Sudán del Sur: energía solar para refrigerar vacunas que salvan vidas

En Sudán del Sur, uno de los países menos electrificados del mundo, con temperaturas que superan los 40 grados, el sol y su energía resultan claves para mantener unas vacunas que salvan vidas.

Un niño es vacunado en Aboko, Sudán del Sur

11.01.2018

Samuel Peter sube al tejado de un edificio destartalado de la época colonial en la ciudad fronteriza de Akobo, en Sudán del Sur. Desde ahí, este ingeniero eléctrico de UNICEF puede ver el río Pibor y Etiopía al fondo.

Sudán del Sur es uno de los países menos electrificados del mundo, por lo que Peter está en la azotea instalando paneles solares. Pisa con cuidado sobre las oxidadas láminas de metal del edificio de salud del condado, no solo para evitar caídas, sino porque lo que hace es extremadamente importante.

Estas placas solares alimentarán dos refrigeradores que ayudarán a salvar decenas de miles de vidas, serán cruciales en lo que logísticamente hablando se conoce como la "cadena de frío", un control de la temperatura que mantendrá frescas unas vacunas primordiales para las niñas y niños del país.

Samuel Peter colocando una placa solar que salvará vidas

Samuel Peter, ingeniero eléctrico de UNICEF, colocando una placa solar.

Las vacunas deben mantenerse a temperaturas cercanas al punto de congelación, ya que son transportadas, desde países como India, donde se producen, hasta zonas remotas de crisis humanitaria. Nuestros funcionarios de salud utilizan refrigeradores para almacenar miles de minúsculos frascos de vacunas que luego se utilizarán para inmunizar a madres y niños contra enfermedades como el sarampión, el tétanos y la poliomielitis.

Para que esta cadena de frío no se rompa en el viaje a aldeas remotas, también se usan cajas de espuma de poliestireno y bolsas de hielo, que mantienen las vacunas frescas durante otros 7 días, llegando así a las personas que viven lejos de cualquier instalación médica.

"Me gusta mi trabajo. Es un trabajo que salva vidas. Si no mantuviéramos esta cadena de frío, las mujeres y niños no podrían ser vacunados, y veríamos muchos brotes de enfermedades que podrían matar a miles de personas", dice Peter, que es de Sudán del Sur y obtuvo su título en las universidades de Jartum y Kampala.

Sudán del Sur: alta mortalidad infantil

Sudán del Sur, el país más joven del mundo, se ve afectado por una guerra civil, y los indicadores de salud y bienestar para las madres y los niños se encuentran entre los peores del mundo.

La tasa de mortalidad infantil es de 64 niños por cada 1.000 nacidos vivos, es decir, 1 de cada 15 niños muere tras el parto. En UNICEF trabajamos duro para inmunizar a todos los niños en los países en desarrollo, donde las tasas de cobertura de vacunación suelen ser bajas.

En 2017, por ejemplo, vacunamos a más de 1,7 millones de niños contra el sarampión en las zonas de conflicto de Sudán del Sur. En diciembre, en Akobo, vacunamos a miles de niños durante una campaña de inmunización de dos días, y solo en los primeros ocho meses de 2017 se notificaron más de 20.112 casos de cólera, incluidas 388 muertes. Cerca de la mitad de los casos fueron entre niños menores de 15 años.

Vacunación en Akobo, Sudán del Sur

Una de las campañas de vacunación que salva vidas en Sudán del Sur.

"Los refrigeradores usan transmisión solar directa, una nueva tecnología que utiliza la energía del sol para alimentar directamente el compresor. No se almacena en una batería", explica Peter,. También nos cuenta que la energía solar es más barata y requiere menos mantenimiento que otros equipos, y que a diferencia de los generadores, la forma más común de producir energía aquí, no requiere combustible.

En los últimos 10 meses, Peter ha instalado alrededor de 90 refrigeradores de vacunas en todo el país, con un potencial enorme para para ayudar a salvar millones de vidas. Peter dice que esto supuso todo un desafío, debido al deficiente acceso a ubicaciones remotas causado por la violencia, caminos pobres y la temporada anual de lluvias: "es un trabajo muy difícil, algunos lugares no tienen acceso por carretera y tengo que cruzar por río hacia Etiopía y luego cruzar de nuevo a Sudán del Sur".

Gracias al duro esfuerzo de personas como él, se salvan miles de vidas cada día, y eso hace que todo el trabajo valga la pena.

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