Niños rohingya en Bangladesh:
vuelan cometas en Kutupalong

Ni el sol es capaz de evitar que los niños rohingya correteen por las estrechas y abarrotadas calles de Kutupalong. Cientos de miles de viviendas de bambú y plásticos forman este laberíntico asentamiento que alberga a los 688.000 refugiados rohingya que ahí han llegado, cerca del 60% niños.

Kutupalong, Bangladesh

29/01/2018

De Kutupalong impresionan muchas cosas. La cantidad de vida que tienen sus caminos. La basura en los rincones. Los olores. La, a pesar de todo, belleza de algunos de sus parajes. Allí, cada conversación se convierte en un reto porque, si las preguntas cuestan, las respuestas llegan incluso a doler. A ellos por revivir las atrocidades que  han vivido. A mí, por querer saber para poder abrir los ojos a un mundo que, con absoluta certeza, no comprende que hay que hacer algo para frenar este exterminio.

Mohammed llegó al campamento hace un año y desde entonces vive aquí con su familia. Salieron todos juntos de Myanmar, sus padres, sus hermanos y vecinos. Tuvieron que huir cuando comenzaron a quemar sus casas con ellos dentro: "yo tengo a toda mi familia, pero algunos amigos la han perdido", nos comenta.

Las historias que cuentan aquí niños y adultos superan la más cruenta de las ficciones. Pero la vida se abre paso incluso en las peores situaciones y también lo hace en Kutupalong. Enseguida un grupo de chicas, entre las que se está Rokiya sale a nuestro encuentro.

Rokiya, refugiada rohingya en Kutupalong, Bangladesh

Tiene 12 años y una historia poderosa. Es una mujer valiente. En Kutupalong no hay educación formal y ella, que echa mucho de menos ir a la escuela, quería hacer algo útil. Uno de los principales problemas que hay entre las chicas de su edad es la falta de conocimientos sobre la higiene femenina. Desde hace algunos meses -llegó en agosto de 2017-, junto con otras chicas de entre 11 y 14 años, colabora en uno de los centros apoyados por UNICEF para confeccionar compresas.

Desmenuzan el algodón, lo envuelven cuidadosamente en una tela y lo recubren con una rejilla. Y cuando tienen varias recorren el campo para charlar con las chicas de su edad y explicarles la importancia de su uso. Sus padres no aprueban lo que hace -la menstruación es un tabú para muchos rohingyas- pero ella quiere que las chicas conozcan bien esa parte de su vida para poder prevenir riesgos.

Niños rohingya: 141 Espacios Amigos de la Infancia

Entre las hileras de casas, se esconden pequeños comercios y sencillos lugares en los que comprar una bebida, una samosa o un huevo cocido.

Kutupalong es una pequeña ciudad imposible. Caminando, llegamos a uno de los 141 Espacios Amigos de la Infancia que UNICEF ha instalado hasta el momento. Los niños nos reciben con canciones y muchas risas. Están felices, tocando la carraca, jugando con pequeños animales, dibujando... Podría ser sin duda una clase con alumnos de primaria y párvulos de una ciudad cualquiera. Pero no lo es. Mi compañero Ben señala una pared cargada de dibujos y nos acercamos a ella: hombres con armas enormes, casas incendiadas, personas degolladas, sangre por todas partes…

Así es como comienza el proceso de recuperación. A través de los dibujos es como los pequeños sacan las atrocidades que han vivido. Con unos cuantos colorines expresan el miedo que sintieron. El terror de lo que vieron. Allí, sentada en un rincón, he tenido que cerrar más de una vez los ojos para no dejar escapar las lágrimas mientras conversaba con Tasmin.

Tasmin, refugiada rohingya en Kutupalong, Bangladesh

Hace cinco meses, dos disparos la dejaron huérfana con tan solo 7 años. Pero tuvo la valentía de huir, de salir corriendo. Puedo imaginarla corriendo despavorida, con sus enormes ojos marrones, asustada, sin rumbo. Un vecino de la zona que también huía se encontró con ella y juntos llegaron al campo. Ahora viene cada día al espacio de UNICEF porque "aquí estoy bien y salto a la comba", que es lo que más le gusta.

Cuando avanza la conversación y vamos dejando atrás los miedos, llega la confianza y entonces sale la palabra mágica. Amigos. Todos los niños que me encuentro por el camino cambian de semblante cuando hablamos de sus amigos, muchos han llegado con ellos, otros los dejaron allá y están deseosos de reencontrarse de nuevo, a otros se los mataron, pero aquí todos han hecho algunos nuevos. Comparten juegos, risas, estudios y confidencias. Vuelan juntos comentas que les hacen mirar a sus sueños y lograr que la pesadilla que han vivido, cada día, pese un poco menos.

Belén de Vicente

Jefa de Prensa de UNICEF Comité Español

Miles de niños rohingya huyen de la violencia. Ayúdanos a salvar sus vidas.

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