Desnutrición infantil,
una lacra que
podemos evitar

Cada día, 15.000 niños y niñas menores de 5 años mueren por causas que podemos evitar. Casi la mitad de estas muertes están relacionadas con la desnutrición infantil.

En pleno siglo XXI la desnutrición infantil sigue siendo una de las principales amenazas para la supervivencia, la salud y el crecimiento de millones de niños. Más de 200 millones de niños y niñas menores de 5 años en todo el mundo sufren alguna forma de desnutrición.

La falta de alimentos suficientes y adecuados (en cantidad y calidad), la carencia de cuidados médicos que ofrezcan un diagnóstico y tratamiento ante la aparición de infecciones, y la ausencia de servicios básicos de agua y saneamiento, generan un círculo vicioso que desafía la vida de los niños. En el origen de todo está la pobreza, la desigualdad y los conflictos armados.

Pero acabar con la desnutrición y sus consecuencias sobre la vida de los niños es posible. Desde UNICEF damos una respuesta integral a la desnutrición: facilitando a madres e hijos la atención médica y nutricional necesaria; mejorando los servicios de agua y saneamiento; formando a trabajadores de salud y comunidades, y acompañando a los gobiernos para la implantación de sistemas de detección y prevención eficaces.

Desnutrición infantil, una lacra que podemos evitar

La diferencia entre la imagen de la izquierda y la de la derecha es la misma que entre la muerte y la vida. Khadija es una superviviente. Estaba famélica cuando llegó a un hospital apoyado por UNICEF en Nigeria. Su brazo apenas era más ancho que el dedo pulgar de su madre.

Yo también caí enferma y no pude darle el pecho , nos cuenta.

Después de 20 días de tratamiento con alimento terapéutico y medicinas, Khadija está muchísimo mejor. De hecho, ya le hemos dado el alta y ha vuelto a casa con su madre y una bolsa llena de sobres de alimento terapéutico.

Un peso, una cinta y alimento terapéutico contra la desnutrición infantil

Desnutrición infantil, una lacra que podemos evitar

El impacto de la desnutrición en la vida de los niños

  • Supervivencia infantil: La desnutrición aumenta el riesgo de contraer enfermedades potencialmente mortales como la neumonía, la diarrea, la malaria, el VIH/SIDA y el sarampión, ya que los niños desnutridos tienen un sistema inmune débil.
  • Educación: Los niños con desnutrición tienen limitaciones en la capacidad de aprendizaje como consecuencia del retraso en su desarrollo cognitivo. Además, se ponen enfermos a menudo, por lo que asisten con menos regularidad a la escuela. El nivel educativo de las madres también tiene un impacto directo en la alimentación que reciben los niños.
  • Pobreza: Las mujeres desnutridas tienen bebés con un peso inferior al adecuado, lo que aumenta las posibilidades de desnutrición en las siguientes generaciones y supone un serio obstáculo para el desarrollo y la sostenibilidad de los países.
  • Conflictos armados y desnutrición: En la actualidad existe el peligro de que se declare la hambruna en Sudán del Sur, Yemen, Nigeria y Somalia, poniendo en riesgo la vida de 1,4 millones de niños menores de 5 años. Los 4 países tienen conflictos armados.

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Preguntas frecuentes

Un niño con desnutrición aguda pesa menos de lo que le corresponde en relación a su altura. Se mide por el perímetro del brazo. Si no se trata, la desnutrición puede alterar los procesos vitales del niño y provocar un alto riesgo de mortalidad. Afortunadamente, existen tratamientos eficaces y poco costosos que salvan cada año millones de vidas.

Alrededor de 52 millones de niñas y niños sufren desnutrición aguda en el mundo. De ellos, 17 millones presentan desnutrición aguda grave.

Un niño con desnutrición crónica tiene menos altura de lo que le corresponde con relación a su edad. Cuando hay una falta de nutrientes continuada en el tiempo se reduce el crecimiento físico y el desarrollo mental.

Si no se previene, actuando durante el embarazo y antes de que el niño cumpla los 2 años de edad, las consecuencias son irreversibles y se harán sentir durante el resto de su vida. Una vez que un niño o niña sufre desnutrición crónica (también llamada retraso en el crecimiento) no hay tratamiento, y el desarrollo tanto físico como cognitivo se verá afectado (el niño no será tan fuerte, sano e inteligente como hubiera podido ser).

Un total de 156 millones de niñas y niños sufren desnutrición crónica en el mundo, la mayor parte de ellos en Asia Meridional.

El estado de hambruna es el estado de mayor alerta nutricional. Se declara cuando se cumplen al menos 3 de los indicadores que desarrollamos a continuación y afectan al menos a un 20% de la población.

1. Acceso a alimentos por debajo de las 2.100 kilocalorías por día

2. Tasa de desnutrición aguda por encima del 30% de los niños

3. Dos muertes asociadas a la desnutrición por cada 10.000 personas al día, o 4 muertes infantiles por cada 10.000 niños al día.

Hay otros factores agravantes, como:

  • Una enfermedad pandémica.
  • Acceso a menos de 4 litros de agua al día.
  • Desplazamiento de personas a gran escala
  • Conflictos civiles.
  • Completa perdida de fuentes de ingresos.

Sudán del Sur, en guerra desde hace tres años y medio, reunió todos estos macabros indicadores entre febrero y junio de 2017, convirtiéndose en la segunda hambruna del siglo XXI, después de la que sufrió el Cuerno de África en 2011 con un coste de más de 250.000 vidas.

Seguro que más de una vez te has preguntado por qué sigue habiendo hambre en el mundo si hoy en día producimos suficientes alimentos para abastecer a toda la población; por qué, a pesar del trabajo de las organizaciones humanitarias durante tantos años, se repiten emergencias nutricionales como la que ahora amenaza la vida de millones de niños en Sudán del Sur, Yemen, Nigeria y Somalia. No hay una única explicación: las guerras, el cambio climático y la inestabilidad política se sitúan como las principales causas.

1 de cada 10 personas en el mundo (unos 815 millones) pasan hambre; de ellas, casi 500 millones viven en países afectados por conflictos. La violencia provoca un efecto dominó que acaba dinamitando el estado nutricional de los niños:

  • Intensifica la inseguridad alimentaria –la población, que muy a menudo practica la agricultura de subsistencia, no puede cultivar–.
  • Dispara la inflación y el precio de los alimentos.
  • Destroza los sistemas de agua y saneamiento, esenciales para evitar diarreas y enfermedades que impiden que los niños asimilen los escasos nutrientes que reciben.
  • Inutiliza los centros de salud, por lo que los niños no pueden recibir atención médica para tratar la desnutrición.
  • Dificulta la entrega de ayuda humanitaria, tan necesaria para luchar contra el hambre.

El aumento de los desastres naturales -como inundaciones, ciclones y sequías- tiene un impacto negativo a largo plazo en la producción agrícola, lo que conduce a una subida de los precios de los alimentos. Las familias que no pueden asumir este coste no tienen capacidad para cubrir sus necesidades nutricionales, por lo que las tasas de desnutrición crecen, sobre todo entre los niños.

Además, el cambio climático también afecta a la disponibilidad de agua potable, con el consiguiente aumento de enfermedades como el dengue, la diarrea o el cólera, que causan millones de muertes infantiles año tras año.