Amistades sin fronteras

Gracias a tu colaboración con el programa Unidos por los refugiados y migrantes, miles de jóvenes que se ven obligados a salir de sus países de origen encuentran en sus ciudades de acogida el cariño y el apoyo que necesitan.

Imagen de un joven de Bangladesh en Italia

Cuando Jumman llegó a Italia hace un año y medio desde su Bangladesh natal, aún no tenía la mayoría de edad, por lo que fue recibido directamente por un centro de acogida para menores no acompañados. Una vez allí, los mediadores le hablaron del proyecto Fianco a Fianco, una iniciativa promovida por UNICEF que tiene como objetivo conectar a jóvenes migrantes con voluntarios que puedan echarles una mano en el proceso de integración en la comunidad italiana. Aprender el idioma, crear una red de apoyo, conocer la ciudad donde van a vivir ahora, recibir apoyo emocional, hacer amigos… Todo cuenta a la hora de ayudar a los refugiados a volver a sentir que tienen un hogar.

A los pocos meses de llegar al centro, el joven conoció a Francesca, una italiana de su misma edad que se ha convertido en su mejor amiga y en su gran apoyo. “Nos reímos mucho juntos, nos tomamos el pelo todo el rato, pero con cariño y con respeto. Además, no tenemos una relación en plan mentor-alumno, sino una bonita amistad entre dos jóvenes que se ayudan mutuamente, nos explica Francesca. De hecho, a pesar de que solo son amigos desde hace unos meses, nos sorprende ver que tienen una complicidad como si fueran amigos de toda la vida, algo muy difícil de conseguir sobre todo cuando dos personas tienen contextos tan diferentes.

Imagen de Jumman, un joven bengalí

A pesar de sus diferencias, Francesca y Jumman solo necesitan una mirada para entenderse.

En este tipo de intercambios culturales, es importante para los refugiados y migrantes que haya un sentido de reciprocidad, es decir, que ellos perciban que no están recibiendo ayuda, sino que las dos partes salen igual de beneficiadas, tal y como nos explica Francesca: “Nuestra amistad es una experiencia enriquecedora para ambos, desde varios puntos de vista. Nos vemos a menudo y a veces damos un paseo por la ciudad, otras cogemos las bicis para dar una vuelta, quedamos para estudiar en el parque… Conoce Ravena mejor que yo, y es muy bonito ver tantos lugares a través de sus ojos”.

Uno de los objetivos del proyecto es que los jóvenes migrantes puedan sentirse cómodos para ser ellos mismos, con sus aficiones, habilidades, manías y gustos personales. De esta manera, podrán superar el estereotipo que les asocia con una condición de vulnerabilidad perenne: “Lo que me gusta de mi amistad con Francesca es que me trata como a una persona, no como a un número. Tiene un interés real por lo que opino y lo que le cuento, así que tengo la sensación de que puedo hablar de cualquier cosa con ella”, nos cuenta Jumman. Por su parte, Francesca nos confirma que “este proyecto es una forma de ver a las personas migrantes sin el filtro del victimismo, devolviéndoles la voz y la humanidad que muchas veces se les niega”. Ante todo, son jóvenes con las mismas inquietudes, sueños, miedos y aspiraciones que el resto.

Imagen de Jumman un joven bengalí con una joven italiana

Francesca acompaña a Jumman a hacer la compra en su paseo por la ciudad.

Lo bonito de esta historia es que el intercambio cultural con Francesca no se ha quedado ahí, sino que se está extendiendo a sus respectivos amigos: Jumman le ha presentado a otros jóvenes bengalíes y ella le ha metido en el grupo de sus amigos de la universidad. “Durante un montón de tiempo solo quedaba con otros chicos migrantes como yo, sobre todo de mi país, pero gracias a ella, conocí a otras personas y amplié mi círculo, lo que me ayudó a superar algunos prejuicios que tenía sobre los italianos. Sus amigos son muy amables y me han acogido estupendamente, al final tenemos miedo de lo que no conocemos, nos cuenta Jumman. Francesca, por su parte, nos explica que el joven “es una persona abierta, no juzga de manera negativa lo que es diferente a su cultura, digamos que tiene una mirada libre. Gracias a él, tengo la posibilidad de escuchar las historias de otras personas, está siendo muy enriquecedor”.

Imagen de dos jóvenes de diferentes culturas

A pesar de que el joven bengalí confía plenamente en su amiga, hay una cosa de la que sigue sin poder hablar: de su pasado y de todo por lo que ha tenido que pasar hasta llegar a su nuevo hogar: “A Jumman no le gusta hablar de cómo era antes su vida, y yo lo respeto. Cuando pienso que mientras yo estaba terminando bachillerato, él estaba luchando por sobrevivir en Libia, valoro mucho más la suerte que he tenido de nacer en esta parte del mundo”, nos explica Francesca en nuestro paseo por Ravena.

Como ves, la misión principal de esta iniciativa es que estos niños y jóvenes extranjeros dejen de ser invisibles para la sociedad y reciban la ayuda y el apoyo que necesitan para empezar de cero sin prejuicios ni barreras. Una vida mejor es posible para los refugiados y migrantes que llegan a nuestras fronteras, y tú estás siendo parte de la solución, así que te damos las gracias por impulsar a los jóvenes sean de donde sean.

 
© UNICEF/UN0605554/Remp
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