Los niños refugiados sirios que solo pueden imaginarse el colegio

Si nunca hubieras estado en un colegio, ¿cómo te lo imaginarías? A muchos de los niños refugiados sirios en Líbano, que nunca han recibido educación formal, la imaginación es lo único que les queda. Conoce cómo la situación económica está forzando a estos niños a renunciar a la escuela y entrar en el mercado laboral.
Los niños refugiados sirios que solo pueden imaginarse el colegio

La mayoría de la gente no puede imaginarse la vida sin educación. Dyana tampoco, pero ahora tiene que imaginarse cómo sería un aula porque nunca ha estado dentro de una.

"Me imagino el colegio como algo muy bonito. Con paredes llenas de dibujos de niños y niñas", dice. 

Es mediodía y Dyana está sentada en la sombra de la caseta a la que llama hogar en el valle de Bekaa, Líbano. Hay miles de asentamientos informales como este en Líbano.

Dyana tiene 13 años y debería llevar ya tiempo estudiando. Sin embargo, pasa los días en el campo trabajando por un salario muy escaso. Cuando llega a casa, antes de que caiga la noche, ayuda a su madre con las tareas de la casa y cuida de sus hermanas. 

Sus hermanas pequeñas no recuerdan nada más que la guerra. Dyana, en cambio, sí que tiene recuerdos de una vida más normal.

"Cinco años. Ese es el tiempo que llevo aquí. Vinimos para trabajar porque la situación se estaba poniendo muy fea en Siria", dice. "Nunca fui al colegio en casa así que no he aprendido a leer. Tampoco voy a la escuela aquí porque tengo que ayudar a mi madre".

Niños refugiados sirios: "Recojo patatas"

El valle de Bekaa concentra el mayor número de refugiados sirios en todo Líbano. En algunos pueblos, los sirios son más numerosos que los libaneses. Este país acoge al mayor número de refugiados per cápita en el mundo: 1 de cada 4 personas en Líbano son refugiadas.

El valle es una zona agrícola muy fértil, por lo que hay una alta demanda de mano de obra barata. El trabajo infantil está en alza. Los refugiados sirios adultos tienen acceso restringido al mercado laboral en Líbano, lo que a menudo obliga a los niños a convertirse en el sostén de sus familias. A los niños se les paga menos que a los adultos, no se les piden los papeles en los puestos de control y a menudo no conocen cuáles son sus derechos. 

"Recojo patatas en el campo bajo el sol porque necesitamos todo el dinero que podamos tener", dice Dyana.

Niños refugiados sirios: Dyana recoge patatas

El trabajo en los campos de Bekaa es estacional, lo que tiene un impacto directo en el absentismo escolar. Incluso cuando los niños están matriculados en colegios públicos, se ausentan durante ciertos periodos o lo abandonan por completo si la situación económica de su familia empeora. 

No solo está aumentando el número de niños sirios que trabaja, sino también el porcentaje de niños libaneses atrapados en las peores formas de trabajo infantil. Las familias libanesas con pocos recursos se enfrentan a los mismos desafíos que las familias refugiadas sirias, la mayoría de las cuales se han asentado en las zonas más pobres de Líbano. No obstante, 3 de cada 4 niños que viven y trabajan en las calles de este país son sirios.

"En este contexto, es muy difícil enfrentarse al trabajo infantil. Como a veces es el único ingreso de las familias sirias (además del apoyo de las diferentes agencias de la ONU y de las ONG), el salario de los niños puede suponer una gran diferencia para su supervivencia", dice Tanya Chapuisa, representante de UNICEF en Líbano. "Lo que podemos hacer es intervenir cuando se dan condiciones duras de trabajo infantil, promover la reducción de horas de trabajo y por último (pero no menos importante) conseguir que las familias sirias puedan mandar a sus hijos al colegio en lugar de a trabajar".

Niños refugiados sirios: puerta cerrada  

Las crisis prolongadas como las que viven Siria y sus países vecinos no solo interrumpen temporalmente la educación y la vida de los niños, sino que también pueden llegar a cerrar la puerta de la educación de por vida

La historia de Dyana es la historia de más de 2 millones de niños refugiados sirios en Oriente Medio. Niños cuya esperanza de recibir una educación ha quedado destrozada. 

Mohamed, que tiene 15 años y lleva 6 fuera del colegio, teme que sea demasiado tarde para él. "Cada año que pasa lo hace más difícil", dice. 

Hedinn Halldorsson

UNICEF Líbano

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