Ruanda: más de 30 años después del genocidio

Lorena Cobas González

Lorena Cobas González

Por Lorena Cobas, responsable de Emergencias de UNICEF España.

Definición de genocidio según la RAE: exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad.

Es una definición que puede parecer fría. Si no te paras a pensarla, puede incluso parecer algo sin mucho sentido. ¿Pero ocurre lo mismo si la vemos a través del ejemplo de un país concreto?

Hoy hace más de 30 años que empezó en Ruanda uno de los mayores genocidios de la historia.

Han pasado ya más de 30 años del episodio más oscuro de ese país.

La noche del 6 de abril  de 1994 la vida de todos los ruandeses cambió repentinamente. Esa noche las personas dejaron de ser vecinos, compañeros de clase o del trabajo, tenderos… para convertirse en amigos o enemigos según su origen étnico.

Ruanda: 800.000 tutsis asesinados

Ser un niño o niña, en este contexto, significaba que, de repente, el amiguito con el que jugabas en el patio o en el parque se convertía en un enemigo al que batir o del que huir. O que los vecinos que te cuidaban de vez en cuando, ahora querían matar a tu padre o a tu madre, y ya no te daban ni protección ni seguridad.

Esa terrible noche, tras el asesinato del presidente, las palabras más importantes en la vida de cualquier persona pasaron a ser hutu y tutsi. Según el grupo al que pertenecieras, así se escribiría tu historia durante los siguientes meses y años.

En solo 4 meses, el conflicto tuvo como resultado unos 800.000 tutsis asesinados a manos de los hutus.

Además, se utilizaron todas las armas posibles para atacar al enemigo, como violaciones en masa y mutilaciones. Un ejemplo claro de exterminio de un grupo social según la definición de la RAE.

Y las personas que no murieron protagonizaron uno de los mayores éxodos de refugiados de la historia hacia países como República Democrática del Congo, Tanzania o Burundi.

Este conflicto dejó heridas abiertas en toda la población de Ruanda, fueran hutu o tutsi. El sufrimiento y el dolor de lo vivido es algo que les acompaña desde entonces.

Hoy, más de 30 años después, nos unimos al recuerdo de las víctimas de este genocidio. Porque merecen ser honradas, y porque queremos que no se repita.

Ruanda, en la senda de los ODS

Hoy, más de 30 años después, necesitamos pensar en Ruanda como un país libre de violencia. Ha habido avances en la consecución de algunos Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente en el relativo al ODS 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas): se ha trabajado intensamente en la reconciliación nacional, fortalecimiento institucional y justicia post-genocidio.

Hoy, más de 30 años después, los niños, niñas y jóvenes están en el corazón del desarrollo, en palabras de Gloria Gatsinzi, presidenta de una Red de Jóvenes Defensores en una visita al Memorial del Genocidio de Ntarama: “Visitar Ntarama me recordó que la memoria no se trata solo del pasado, sino de nuestra responsabilidad de proteger el futuro. Me fui con un propósito más fuerte.”  

Hoy miramos a otros países y otros pueblos que están viviendo agresiones por su origen, raza o religión, y también queremos tenerlos presente. Porque dentro de algunos años podemos estar recordándolos como hoy hacemos con Ruanda.

Gaza, República Centroafricana, Sudán del Sur, Siria… Queremos que estos conflictos acaben, y que la violencia y el dolor que están causando se pueda superar.