Sudán: los niños y niñas de Darfur viven en una delgada línea entre el abandono y la esperanza
Este es un resumen de las palabras de Eva Hinds, jefa de Comunicación de UNICEF Sudán, en la rueda de prensa celebrada hoy en el Palacio de las Naciones, en Ginebra

Material audiovisual disponible AQUÍ
GINEBRA/PUERTO SUDÁN, 30 de enero de 2026– “Hoy en día, en Darfur, llegar a un solo niño puede suponer días de negociaciones, autorizaciones de seguridad y viajes por caminos de arena bajo líneas del frente cambiantes. Pero el trabajo es fundamental, especialmente en lugares como Tawila —de donde acabo de regresar—, donde cientos de miles de niños y niñas han huido de una violencia indescriptible. También es allí donde sus familias han construido toda una ciudad con palos, paja y láminas de plástico. Nada en esta crisis es sencillo: cada movimiento se consigue con gran esfuerzo, cada entrega de suministros es frágil.
Y aún así, en estas condiciones, la ayuda está llegando. En solo dos semanas, UNICEF y sus aliados vacunaron a más de 140.000 niños, trataron a miles de ellos por enfermedades y desnutrición, restablecieron el suministro de agua potable a decenas de miles, abrieron aulas temporales y proporcionaron alimentos, protección y atención psicosocial. Es un trabajo minucioso y precario, que se lleva a cabo con un convoy, una clínica y un aula a la vez, pero para los niños de Darfur es la delgada línea que separa el abandono de la ayuda.
Acabo de regresar de una misión de 10 días en Darfur. A pesar de mis años de experiencia trabajando en situaciones de emergencia, lo que he visto allí no se parece a nada que haya visto antes. La magnitud del desplazamiento, la fragmentación del conflicto y el colapso de los servicios básicos han creado una situación en la que todos los niños y niñas están viviendo al límite.
Viajar por Darfur es extremadamente difícil. Las carreteras son en su mayoría de arena y piedras, y cada desplazamiento requiere múltiples permisos y una planificación cuidadosa para garantizar la seguridad de nuestros equipos. Nada de esto es sencillo. Pero es la única forma de llegar a la infancia, que durante meses ha tenido un acceso muy limitado a la ayuda.
Nada me ha preparado para lo que vi en Tawila. Me habían explicado que allí se refugian entre 500.000 y 600.000 personas. Pero estar dentro de esa vasta extensión de refugios improvisados —de heno, palos y láminas de plástico— fue abrumador. Parecía como si toda una ciudad hubiera sido desarraigada y reconstruida por necesidad y por miedo. Es una ciudad reconstruida por desesperación, más grande que mi ciudad natal, Helsinki, y todas esas familias están allí porque no tuvieron más remedio que huir.
En ese inmenso espacio, hubo momentos que permanecerán conmigo.
Mis compañeros y yo conocimos a Doha, una adolescente que acababa de llegar de Al Fasher con su tía y sus hermanos. Antes de la guerra, estudiaba inglés. Su nombre hace referencia a la suave luz que se ve justo después del amanecer, y ella encarna esa imagen: esperanzada y decidida. Nos contó que sueña con volver al colegio y, con el tiempo, enseñar inglés a otros niños.
En un centro de nutrición, conocimos a la tía de una niña llamada Fátima, que había sido llevada allí para recibir tratamiento por desnutrición. La madre de Fátima, su hermana, había fallecido a causa del conflicto. La tía abrazaba a la niña con fuerza, haciendo todo lo posible por mantenerla a salvo.
Y en un centro para mujeres y niñas, conocí a madres que no tenían nada. Me dijeron que no tenían comida, ni mantas, ni ropa de abrigo para sus hijos. «Los niños se están congelando», dijo una madre. «No tenemos nada con qué cubrirlos».
Estas historias personales reflejan solo una pequeña parte de una situación mucho más amplia en Darfur del Norte.
Sudán es la mayor emergencia humanitaria del mundo, pero también una de las menos visibles. El acceso limitado, un conflicto complejo y otras crisis mundiales que compiten por la atención hacen que el sufrimiento de millones de niños y niñas pase desapercibido.
Lo que he presenciado es una catástrofe humanitaria a gran escala.
Los niños y niñas de Sudán necesitan urgentemente la atención internacional y medidas decisivas. Sin ellas, los horrores a los que se enfrentan las personas más jóvenes y vulnerables del país no harán más que agravarse”.
Para apoyar el trabajo de UNICEF en la emergencia de Sudán: AQUÍ
Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja en algunos de los lugares más difíciles para llegar a los niños y niñas más desfavorecidos del mundo. En 190 países y territorios, trabajamos para cada niño, en todas partes, cada día, para construir un mundo mejor para todos.
Para más información:
Ildefonso González
UNICEF España, Tel: 609 16 00 51
E-mail: [email protected]
Para recursos audiovisuales suscríbete al canal de Telegram UNICEF España Multimedia
Más información y recursos, en nuestra nueva sala de prensa www.unicef.es/prensa