¿Por qué sigue habiendo hambre en el mundo?

El mundo vive una nueva crisis de hambre que está poniendo en peligro la vida de millones de niños. ¿Por qué se repiten estas emergencias nutricionales? 
¿Por qué sigue habiendo hambre en África?

El hambre está amenazando de manera creciente la vida de millones de niños en el mundo. Sudán del SurNigeria, Somalia, Yemen... Son solo algunos de los países en los que la desnutrición infantil ha alcanzado niveles muy preocupantes.

Como sabemos, no es la primera vez que el hambre es una amenaza de primer nivel para los niños del mundo. Por ejemplo, en 2011, la crisis nutricional del Cuerno de África nos dejó durísimas imágenes de niños y familias intentando sobrevivir sin apenas alimentos. ¿Por qué se repite la historia? 

El hambre y la guerra

Los conflictos armados son una de las principales causas que explican por qué el hambre está llevando al límite a millones de niños en el mundo. La violencia provoca un efecto dominó que acaba dinamitando el estado nutricional de los niños. Estos son algunos de sus principales efectos:

  • La inseguridad alimentaria aumenta durante los conflictos porque la población, que muy a menudo practica la agricultura de subsistencia, no puede cultivar. Además, es habitual que la inflación se dispare, como en el caso de Sudán del Sur, donde ha rozado el 100% de media en 2018. El precio de los alimentos se vuelve inalcanzable para las familias.
  • La guerra destroza los sistemas de agua y saneamiento, esenciales para evitar diarreas y enfermedades que impiden que los niños asimilen los nutrientes de los pocos alimentos que pueden comer.
  • Muchos centros de salud quedan inutilizados, por lo que los niños no pueden recibir la atención médica que necesitan para tratar la desnutrición.
  • Además, los conflictos dificultan la entrega de ayuda humanitaria, tan necesaria para luchar contra las hambrunas. 

El hambre y el cambio climático

Los países con mayor incidencia de desnutrición infantil suelen ser muy propensos a sufrir sequías. Esto no solo perjudica a las cosechas, sino que también reduce la disponibilidad de agua potable, con el consiguiente riesgo de padecer diarreas al beber de fuentes contaminadas.

En los últimos años, el cambio climático está agravando los efectos de las sequías. Además, añade nuevos factores de riesgo ya que también provoca inundaciones inesperadas que destrozan los cultivos de un día para otro. 

El hambre y la inestabilidad política

La inestabilidad política en muchos de los países afectados es también parte del problema del hambre. La debilidad de las instituciones impide tomar medidas para luchar contra la desnutrición de la población, como por ejemplo, el almacenamiento de alimentos para hacer frente a las épocas de escasez.

El hambre y la inestabilidad política

En UNICEF luchamos contra el hambre

Desde UNICEF estamos trabajando sin descanso en las principales emergencias nutricionales de la actualidad. Llegamos hasta las zonas más aisladas para distribuir alimento terapéutico de urgencia para los niños que sufren desnutrición aguda. 

Durante 2017, proporcionamos este tipo de tratamiento a unos 4 millones de niños menores de 5 años en todo el mundo.  Y 2019 ya está siendo un año de mucho trabajo: millones de niños siguen necesitando alimento terapéutico para sobrevivir.

Lo más urgente ahora es salvar vidas, pero en UNICEF no dejamos de lado el trabajo de prevención para evitar futuras crisis nutricionales a largo plazo. La promoción de la lactancia materna, la distribución de agua potable y el acceso a los servicios sanitarios son pilares clave en nuestra labor diaria en todo el mundo.

El hambre es una lacra recurrente, pero eso no significa que no podamos acabar con ella. Un dato esperanzador: alrededor del 90% de los niños que reciben tratamiento contra la desnutrición aguda se recuperan.

Por eso, con la voluntad de los líderes políticos y con la ayuda de gente como tú, ¡es hora de plantarle cara al hambre!

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