El agua potable es fuente de vida en Gaza

Con la ayuda indispensable de personas como tú, hemos podido devolver a los niños y niñas de la Franja el acceso a un derecho tan básico como el agua potable. La respuesta humanitaria de UNICEF llega cuando más se necesita, porque sin agua no hay vida. 

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La vida de las familias en Gaza está marcada por la incertidumbre. Muchas han tenido que abandonar sus hogares, trasladarse a campamentos improvisados y enfrentarse cada día a enormes dificultades para cubrir necesidades tan básicas como alimentarse, recibir atención médica o acceder a agua potable. 

Lo cierto es que, cuando pensamos en una emergencia humanitaria, lo primero que nos viene a la cabeza es la falta de alimentos o de un refugio seguro. Sin embargo, hay algo mucho más esencial: el agua. Sin este bien tan preciado no es posible cocinar, mantener una higiene adecuada, prevenir enfermedades ni, por supuesto, garantizar la salud de la infancia. Por eso, hace unas semanas cuando una avería, sumada al castigo que las infraestructuras básicas de Gaza han sufrido, hizo que cientos de miles de personas se quedaran sin agua potable y enfrentaran una peligrosa situación. 

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Los niños esperan en fila en un punto de distribución de agua apoyado por UNICEF en el campamento de Al-Mushtal, en el barrio de Al Rimal de la ciudad de Gaza.

De un día para otro, una de las principales desalinizadoras de agua dejó de funcionar. Un simple fallo en la línea eléctrica que la abastecía hizo que comunidades enteras vivieran una situación crítica, ya que la producción de agua cayó hasta un 80%. De todas esas familias que quedaron extremadamente vulnerables, tuvimos la oportunidad de conocer a Marah, que sabe perfectamente el esfuerzo que supone conseguir agua para ella y para sus hijos: Teníamos que caminar más de media hora para llenar las garrafas, y no todos los días había, nos cuenta.  

En cuanto UNICEF recibió la alerta sobre la avería, nuestro equipo se puso en marcha, ya que la respuesta tenía que ser rápida. Después de tantos años de experiencia en situaciones de crisis, sabemos que no podemos proteger a los niños sin agua. Así que nos pusimos manos a la obra para arreglar los daños en la red eléctrica que permitía el funcionamiento de la planta desalinizadora. Una infraestructura que extrae el agua del mar, la potabiliza y abastece a unas 600.000 personas, la mayoría familias desplazadas.  

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Niños de la comunidad beduina de Al-Awsaj, cerca de Ramala en Cisjordania, beben agua de un tanque de polietileno.

Gracias al trabajo conjunto de nuestros equipos y colaboradores locales, pudimos identificar dónde estaba el problema, qué materiales se necesitaban y cómo reparar la avería para que el suministro eléctrico volviera a funcionar y la planta volviera a estar a pleno rendimiento. De esta manera, miles de niños y niñas de Deir al-Balah y Al Mawasi volvieron a ver el agua brotar de los tanques y sistemas de saneamiento que hemos instalado en la zona. Una respuesta tan rápida solo es posible con el apoyo de programas como el de Unidos por Gaza. 

Como bien nos explica Jonathan Veitch, Representante Especial de UNICEF ante el Estado de Palestina, el agua salva vidas: “Los niños suelen ser los primeros en sufrir cuando no hay agua. Son más susceptibles a las enfermedades que los adultos, especialmente cuando están en zonas hacinadas, bajo tiendas improvisadas o en medio de las inundaciones y los escombros de la guerra”. Lo que para muchos de nosotros es un simple gesto cotidiano, como abrir el grifo y llenar un vaso de agua, para muchos se había convertido en una auténtica lucha diaria, algo que no podíamos permitir. 

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El acceso a agua segura transforma vidas: un pequeño celebra la llegada de recursos vitales que protegen la salud de su comunidad.

Además de esta actuación puntual, UNICEF continúa liderando la respuesta de emergencia en materia de agua, saneamiento e higiene junto con la Autoridad Palestina del Agua, lo que nos permite ayudar a 1,6 millones de personas cada mes. Este suministro llega mediante camiones cisterna que recorren largas distancias para alcanzar las zonas más afectadas y que todos los niños y niñas tengan el derecho a agua potable garantizado.

Detrás de todas estas cifras, hay historias reales como la de Marah y su familia, que ahora han recuperado la dignidad que les proporciona el agua limpia. Sin embargo, los desafíos continúan y las necesidades siguen siendo enormes. Cuando ocurren este tipo de imprevistos, más allá de los ocasionados por la guerra, las vidas de cientos de miles de personas penden de un hilo, por lo que necesitamos un compromiso real a nivel global por la apertura total de la ayuda humanitaria y un alto el fuego real.

Gracias por seguir colaborando a través de Unidos por Gaza. Con tu apoyo seguimos llevando una ayuda que salva vidas.