“Ningún niño o niña debería tener que preguntarse si entrar en un aula o en un centro sanitario podría costarle la vida”
Resumen de las palabras de Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, en el debate del Consejo de Seguridad de la ONU sobre niños y conflictos armados

NUEVA YORK, 24 de junio de 2026 – “Una escuela, un hospital, un punto de abastecimiento de agua… nunca deberían ser un campo de batalla. Y ningún niño o niña debería tener que preguntarse si entrar en un aula o en un centro sanitario podría costarle la vida.
Sin embargo, para millones de niños y niñas que viven en situaciones de conflicto, esa es precisamente la realidad a la que se enfrentan cada día.
El último informe del secretario general sobre los niños y los conflictos armados recoge 38.558 violaciones graves verificadas contra niños y niñas en 2025. Detrás de esa cifra hay niños asesinados y mutilados, reclutados y utilizados por fuerzas y grupos armados, secuestrados, sometidos a violencia sexual, a los que se les niega la ayuda humanitaria y se ven privados de educación, salud y protección.
Estas cifras alarmantes solo reflejan una parte de la realidad.
Hay muchas más violaciones que no se denuncian debido a la inseguridad, las dificultades de acceso, el miedo a las represalias y los enormes retos que plantea documentar los abusos en zonas de guerra activa.
Estas cifras muestran que las protecciones de los niños previstas en el derecho internacional se están violando con mayor frecuencia y con un coste cada vez mayor. El informe también pone de relieve una evolución profundamente preocupante: por primera vez, las fuerzas gubernamentales y los actores afiliados a ellas son responsables de más violaciones graves contra los niños y niñas que los grupos armados no estatales.
Esta constatación debería alarmar a todos los Estados miembros representados en esta sala. Los Estados tienen la responsabilidad de defender los marcos jurídicos y normativos que protegen a la infancia, de garantizar que sus fuerzas cumplan con el derecho internacional y de investigar y exigir responsabilidades a los responsables de violaciones graves.
El informe identifica otras tendencias muy preocupantes. En primer lugar, los niños siguen siendo asesinados y mutilados a un ritmo alarmante debido a armas explosivas en zonas pobladas. En 2025, casi el 70 % de las víctimas infantiles se debieron a armas explosivas. Las cifras más elevadas se registraron en Ucrania, Afganistán, Myanmar, Israel, el Estado de Palestina y el Líbano.
Las partes en conflicto deben proteger a la población civil y no deben utilizar armas explosivas en zonas pobladas. Los Estados deben reforzar —y no debilitar— los marcos internacionales diseñados para proteger a la población civil, incluidos los niños.
Una segunda tendencia alarmante es el creciente número de niños y niñas sometidos a múltiples violaciones graves. En 2025, esta cifra volvió a aumentar, hasta superar los 3.100 niños y niñas. Esto significa que a un niño o una niña le han ocurrido varias cosas terribles. Son secuestrados o reclutados y, en muchos casos, también son víctimas de violaciones u otras formas de violencia sexual. Para las niñas en particular, el secuestro no suele ser una violación aislada. Marca el comienzo de un ciclo prolongado y atroz de abusos, explotación y exclusión social tras su liberación. Los niños y niñas que sobreviven a estas experiencias necesitan protección continuada, recuperación, reintegración y un apoyo centrado en los supervivientes. También merecen que se exijan responsabilidades.
Una tercera fuente importante de preocupación es el alarmante aumento de la denegación del acceso humanitario. En 2025, las Naciones Unidas verificaron más de 8 000 incidentes relacionados con restricciones a las operaciones humanitarias, ataques contra el personal y los bienes humanitarios, e interferencias en la prestación de asistencia. Las cifras más elevadas se registraron en Israel y el Estado de Palestina, Libia y Ucrania. Cuando se niega el acceso humanitario, los niños se ven privados de asistencia sanitaria, nutrición, educación, servicios de protección y otras formas de ayuda vital.
Además, los propios trabajadores humanitarios son objeto de ataques cada vez más frecuentes. La mayoría de los fallecidos, heridos o detenidos son trabajadores humanitarios locales que se encuentran en primera línea de las crisis en sus propias comunidades. Las partes en conflicto deben facilitar un acceso seguro, oportuno y sin obstáculos a los agentes humanitarios. Los Estados miembros deben ejercer su influencia para salvaguardar una acción humanitaria basada en principios y garantizar el respeto del Derecho internacional humanitario.
