Propagación del Ébola en RDC: “Es posible que veamos más niños y niñas afectados en los próximos días”
Declaraciones del Dr. Douglas Noble, responsable mundial de Emergencias de Salud Pública y Gestor de Incidentes Globales para el ébola de UNICEF, en el Palacio de las Naciones de Ginebra

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GINEBRA, 12 de junio de 2026– “Acabo de llegar de Bunia. Lo que he visto allí es algo que no se olvida.
Lo primero que te impacta es el contexto. El este de la República Democrática del Congo (RDC) lleva décadas sumido en el conflicto. Muchos niños y niñas y sus familias se han visto desplazados. Los hospitales y las clínicas suelen carecer de suministros. La gente está en constante movimiento —huyendo de la violencia, siguiendo las rutas mineras, buscando servicios—, lo que dificulta especialmente la vigilancia y la respuesta al virus.
Y la situación de la infancia es desafiante. En Ituri, más de la mitad de los menores de cinco años sufren desnutrición crónica. Más de uno de cada cinco son niños y niñas sin vacunar, lo que significa que nunca han recibido la primera dosis de la vacuna básica contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. Esto es un indicador del acceso limitado a la atención sanitaria. Se trata de niños que ya son muy vulnerables.
La capacidad para absorber cualquier factor de estrés adicional ya estaba al límite. Entonces llegó el ébola.
Los brotes de ébola anteriores en la región muestran lo que esto puede significar para los niños y niñas. Estos han representado una parte significativa de los casos y una proporción aún mayor de las muertes, siendo los más pequeños los que se enfrentan a las tasas de mortalidad más altas, y muchos de ellos han quedado huérfanos o separados de sus cuidadores.
Durante mi reciente visita al Hospital Rwampara de Bunia, en el epicentro del brote, los profesionales sanitarios me comentaron que la gente había dejado de acudir a las consultas de rutina por miedo. Pero cuando las familias dejan de buscar atención médica, los niños y niñas no reciben las vacunas y las enfermedades quedan sin tratar, y el brote empieza a cobrarse vidas a las que nunca había afectado directamente.
A 11 de junio, la República Democrática del Congo ha notificado 676 casos confirmados y 136 muertes confirmadas. La mayoría de los casos registrados hasta la fecha se han dado entre adultos social y económicamente activos, pero a medida que el brote evoluciona, debemos estar preparados para un aumento de la transmisión doméstica, lo que significa que es posible que veamos más niños y niñas afectados en los próximos días.
Los primeros síntomas en los niños —fiebre, diarrea, vómitos, cansancio y pérdida de apetito— son difíciles de distinguir de los de otras enfermedades, como la malaria, que es frecuente en Ituri. Por eso se puede perder un tiempo precioso antes incluso de que se sospeche la presencia del ébola.
Para la cepa de Bundibugyo no existe ninguna vacuna aprobada ni tratamiento específico más allá de los cuidados de apoyo. Eso significa que la preparación, la prevención y el control de la infección, así como fomentar la comprensión y la confianza de la comunidad, son nuestras herramientas de primera línea.
Y esa confianza no se puede dar por sentada. Una reciente encuesta de UNICEF U-Report realizada a 50.000 jóvenes en la República Democrática del Congo reveló que dos tercios no sabían cómo se transmite el ébola ni cómo protegerse, aproximadamente uno de cada cinco no creía que la enfermedad fuera real y casi un tercio no aceptaría a un superviviente de vuelta en su comunidad.
Cuando me encontraba en uno de los hospitales, me informaron de que había un cadáver en un campamento de desplazados cercano y que la comunidad aún no estaba dispuesta a entregarlo. Se estaba entablando un diálogo entre los profesionales sanitarios y la comunidad, pero aquello me recordó que es fundamental fomentar el entendimiento mutuo y la confianza. Por eso, UNICEF colabora con sus aliados para dar prioridad a la participación, la comprensión, la educación y la implicación de la comunidad en los sistemas de salud.
El plan de respuesta de seis meses de UNICEF está dirigido a 3,7 millones de personas. Hemos entregado 150 toneladas métricas de suministros en Bunia, hemos formado y desplegado a más de 1.600 trabajadores sanitarios comunitarios y movilizadores, así como a 24 equipos de descontaminación, que ya han llegado a más de 160.000 hogares.
También estamos estableciendo guarderías en instalaciones cercanas a los centros de tratamiento del ébola; se trata de espacios seguros donde se puede cuidar a los niños y niñas mientras sus padres reciben tratamiento. Nuestra primera guardería abrirá en Bunia en los próximos días.
Y la necesidad de esta ayuda es real. Nuestro personal sobre el terreno nos informó de una familia en la que la abuela, el padre y la madre fallecieron a causa del ébola, dejando a un bebé de una semana de edad que ahora se encuentra bajo estrecha vigilancia.
El brote también se ha extendido a Uganda, donde se han confirmado diecinueve casos y dos fallecidos. Uganda sigue en riesgo, especialmente a lo largo de los 800 kilómetros de frontera porosa entre ambos países. UNICEF está apoyando la respuesta nacional en 37 distritos de alto riesgo, incluidas las zonas de acogida de refugiados, los distritos fronterizos y el área metropolitana de Kampala.
Permítanme terminar diciendo que podemos evitar que los niños y niñas sufran lo peor. La detección precoz, una atención pediátrica de calidad, el seguimiento de los contactos y unas comunidades informadas y comprometidas pueden ayudarnos a controlar este brote.
Lo que necesitamos ahora son recursos, acceso humanitario y la confianza de las comunidades para tener éxito. UNICEF solicita 70,7 millones de dólares (61 millones de euros) para los próximos seis meses, de los cuales 17,4 millones (15 millones de euros) siguen sin financiación, como parte del plan de respuesta continental más amplio.
La República Democrática del Congo y Uganda ya han contenido el ébola anteriormente y, con el apoyo de la comunidad internacional, pueden volver a hacerlo”.
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Ildefonso González
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