Son necesarias acciones inmediatas para limpiar el aire que respiran los niños en el sur de Asia

Declaración de la directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore

NUEVA YORK, 6 de noviembre de 2019 - “He estado en el sur de Asia, donde he podido ver de primera mano cómo los niños siguen sufriendo las graves consecuencias de la contaminación del aire.

La calidad del aire estaba en niveles críticos. Podías oler la niebla tóxica incluso llevando una de esas máscaras que filtran el aire. Desde todos los vecindarios se podía ver la contaminación ocultando edificios, árboles y personas. Los colegios y centros de trabajo estaban cerrados o tenían restricciones horarias. Con la llegada del invierno, la situación empeorará.

Alrededor de 620 millones de niños en la región están respirando aire contaminado y tóxico. Puesto que tienen pulmones más pequeños, respiran el doble de rápido que los adultos y carecen de sistemas de protección que el organismo desarrolla con la edad, los niños son los que más sufren sus efectos dañinos para la salud, entre ellos neurológicos.

La contaminación del aire está asociada a una de las principales causas de muerte de los niños: la neumonía, y está relacionada con el asma, la bronquitis y otras infecciones respiratorias. Además, daña el tejido cerebral y perjudica el desarrollo cognitivo en bebés y niños pequeños, lo que causa secuelas de por vida que pueden afectar a su aprendizaje y su potencial futuro. Hay evidencias que sugieren que los adolescentes expuestos a niveles altos de contaminación del aire tienen más probabilidades de experimentar problemas de salud mental.

La toxicidad que afecta al desarrollo cerebral de los niños y a su salud en general también es tóxica para la sociedad, y ningún gobierno puede permitirse ignorarla. Se trata de un efecto dominó extensivo. Cuando los niños están enfermos, suelen faltar a la escuela. En casos extremos, cuando el aire es muy tóxico, se decide cerrar los colegios, como hemos visto en Delhi esta semana. Los niveles de contaminación sobrepasaban el rango que los sensores son capaces de medir, superando por mucho lo que razonablemente se puede considerar seguro para los niños. Esto, claramente, presenta riesgos graves para su salud y su desarrollo.

Los gastos sanitarios aumentan si los niños necesitan atención y tratamiento. Además los padres pueden necesitar quedarse en casa para cuidar a sus hijos. Se pierden potenciales ingresos económicos y se reduce la calidad de vida. Los efectos de la contaminación del aire en los niños pueden notarse hasta su edad adulta.

UNICEF pide acciones urgentes para abordar esta crisis de calidad del aire. Los gobiernos de la región y de todo el mundo deben tomar medidas urgentes para reducir la contaminación del aire invirtiendo en fuentes de energía más limpias y renovables que reemplacen a los combustibles fósiles, proporcionar acceso asequible a transporte público limpio, aumentar los espacios verdes en las zonas urbanas, cambiar las prácticas agrícolas y proporcionar mejores opciones de gestión de residuos para evitar la quema al aire libre de productos químicos nocivos.

Los niños tienen derecho a vivir en un ambiente limpio y a respirar aire limpio. Debemos actuar ya”.

Acerca de UNICEF

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Belén de Vicente

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