El informe señala un reto más amplio… y es que la naturaleza de la guerra está evolucionando rápidamente. El uso cada vez mayor de drones, sistemas autónomos y teledirigidos, y la selección de objetivos asistida por inteligencia artificial suscita graves preocupaciones, especialmente cuando estas tecnologías y armas se utilizan en zonas pobladas donde los niños viven, estudian y reciben atención.
Incluso en medio de estas tendencias preocupantes, hay motivos para la esperanza. La agenda sobre los niños y los conflictos armados sigue demostrando que el progreso es posible. En 2025, más de 13.000 niños abandonaron las fuerzas armadas o los grupos armados, y recibieron apoyo para su reintegración y protección por parte de UNICEF y nuestros aliados.
Permítanme concluir con seis recomendaciones.
En primer lugar, los Estados miembros deben ejercer su influencia para garantizar que todas las partes en conflicto cumplan con su obligación de respetar el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos. A la luz de la información contenida en este informe, nadie puede alegar desconocimiento sobre el impacto de la guerra en la infancia.
En segundo lugar, todas las partes en conflicto deben adoptar medidas concretas para proteger a los niños y niñas. Esto incluye proteger las escuelas, los alumnos, los profesores y el personal educativo, poner fin a los ataques contra la educación, abstenerse del uso militar de las escuelas, emitir órdenes de mando claras para proteger la educación y garantizar la rendición de cuentas por las violaciones.
En tercer lugar, los niños y niñas vinculados a fuerzas armadas o grupos armados deben ser tratados ante todo como víctimas. Deben ser liberados sin demora y entregados a organismos civiles de protección de la infancia para que reciban atención, se produzca la reunificación familiar y se lleve a cabo su reintegración.
En cuarto lugar, el Consejo de Seguridad debe seguir defendiendo y reforzando la agenda sobre los niños y los conflictos armados.
Esto incluye preservar el Mecanismo de Seguimiento y Presentación de Informes, garantizar que las decisiones sigan basándose en datos contrastados, mantener un Grupo de Trabajo operativo y que actúe con rapidez, y utilizar todas las herramientas disponibles para presionar a las partes a que se comprometan con la agenda y protejan a los niños y niñas.
En quinto lugar, los Estados miembros deben salvaguardar la acción humanitaria. El aumento de los ataques contra el personal humanitario y la creciente denegación del acceso humanitario son espantosos y deberían dar lugar a una acción urgente por parte de este Consejo.
Por último, los Estados miembros deberían reforzar los marcos jurídicos y normativos que protegen a los niños en los conflictos armados. Esto requiere un compromiso continuo con los tratados que han contribuido a reducir los daños a la población civil, entre ellos la Convención sobre la Prohibición de las Minas Antipersonales y la Convención sobre Municiones en Racimo. Esto incluye también el apoyo continuado a toda la gama de instrumentos internacionales destinados a proteger a la infancia, entre ellos la Declaración sobre Escuelas Seguras, la Declaración Política sobre el Uso de Armas Explosivas en Zonas Pobladas, los Principios de París, los Principios de Vancouver y la Declaración para la Protección del Personal Humanitario.
En un momento en el que los niños y niñas se enfrentan a niveles de sufrimiento sin precedentes en los conflictos, la agenda sobre los niños y los conflictos armados necesita un firme apoyo político y financiero.
Los recortes presupuestarios están debilitando las capacidades de protección infantil precisamente cuando las necesidades van en aumento. La protección de la infancia no puede ser una preocupación secundaria en materia de paz y seguridad. Debe ser un elemento central de la misma.
Los niños no inician las guerras y carecen de poder para detenerlas. Mueren, sufren y cargan con las secuelas de la guerra durante décadas. Les debemos más que eso. Les debemos un mundo en el que la guerra sea cosa de los combatientes y los niños sean libres de crecer, aprender y soñar en paz. ¿Es eso realmente pedir demasiado?”
Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja en algunos de los lugares más difíciles para llegar a los niños y niñas más desfavorecidos del mundo. En 190 países y territorios, trabajamos para cada niño, en todas partes, cada día, para construir un mundo mejor para todos.
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Belén Ruiz-Ocaña
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