La historia de Jackson: sanar las heridas invisibles de la guerra
Desde la primera línea de la emergencia en Chad, las vidas rotas por la violencia y el conflicto reciben apoyo psicosocial de la mano de UNICEF.

En el este del Chad, donde retumba el eco del conflicto de la vecina provincia sudanesa de Darfur, Jackson Djimtobeye está en primera línea de la emergencia. Tiene 31 años, una libreta siempre a mano y una misión silenciosa: ayudar a reconstruir vidas rotas por la guerra.
Pero lo que más escucha Jackson no son gritos. Son silencios. Silencios de historias que no se cuentan pero que lo invaden todo. Silencios de mujeres, niñas y niños que han huido de la violencia extrema en Sudán y que llegan exhaustos al puesto de tránsito de Tiné.
«Sin un espacio tranquilo y seguro es difícil generar la confianza necesaria» explica Jackson.
Estos espacios seguros son la piedra angular del trabajo de protección a la infancia y apoyo psicosocial que desarrolla UNICEF en Chad con la población refugiada procedente de Sudán.
Historias que duelen y requieren tiempo
Jackson es uno de los profesionales desplegados por UNICEF para ofrecer servicios comunitarios de salud mental y apoyo psicosocial a la población refugiada en el este del Chad. Cada día atiende entre ocho y diez sesiones individuales, facilita grupos de apoyo y visita a familias recién llegadas.
Su labor comienza con los primeros auxilios psicológicos: estabilizar emocionalmente a quienes llegan desbordados por el trauma. Cuando detecta casos de traumas psicológicos severos que requieren atención clínica, los deriva a entidades especializadas como ADES (Agencia de Desarrollo Económico y Social).
Nada de eso es fácil en Tiné: no hay muchos espacios que proporcionen la privacidad necesaria, ni lugares silenciosos para escuchar a las mujeres, niños y niñas que llegan huyendo de la guerra.
Acompañar es la forma más humana de resistir
Los casos que atiende presentas una sucesión de heridas invisibles: depresión, ansiedad y violencias por razón de género.
Entre todas las historias que guarda, hay una que nunca olvida: la de una niña de 13 años de Darfur que había sufrido violencia sexual. «Al principio no podía hablar. Las palabras estaban atrapadas detrás de un miedo inmenso», recuerda.
Con paciencia, Jackson consiguió que la niña empezara a confiar y a relatar lo sucedido. Después, fue derivada al campamento de Iridimi para un seguimiento especializado. «Lo que empezamos a sembrar, tenemos que ser capaz de mantenerlo. Sin seguimiento la gente recae», insiste.
Estrategia de protección a la infancia de UNICEF
El trabajo de Jackson forma parte de la estrategia humanitaria de protección a la infancia desarrollada por UNICEF en Chad para dar atención humanitaria a la población refugiada procedente de Sudán, que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid y el Ayuntamiento de Barcelona.
Gracias a estas subvenciones, UNICEF ha podido reforzar los mecanismos de protección infantil en la provincia de Wadi Fira (fronteriza con Sudán), responder a riesgos de protección infantil entre refugiados, repatriados y comunidades de acogida, fortalecer servicios comunitarios de salud mental y apoyo psicosocial para 6.661 niños, niñas y adolescentes afectados, reforzar los procesos de reintegración familiar y brindar atención alternativa segura a 475 niños y niñas no acompañados o en situación extremadamente vulnerable.
La presencia de Jackson en Tiné, sus horas de escucha y su trabajo incansable, son posibles gracias a este esfuerzo conjunto. En un contexto donde la violencia predomina y los flujos de refugiados siguen aumentando, cada espacio seguro construido, cada sesión psicológica ofrecida y cada niña protegida son un pequeño triunfo frente al trauma. Acompañar es la forma más humana de resistir.