Filipinas: un año después del tifón Haiyan

Redacción UNICEF

Redacción UNICEF


Un año después de que el peor tifón de la historia –el Haiyan– tocara tierra en la zona central de Filipinas, las comunidades afectadas por el desastre están mostrando signos de recuperación y crecimiento a largo plazo, como resultado del esfuerzo local, nacional e internacional.

En el mes de julio, las agencias humanitarias, entre las que se encuentra UNICEF, siguiendo la línea marcada por el Gobierno de Filipinas, reorientaron su trabajo pasando de entregar suministros de emergencia a construir sistemas sostenibles que promuevan el bienestar de los niños y reduzcan el riesgo de un sufrimiento similar en el caso de que volvieran a vivir un desastre

“Debemos conservar los beneficios conseguidos para los niños en el último año y lograr que las comunidades sean más resistentes ante futuros desastres”, ha dicho Lotta Sylwander, representante de UNICEF en Filipinas. “Esta zona es propensa a los desastres naturales. Nuestros esfuerzos deben ir más allá del plazo de un año, para que cualquier futuro desastre natural no tenga como resultado el mismo nivel de daño y devastación”.

El supertifón Haiyan afectó a 6 millones de niños

El supertifón Haiyan tuvo un efecto perjudicial en la vida y en los medios de subsistencia de unas 14 millones de personas, 6 de los cuales eran niños. Alrededor de 4 millones de personas fueron desplazadas, incluyendo 1,7 millones de niños.

Durante los últimos doce meses, las intervenciones de UNICEF han intentado crear comunidades y estructuras sociales más fuertes y resistentes, a través de alianzas creativas e actividades innovadoras. Esto incluye:

  • Proporcionar apoyo financiero a las familias más vulnerables: A través de transferencias incondicionales en efectivo, UNICEF ha apoyado a 15.801 familias vulnerables con seis pagos mensuales de 100 dólares cada uno. Como norma general, más del 50 por ciento de esta ayuda se gastó en comida, asegurando la nutrición de los niños. Otros gastos se destinaron a educación, cuidados sanitarios y refugio.
  • Crear comunidades más saludables: UNICEF ha apoyado a las comunidades para que cambien sus prácticas de saneamiento y gestionen los residuos, con 56 barrios (barangays) certificadas como zonas sin defecación al aire libre. 
  • Apoyar la inmunización: UNICEF trabajó con el Departamento de Salud para priorizar la restauración y el fortalecimiento del proceso de la “cadena de frío”, que es esencial para la distribución efectiva de las vacunas. Hasta la fecha, UNICEF ha ayudado a reestablecer la cadena de frío en 150 instalaciones de salud afectadas (se prevé ayudar a 250) proporcionando material resistente a los desastres y climatológicamente inteligente. Como resultado de estas mejoras, durante la reciente campaña de inmunización apoyada por UNICEF, alrededor de 1,3 millones de niños menores de cinco años fueron vacunados contra el sarampión.

“Hasta ahora, nuestros esfuerzos y los de nuestros aliados han salvado vidas y han fortalecido a los niños”, ha dicho la representante Sylwander. “En un gran desastre como el Haiyan, es también importante reconocer lo que no ha fallado. Estamos muy orgullosos del hecho de que –como resultado del trabajo duro y un enorme apoyo desde dentro del país y alrededor del mundo– no ha habido grandes brotes de enfermedades, ni cólera ni sarampión, a pesar de la devastación que causó el tifón”, indicó.