Gaza: “Intento limpiarle las heridas, pero mi hija grita de dolor”
Las condiciones extremas atrapan a la infancia de Gaza en un ciclo interminable de sufrimiento

Material audiovisual:
- VÍDEO de las declaraciones de Salim Oweis, AQUÍ
- VÍDEO: La historia de Hind y su hija, Masa, citada en la declaración, AQUÍ
- Fotografías, AQUÍ
CIUDAD DE GAZA/GINEBRA, 29 de mayo de 2026 – “La imposibilidad de cubrir las necesidades básicas de los niños y niñas en Gaza los está atrapando en un ciclo interminable de sufrimiento.
Las experiencias de madres y padres desesperados que he conocido esta última semana lo ilustran mejor que cualquier explicación:
Hind no ha dormido desde que su hija Masa, de cuatro años, fue mordida por una rata durante la noche.
Como muchas familias, se refugiaron donde pudieron. En su caso, en la segunda planta de un edificio donde las aguas residuales se filtran por los techos y los roedores entran por las grietas y trepan por las tuberías expuestas.
La hija de Amani, Lemar, de siete años, ha desarrollado lesiones profundas y llagas en la cabeza, la espalda y las piernas debido a una infección bacteriana. Amani intenta limpiarle las heridas cada día con la poca agua limpia que consigue, mientras su hija grita de dolor.
La madre de Abdallah me ha contado que su hijo ha desarrollado una infección cutánea porque viven en una tienda junto a arena contaminada con heces. Ha hablado con médicos y necesita desesperadamente medicamentos, suficiente agua limpia y productos de higiene para ayudarle a recuperarse y protegerle de nuevas infecciones.
Abdel Aleem me ha dicho que su hijo Ahmad, de ocho meses, y su cuñada embarazada fueron mordidos hace un par de semanas. Han colocado sacos de arena alrededor de la tienda para intentar protegerse, pero las ratas simplemente los roen y atraviesan. Detenerlas es imposible.
El hilo común de todas estas conversaciones es el dolor desgarrador de madres y padres que ya no sienten que puedan hacer lo más básico para ellos: proteger la salud y la seguridad de sus hijos.
Basta con observar las condiciones en las que las personas se ven obligadas a vivir para entender por qué.
Sabemos que Gaza ya era uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Ahora, la población se hacina en aproximadamente el 40% del espacio que le queda disponible, refugiándose entre edificios destruidos, escombros y residuos sólidos que se acumulan sin cesar.
Las familias de toda Gaza no tienen suficiente agua limpia y se ven obligadas a elegir entre beber, lavarse o cocinar con la poca cantidad de la que disponen.
UNICEF intenta hacer llegar agua limpia al mayor número posible de personas, hasta 1,5 millones de personas al mes, pero existen importantes obstáculos:
En primer lugar, los ataques mortales contra las operaciones de distribución de agua, incluido el registrado recientemente en el punto de abastecimiento de Al Mansoura, donde dos conductores de camiones contratados por UNICEF murieron mientras intentaban recoger agua. Ahora, esta principal estación de abastecimiento, de la que dependen más de 250.000 personas, es inaccesible.
En segundo lugar, no se está permitiendo la entrada, en la cantidad necesaria, de los materiales imprescindibles para mantener los sistemas de agua y reparar las infraestructuras dañadas, como aceite lubricante, productos químicos para el tratamiento del agua y piezas de repuesto. Esto significa que no podemos reparar los sistemas con la rapidez necesaria para hacer llegar agua limpia a más niños y niñas, mientras que las instalaciones existentes corren el riesgo de dejar de funcionar por la falta de mantenimiento y el uso excesivo. Si no podemos repararlas, tendremos que depender únicamente de la distribución de agua en camiones cisterna, que es mucho más costosa y no permite llegar a la población con la misma eficacia.
En tercer lugar, los residuos sólidos se acumulan cada día. Tanto estos residuos como los escombros deben retirarse a una escala que actualmente es imposible, porque ya no queda ningún espacio accesible al que trasladarlos.
Los efectos de esta situación ya son evidentes en toda Gaza: niños y niñas con infecciones respiratorias y diarrea acuosa aguda, y más de la mitad de los hogares informando de enfermedades cutáneas. Las pulgas, los piojos y la sarna son habituales. Cada vez más niños y niñas necesitan hospitalización. Todo ello, sin un solo hospital plenamente operativo en toda Gaza.
La situación es igualmente grave en lo que respecta a la nutrición infantil. Aunque hemos logrado revertir la hambruna, el número de niños y niñas con desnutrición o en situación de especial vulnerabilidad sigue siendo extremadamente preocupante. Más de dos años de inseguridad alimentaria, viviendas precarias, acceso limitado al agua, condiciones de saneamiento terribles y brotes recurrentes de enfermedades han dejado a la población en una situación de extrema vulnerabilidad. Sin suficiente agua limpia ni combustible para preparar comidas adecuadas, incluso los niños y niñas que se recuperen gracias al tratamiento volverán rápidamente a caer en un ciclo de desnutrición, cuyos efectos pueden durar toda la vida.
Ninguna madre ni ningún padre debería encontrarse en una situación en la que no pueda proporcionar a su hijo lo básico para mantenerlo sano. Ninguno debería tener que ver cómo su hijo se retuerce de dolor por las lesiones o se desploma de debilidad debido a una diarrea completamente prevenible. Que esto esté ocurriendo debería ser, para todos, absolutamente inaceptable.
El acceso al agua, a alimentos nutritivos adecuados y a la atención médica no debería estar condicionado para ningún niño o niña, en ningún lugar.
UNICEF pide acceso seguro y sin restricciones para llevar a cabo las operaciones humanitarias, el levantamiento de las restricciones a la entrada de materiales necesarios para reparar con rapidez y mantener los sistemas de agua y saneamiento, y el cumplimiento del derecho internacional humanitario.
Solo entonces los niños y niñas de Gaza podrán empezar a liberarse del ciclo de sufrimiento en el que están atrapados”.
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