Salvamos de la desnutrición al bebé Erick Samuel en Guatemala

Guatemala: 1 de cada 2 niños con desnutrición crónica.

Niño alimentándose gracias al apoyo de las brigadas nutricionales

22/01/2021

Erick Samuel, un bebé de 20 meses que vive con su familia en las montañas de Guatemala, presentaba un cuadro de desnutrición aguda.

No podía andar sin ayuda y estaba apagado. Si no le llegan a encontrar y tratar las “brigadas nutricionales” que apoyamos en este país, probablemente habría terminado sufriendo desnutrición crónica (retraso en el crecimiento y en el desarrollo físico y cognitivo).

Por eso, cuando repetimos una y otra vez que en UNICEF llegamos hasta el último niño o niña, esté donde esté, no lo decimos por decir. Te contamos su historia.

Erick habita en medio de una zona montañosa a dos horas de la capital del departamento de Huehuetenango, en el sur del país, y a siete horas de la capital nacional, Ciudad de Guatemala. Por eso, el acceso a los servicios sanitarios representa todo un desafío para su familia: el centro de salud más cercano se encuentra a dos horas de su casa y un hospital a cuatro.

"No caminaba solito, no estaba tan activo. Me sentía con temor y me preguntaba cómo recuperarlo de esa desnutrición", nos cuenta Floro Clemente, su papá, un agricultor de la zona, añadiendo que el coronavirus les ha afectado mucho, “económicamente y de otra manera”.

Lactancia materna y consejos sobre nutrición e higiene

Uno de cada 2 niños y niñas como él sufre desnutrición crónica en este país centroamericano, una estadística que podría seguir creciendo debido al impacto de la COVID-19. De hecho, la pandemia no ha hecho sino agudizar el aislamiento, el desempleo y la falta de acceso a alimentos en el departamento de Erick.

“Cuando el coronavirus llegó a Guatemala, impactó muy fuerte en la seguridad alimentaria debido a que faltan los medios de vida: el empleo y la baja en las remesas que las familias reciben de parientes en el exterior. Entonces hay menos alimentos en el hogar, y eso repercute en que los niños tienen una baja en sus alimentos”, explica nuestra especialista en Nutrición, María Claudia Santizo, quien subraya que “la desnutrición infantil es el problema más grande que tiene Guatemala”.

Mientras Guatemala estaba paralizado por el toque de queda debido a la COVID-19, desde UNICEF decidimos unir fuerzas con el Gobierno en la búsqueda activa de casos de desnutrición aguda: si las familias no podían llegar a los centros de salud, entonces habría que salir a buscarlas.

Desde julio de 2020, un total de 13 brigadas integradas por un nutricionista y tres auxiliares han analizado a 13.433 niños y niñas menores de cinco años en Huehuetenango, detectando 257 casos de desnutrición aguda y grave. “El 68% de los casos que hemos encontrado no habían sido detectados por el Sistema de Salud. Esto demuestra la efectividad de las brigadas”, concluye Santizo. 

Para hacer su diagnóstico nutricional, los especialistas miden la circunferencia media del brazo del bebé o niño pequeño con una cinta desechable para evitar los contagios.

Acto seguido se traslada la información a los servicios de salud, se hace una ficha de identificación de datos del menor con desnutrición, y se le da un tratamiento de suplementos vitamínicos y desparasitantes.

Brigadas nutricionales de Guatemala ayudando a un niño de una zona montañosa aislada

Las brigadistas nutricionales promueven también la lactancia materna exclusiva, explican cómo preparar y dar alimentos a los niños y, en estos tiempos de COVID-19, dan consejos sobre higiene y otros cuidados: “En la mayoría de las comunidades la gente está usando la mascarilla. De pronto vemos que la higiene en los hogares no siempre es la óptima y es algo que tenemos que tener en cuenta ahora por la pandemia”, dice la nutricionista y coordinadora de las brigadas de nutrición en Huehuetenango, Elisa Anleu.

Para que todo este trabajo tenga impacto en el presente y se mantenga en el futuro como algo arraigado en el seno de la comunidad, se busca involucrar al mayor número actores posible, como el Consejo Comunitario de Desarrollo, los ministerios de Salud Pública y de Alimentación, Agricultura y Ganadería, y la Secretaría de Seguridad Alimentaria Nutricional.

Los padres de Erick Samuel también tienen la mirada puesta en el futuro: Brenda Alva, su mamá, está embarazada por segunda vez y sostiene que la información que ha recibido de las brigadas nutricionales le parece fundamental para cuidarse mejor y que el bebé no nazca con deficiencias ni problemas de salud.

Mientras, su esposo Floro se ha involucrado más en la nutrición de su hijo. “He aprendido cómo darle sus alimentos, qué es lo que se les puede dar y qué no, según la edad. Si no hubiera sido por esto, a lo mejor mi bebé hasta se hubiera enfermado”. Floro nos muestra orgulloso cómo su hijo camina con pasitos lentos pero firmes. “Lo vemos muy diferente a cómo estaba. Gracias a las brigadas de salud pudimos controlarlo a tiempo del bajo peso y la desnutrición”.

La familia de Samuel ha pasado en apenas unas semanas de la incertidumbre a la esperanza: dicen que cuando el niño tenga 5 o 6 años, quieren llevarlo a la escuela: “Luchar para que saque la primaria o su básico y a lo mejor hasta tener una carrera”, sueña Floro.

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