¿Por qué otro invierno castiga a los niños refugiados en Europa?

Creíamos que no íbamos a tener que verlo más. Y, sin embargo, las imágenes de niños refugiados atrapados en el frío de Europa llegaron de nuevo a nuestros ojos y a nuestros corazones.
¿Por qué otro invierno castiga a los niños refugiados en Europa?

Casi un año después de que miles de niños refugiados acabaran empapados en el invierno de Idomeni, escenas parecidas se repiten en distintos lugares de Grecia y los Balcanes, esta vez a causa de las bajas temperaturas.

La ola de frío ha vuelto a situar en los medios el drama de los migrantes y refugiados. Y nos ha recordado que poco hemos avanzado en este drama humanitario que ha tocado a las puertas de Europa. Os contamos 5 de las muchas razones que explican este estancamiento:

1. El cierre de fronteras ha dejado a miles de personas atrapadas

Tras más de un año de llegadas incesantes a Grecia de familias desesperadas huyendo de la violencia, algunos países tomaron la decisión de cerrar sus fronteras. Esto provocó que miles de personas quedaran atrapadas en algunos países de la ruta de los Balcanes. 

En UNICEF calculamos que en Grecia y los Balcanes unos 23.700 niños refugiados y migrantes siguen atrapados, la mayoría procedentes de Siria, Irak y Afganistán. Entre ellos hay bebés y recién nacidos. Muchos están alojados en refugios no acondicionados para el invierno, pese a las temperaturas bajo cero de estos días.

Además, en marzo de 2016 se cerró un acuerdo de la Unión Europea con Turquía donde se establecía un mecanismo de control de los flujos migratorios. A consecuencia de esto, los recién llegados quedan retenidos en Grecia para analizar su situación y, si no son susceptibles de recibir protección internacional, a muchos se los envía de vuelta a Turquía.

2. Lentitud en las decisiones políticas

A pesar de haber sido la reivindicación más conocida de la crisis, el compromiso en torno a las reubicaciones y reasentamientos de refugiados a otros países europeos ha sido limitado y los progresos continúan produciéndose a cuentagotas.

Algunas decisiones, además de ser lentas, han ahondado en el problema. Es el caso, por ejemplo, de las normativas en materia de reunificación familiar. Varios países han endurecido las condiciones precisamente en estos meses. Nada de esto extraña, dado la inquietud política que generan las llegadas de migrantes y refugiados, incluso cuando son niños, y la creciente atmósfera xenófoba.

A pesar de este contexto, los migrantes y refugiados siguen viéndose obligados a dejar sus hogares por los conflictos y pobreza extrema. Italia y Grecia continúan pidiendo apoyos, pero no lo tienen fácil: la presión política y pública en Europa para que esto se solucione no es suficiente.

3. La coordinación entre países es deficiente

Los países tienen problemas de coordinación y son poco flexibles frente a los procesos y normativas de los países vecinos. La información y la colaboración no fluyen lo suficiente. Esto ha provocado que, en demasiadas ocasiones, el interés superior del niño no ha sido el interés al que se ha dado prioridad. Ha habido fallos graves en la identificación, registro y protección de los niños que cruzaban fronteras europeas y se ha ralentizado la adopción de medidas dirigidas a reunir a las familias.

4. Capacidad insuficiente y excesiva burocracia

En toda la Unión Europea, los procesos son altamente burocráticos y poco flexibles. Esto, unido a la falta de voluntad política, ha provocado que los recursos que se han dedicado a resolver la situación siguen resultando insuficientes. Esto es muy claro tanto en la gestión de los expedientes de asilo como en las decisiones relacionadas con los traslados de refugiados a otros países. Esta complejidad también tiene un impacto en el nivel más operativo de la respuesta de las organizaciones implicadas en la crisis.

Para agilizar el proceso de miles de demandas de asilo, se necesitan muchos funcionarios, intérpretes y mediadores en los países donde están los refugiados bloqueados. También para ejecutar los 160.000 reubicaciones previstas. El apoyo técnico externo sigue llegando con cuentagotas.

5. Sistemas de protección de menores sobrecargados

El número de niños que han llegado a Europa en los dos últimos años no tiene precedentes recientes. Más de 700.000 niños han solicitado asilo desde enero de 2015. Ello ha provocado el desbordamiento de muchos sistemas de protección de menores, muchos de los cuales ya tenían grietas que han salido a relucir en este contexto.

Este colapso ha sido más notorio en los países de primera llegada y es una de las razones que provocó que, durante meses, muchos niños no fueran ni tan siquiera entrevistados, y otros muchos acabaran retenidos en centros de detención. Hay niños que todavía viven en lugares inadecuados donde no se pueden garantizar su protección. No hay suficientes tutores con el grado de especialización que se precisa y siguen nombrándose con excesiva lentitud. El sistema educativo tampoco estaba preparado para poder incorporar a las aulas a tantos niños en un corto espacio de tiempo y una gran mayoría está sin escolarizar. Como colofón, las leyes e instituciones existentes en relación con la infancia no están adaptadas para responder a estos retos e incluso generan nuevas barreras…

No sorprende que reforzar estos sistemas lleve un tiempo y reformas importantes, también en el sistema de asilo europeo. Esta revisión está en marcha, pero requiere que primero los países se pongan de acuerdo. Nada fácil y nada rápido.

Muchas razones.

Ninguna de ella, ¡ni una sola!, justifica lo que está pasando.

Hay que redoblar esfuerzos. Hay que redoblar el compromiso. Cada uno el que le corresponde.

Sara Collantes

Especialista en migración y refugio de UNICEF Comité Español

 

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