué les estamos pidiendo que hagan?

Cuando involucramos a niños y adolescentes, tenemos que asegurarnos de que la información está presentada en un lenguaje y formato comprensibles y que pueden participar independientemente de sus capacidades (por ejemplo: niños muy pequeños que aún no leen o niños que sólo leen en braille). 

6.    ¿Hay un incentivo?

Hacer partícipes a los alumnos de los objetivos del centro educativo no siempre es fácil, pero es necesario para que estén motivados a participar. Por eso es importante definir objetivos que sean relevantes para ellos, que sean específicos, tangibles y que puedan ver realizados en un plazo de tiempo razonablemente corto. Además, tenemos que ser conscientes de que hay pocas cosas tan desmotivadoras como la falta de respuesta: si pedimos al alumnado su opinión y sus ideas sobre un tema, tenemos que estar abiertos a usarlas o a explicar por qué no se han usado.  

7.    ¿Cuál va a ser el papel de los adultos?

Las iniciativas de participación infantil tienen más probabilidades de éxito si encuentran apoyo en toda la comunidad escolar. Cuando el equipo directivo, el claustro, las familias y el personal no docente creen en las capacidades de participación del alumnado y en el valor que aporta a la convivencia, los alumnos y alumnas se sienten más libres de participar.

8.    ¿Hay equidad?

Quienes más se pueden beneficiar de un proceso de participación bien diseñado se quedan a menudo fuera, precisamente por las dificultades de diseño que plantea su inclusión: los niños y niñas con discapacidad, los que sufren discriminación, quienes tiene otra lengua materna… pueden verse fuera de procesos de participación generalistas. Es esencial involucrarlos en todas las etapas del diseño: en la planificación, en la ejecución y en la evaluación.


9.    ¿Los medios son los adecuados?

La participación necesita tiempos y espacios, pero estos dependen del tipo de participación que queremos lograr. Por ejemplo: 

  •     Para algunas iniciativas, los medios digitales serán adecuados y en otros casos estarán desaconsejados. 
  •     En unos casos necesitaremos espacios grandes o todo lo contrario.
  •     Hay horas que son adecuadas para procesos de reflexión y otras que son mejores para actividades más dinámicas.
  •     Hay metodologías adecuadas o inadecuadas para distintos grupos de edad.
 
10.   ¿Tenemos las capacidades, conocimientos y recursos?

Involucrar a niños, niñas y adolescentes lleva tiempo y esfuerzo. Aunque el resultado merece la pena, es importante ser conscientes de si, en un determinado momento, tenemos la capacidad para desarrollar el proceso completo: si iniciamos algo, los niños esperarán que demos respuesta. Empezar con procesos pequeños y acotados en el tiempo es buena idea para ir avanzando desde este punto e ir adquiriendo experiencia y formación a medida que avanzamos hacia formas de participación infantil más ambiciosas.

 

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