¿Y todavía nos preguntamos por qué los niños deben ir al Congreso?

Un grupo de 8 jóvenes acuden al Congreso para compartir sus preocupaciones y pedir rendición de cuentas a los diputados.

¿Y todavía nos preguntamos por qué los niños y niñas deben ir al Congreso?

El grupo de participantes de los consejos de infancia que acudió al Congreso el año pasado.

23/01/2019

El derecho a los niños a ser escuchados, también conocido como el derecho a participar, ha sido uno de los grandes aportes de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) para potenciar el rol político y social de la infancia y adolescencia pero, a su vez, ha sido uno de los principios de dicha Convención que más dificultades ha encontrado en el momento de ser ejercido por los niños, niñas y adolescentes de nuestro país.

Aunque la CDN cumpla sus 30 años de vigencia este año, muchos adultos siguen pensando que los niños no son capaces de tener sus propias opiniones (y mucho menos, ¡que estas sean coherentes!), expresarlas libremente y tomar decisiones. Muchas veces, sus opiniones causan gracia o sorpresa en los adultos.

Sin embargo, diferentes experiencias, entre ellas la conformación de los Consejos de Participación Infantil y Adolescente que promueve la iniciativa Ciudades Amigas de la Infancia, nos han demostrado que desde muy pequeños ya tienen preferencias y opiniones propias que pueden contribuir a identificar sus necesidades y a buscar soluciones a los problemas que les afectan de una forma simple y eficaz. Y que estas soluciones no solo son para sus propios compañeros, sino que benefician a toda la comunidad.

Por otro lado, algunos podrían opinar que otorgar a los niños el derecho a la participación implicaría desvirtuarlos, manipularlos, quitarles su infancia o traspasarles responsabilidades de adultos. Sin embargo, la Convención sobre los Derechos del Niño no impone a los niños la obligación de participar, sino que establece el derecho a hacerlo, sin obligar a ningún niño a asumir responsabilidades para las que no esté preparado ni tomar decisiones sobre temas de consecuencias imprevisibles o de los que no tenga información suficiente. En ese sentido, la CDN establece que para garantizar un desarrollo saludable, es importante propiciar que los niños asuman compromisos gradualmente, según su madurez.

11.000 niños y niñas ya están organizados

Desde UNICEF, en colaboración con corporaciones locales y con otras entidades de infancia, queremos abrir espacios de participación para que sus propuestas lleguen a quienes toman las decisiones sobre políticas públicas. Y parece que los resultados son positivos: actualmente, más de 11.000 niños y niñas están organizados en estructuras locales, como son los órganos o consejos de participación infantil y adolescente, en al menos 274 localidades reconocidas como Ciudades Amigas de la Infancia.

Y estos niños y niñas han conseguido articularse para, trabajando con una misma metodología desde sus pueblos y ciudades, articular consensos y propuestas comunes, que están listas para ser escuchadas en la institución más importante: el Congreso de los Diputados. Este jueves 24 de enero, 8 representantes compartirán sus preocupaciones y propuestas expuestas en el Manifiesto de Oviedo ante la Comisión de los Derechos de la Infancia y Adolescencia del Congreso de los Diputados… ¿Y por qué esto es tan importante?

En primer lugar, y como ya he mencionado antes, es un imperativo legal y obligación de los Estados, es decir todos los niños y niñas tienen derecho a ser escuchados y a expresar su punto de vista libremente sobre todo asunto que les afecte, a la libertad de expresión, de pensamiento, de asociación y al acceso a la información, y los estados deben garantizar, proteger y promover el cumplimiento de los derechos de todos los niños y niñas.

Debemos cambiar la mirada del adulto

En segundo lugar, porque debemos cambiar la mirada del adulto hacia la infancia. