Informe Repercusiones de la guerra en Oriente Medio para los niños que viven en hogares en situación de pobreza monetaria

Una familia de Etiopía.

© UNICEF/UN0881875/Ayene

  • Hasta 23,4 millones de niños y niñas más podrían caer en la pobreza monetaria antes de que termine 2026 debido a las repercusiones del conflicto en Oriente Medio sobre la economía mundial.
  • La subida de los precios de los alimentos y la energía y las interrupciones del transporte marítimo están reduciendo el poder adquisitivo de las familias, con consecuencias especialmente graves para la infancia.

Informe (en inglés)

Este informe se basa en datos de más de 167 países y pone de relieve cómo el aumento de los precios de los alimentos y la energía, junto con las perturbaciones económicas más amplias derivadas de la escalada de las hostilidades —incluidas las interrupciones relacionadas con el cierre del estrecho de Ormuz—, están mermando la capacidad adquisitiva de los hogares. Como consecuencia, los niños y las niñas de los hogares más pobres se están viendo afectados de manera desproporcionada.

“Los niños y las niñas están pagando el precio de la escalada del conflicto en Oriente Medio, incluidos aquellos que viven mucho más allá de la región”, explica Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF. 

El informe contempla dos posibles escenarios en materia de pobreza: uno adverso y otro más grave: 

  • El escenario adverso refleja una perturbación económica moderada que podría conducir a 18,3 millones de niños y niñas más a la pobreza monetaria.
  • El escenario más grave contempla la hipótesis de alteraciones más intensas y prolongadas en los precios y la actividad económica, y prevé que 23,4 millones de niños y niñas adicionales podrían caer en la pobreza monetaria si la guerra continúa.

El análisis pone de manifiesto que la pobreza monetaria infantil es especialmente sensible a las perturbaciones macroeconómicas. De hecho, el aumento de los costes de los alimentos y la energía, junto con el limitado margen fiscal de muchos países, está reduciendo de manera directa la capacidad de las familias para satisfacer sus necesidades básicas.

Asia y África: mayor aumento de la pobreza monetaria

La mayor parte del aumento de la pobreza monetaria mundial se concentra en Asia y África, regiones que representan alrededor del 80% del incremento total. Ambos continentes registran índices de pobreza de referencia elevados y una alta vulnerabilidad a los desórdenes externos.

Por ejemplo, en Somalia, la crisis de Oriente Medio ha tenido consecuencias inmediatas. Los precios del combustible en Mogadiscio se duplicaron con creces pocos días después de la escalada, lo que elevó el coste de los alimentos, el agua, el transporte y la asistencia humanitaria en un momento en el que el país se enfrenta a una crisis de desnutrición cada vez más grave.

En Etiopía, las interrupciones vinculadas al estrecho de Ormuz han incrementado el coste del combustible, con el consiguiente efecto sobre los bienes de primera necesidad. El precio del gasóleo ha aumentado un 31% y los costes del combustible para operaciones humanitarias han subido entre un 50% y un 70%, lo que dificulta la entrega de ayuda a comunidades de difícil acceso.

En Nigeria, las perturbaciones económicas han agravado la pobreza en los hogares de ingresos bajos. Dado que destinan entre el 60% y el 70% de sus recursos a alimentos y transporte, cualquier aumento de precios, por mínimo que sea, se traduce en una reducción inmediata de su poder adquisitivo.

En Bangladesh, la subida del coste de alimentos básicos como el arroz, las lentejas, el aceite de cocina, las verduras, el pescado y las aves de corral agrava la presión que soportan las familias, y se estima que 1,2 millones de personas adicionales podrían caer en la pobreza.

Revirtiendo años de avances

Según advierte el informe, las repercusiones de la guerra están revirtiendo años de avances logrados a nivel mundial y, sin respuestas oportunas y específicas en materia de políticas, la crisis dejará a millones de niños y niñas aún más rezagados, ampliará la brecha de pobreza y dificultará la recuperación de las familias. 

Esta crisis está limitando el acceso de las familias a los alimentos, la asistencia médica, la educación y los servicios de protección, esenciales para garantizar el desarrollo físico y cognitivo de la infancia.

“Cuanto más se prolongue esta situación, más graves serán las consecuencias. El rápido aumento de los costes está dificultando cada vez más el acceso de muchas familias a los alimentos y a la educación. Para los niños y niñas que ya viven en la pobreza, estas crisis empeoran unas condiciones de vida de por sí muy difíciles y pueden tener consecuencias que se prolonguen durante toda su vida”, añade Russell. 

El impacto de la guerra en la pobreza infantil de España

En 2025, más de uno de cada tres niños, niñas y adolescentes en España (2,7 millones en total) vivía en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras que el 28,4% se encontraba en riesgo de pobreza monetaria. Los hogares con niños y niñas están especialmente expuestos al encarecimiento de la vivienda, la energía, la alimentación y el transporte. Según un análisis de UNICEF España, para estas familias incluso una subida moderada de los precios puede reducir todavía más su capacidad para cubrir sus necesidades básicas y empeorar las condiciones de vida de la infancia.

El Banco de España calcula que, de media, los precios serán un 3,6% más altos en 2026 que en 2025, principalmente por el encarecimiento de la energía asociado a la guerra en Oriente Medio. Además, el último dato del IPC muestra que, en junio, los precios eran un 3,2% más altos que en junio de 2025. Sin medidas específicas de protección, este aumento del coste de la vida agravará la pobreza infantil y empujará a más familias a una situación de mayor vulnerabilidad.

UNICEF: proteger a los niños de los peores efectos de la crisis

UNICEF hace un llamamiento a los gobiernos nacionales, a los gobiernos donantes y a las instituciones financieras internacionales para que protejan a los niños y niñas de los peores efectos de la crisis. Entre las medidas prioritarias figuran las siguientes: 

  • Proteger la financiación nacional e internacional destinada a los servicios y suministros de los que dependen los niños y niñas, como la salud, la nutrición, la educación y la protección infantil.
  • Ampliar y mantener los sistemas de protección social, incluidas las transferencias monetarias que tienen en cuenta a la infancia, garantizando la continuidad del apoyo antes de que se retiren las subvenciones.
  • Facilitar el acceso ininterrumpido de los niños, niñas y familias a servicios y suministros esenciales asequibles, por ejemplo, manteniendo niveles mínimos de gasto que se ajusten a la inflación.
  •  Ampliar el margen fiscal para proteger la inversión nacional en servicios esenciales, entre otras medidas, mediante la suspensión del servicio de la deuda o la reestructuración de la misma en contextos en los que el servicio de la deuda supera el gasto en salud, educación o protección social.
  • Establecer y aplicar sistemas de preparación centrados en la infancia que permitan prestar apoyo a los niños y niñas de forma rápida y a gran escala cuando se produzcan perturbaciones, en particular mediante la cooperación mundial para mitigar las repercusiones de las tensiones actuales y futuras.

“Esta crisis está poniendo en riesgo la vida y el futuro de los niños y las niñas. Si el mundo no actúa con rapidez, la confluencia de la guerra, la inestabilidad económica y el aumento de los costes sumirá a millones de niños y niñas en una pobreza aún más profunda. Podríamos ver cómo se desvanecen los avances en materia de desarrollo logrados con tanto esfuerzo”, concluye Russell. 

Edita: UNICEF, julio de 2026.

Informe (en inglés)