En la primera línea de la respuesta al ébola

Desde UNICEF facilitamos el apoyo psicosocial para niños y familias afectados en la República Democrática del Congo.

En la primera línea de la respuesta al ébola

Wivine Kabala, trabajadora social en la República Democrática del Congo, con uno de los niños que llega al centro de atención contra el ébola. Allí permanen en una zona especial mientras sus padres reciben tratamiento. Foto tomada el 24 de junio 2026. © UNICEF/UN0877954/Benekire

 

08/07/2026

  • Se estima que casi 3 millones de niños, niñas y adolescentes corren el riesgo de contraer el ébola y verse perjudicados por la interrupción de los servicios básicos en el este de la República Democrática del Congo (RDC). 
  • Hasta el 28 de junio, estaban confirmados más de 1.200 casos y en torno a 360 fallecimientos en el país. 
  • Aproximadamente el 15% de los casos confirmados afectan a niños y adolescentes y más del 25% de las muertes. Cabe destacar que tienen casi el doble de probabilidades de morir que los adultos.  

Desde UNICEF estamos apoyando la respuesta al ébola en la provincia de Ituri. Allí, trabajadores sociales en la primera línea, dan apoyo psicosocial en los centros de tratamiento. Cerca de 135 niños y niñas han perdido a uno o ambos progenitores por el brote y ya están recibiendo apoyo. Acompañamos a una de estas trabajadoras para conocer cómo es su día a día.

La jornada de Wivine

Apenas son las 8 de la mañana cuando Wivine entra en el centro de tratamiento contra el ébola en Bunia. Como cada día, se pone su equipo de protección antes de reunirse con los pacientes y sus familias.

No es doctora ni enfermera. Sin embargo, su papel es esencial en la respuesta: se ocupa de brindar apoyo psicosocial a niños, niñas y familias, con el apoyo de UNICEF, en medio de una de las epidemias más temidas en este momento. 

Entre el miedo y la incertidumbre

En pocas horas, al centro de tratamiento llegan varios pacientes nuevos. Para todos, el diagnóstico es desconocido. Pero hay algo seguro: todos llegan con miedo. 

Entre ellos, una chica de 17 años acompañada por su hermano de 6 y un bebé de solo 3 meses. Su madre está hospitalizada en otro sitio. Están desorientados, tienen dificultad para entender, pero saben que los van a separar de su madre. 

Wivine se acerca a ellos, se sienta a su misma altura, y, con palabras muy sencillas les explica dónde están y qué va a ocurrir. "Están asustados, pero lo que más necesitan en este momento es ser escuchados y que se les tranquilice", explica. 

Restablecer la confianza

A lo largo del día, las familias llegan al centro en busca de noticias de sus seres queridos. Algunos llegan en estado de ansiedad, otros preocupados, muchas veces influenciados por los rumores sobre la enfermedad y los centros de tratamiento. 

Wivine siempre se toma el tiempo necesario para explicar, responder preguntas y desmentir la información errónea. En solo unas horas, habla con docenas de personas. Por la tarde, llega una familia afligida a recoger el cuerpo de un familiar querido. El dolor y la rabia se palpan, y la tensión enseguida aumenta en la entrada a esta instalación. Frente a esta situación, Wivine emplea toda su empatía para centrarse en el paciente. 

Primero escucha, después explica las medidas de seguridad establecidas para proteger a la comunidad. Poco a poco se van calmando los ánimos, a través de una escucha atenta y diálogo respetuoso. La familia termina aceptando las medidas de seguridad, ayudando a limitar el riesgo de transmisión dentro de la comunidad. Este trabajo de mediación no solo previene tensiones en el centro sino que garantiza que se cumplan protocolos esenciales para proteger a otras familias. 

Wivine, con su equipo de protección, en el centro de tratamiento del ébola.

Wivine, con su equipo de protección, en el centro de tratamiento contra el ébola. © UNICEF/UNI860035/Azizi

Wivine en la zona de descontaminación para protegerse del ébola.

Wivine en la zona de descontaminación para protegerse del ébola. © UNICEF/UN0877950/Benekire

Proteger a los niños en momentos críticos

Un rato después, un paciente rechaza el tratamiento que se le ofrece. Una vez más, la conversación respetuosa ayuda a reconstruir la confianza y prevenir que se interrumpan los cuidados. 

Al final del día, Wivine se dirige a la zona donde están los niños pequeños, es un entorno seguro donde los niños y niñas permanecen mientras sus padres o madres están en el centro. Algunos juegan, otros llaman a sus padres. Ella les ofrece un momento de tranquilidad, una sonrisa, pocas palabras y gestos esenciales para los niños y niñas que están pasando por una situación traumática. 

Apoyo psicosocial, clave en la respuesta

En contextos donde hay epidemias, más allá de los cuidados médicos, el apoyo psicosocial es esencial para proteger a la infancia, ayudar a las familias y reforzar la confianza en los servicios de salud. 

Por ello, bajo el liderazgo de las autoridades y con el apoyo de UNICEF y otros aliados, se han desplegado trabajadores psicosociales en centros de tratamiento y dentro de las comunidades. 

UNICEF cumple un rol facilitador en la atención, proporcionando un gestor de datos y 24 psicólogos y 60 asistentes (a través de la División Provincial de Asuntos Sociales y Solidaridad Nacional).

 

En Ituri, más de 2.500 personas (el 60% de ellas, mujeres y niñas) recibieron apoyo psicosocial individualizado gracias a este trabajo.

 

Además, suministros vitales

Ya hemos movilizado 180 toneladas de suministros para la prevención y control de la infección en RDC. Desinfectantes, jabones, equipos de protección individual, tablas de purificación de agua, bidones, medicamentos, entre otros, han llegado a Bunia. 

Junto a nuestros aliados, hemos formado y desplegado más de 1.000 trabajadores de la salud y comunitarios, llegando a 160.000 hogares en las zonas afectadas con mensajes de prevención del ébola. 

Más allá de las cifras, una respuesta humana

Al finalizar el día, los informes hablan de admisiones, altas, fallecidos y familias advertidas de la situación. Pero para Wivine, la realidad va mucho más allá de las cifras. 

"Cada día, ayudamos a niños, niñas y familias a superar su miedo y ganar confianza. Si esto no ocurriera, el acceso a la atención sería imposible", cuenta. 

Gracias a estos cuidados, más familias aceptan el tratamiento y respetan las medidas de prevención, lo que ayuda a reducir la expansión de la enfermedad. 

En la respuesta al ébola, apoyar a las comunidades es básico, igual que el tratamiento de la enfermedad. Sin confianza, el acceso a los cuidados es difícil, poniendo más vidas en riesgo. Actualmente, el trabajo de los equipos psicosociales ayuda a rebajar el miedo, reforzar el cumplimiento del tratamiento y proteger a los niños y niñas más vulnerables. 

Y gracias al compromiso de personas como Wivine, se consiguen comunidades más informadas, más unidas y capaces de superar estas situaciones tan complicadas.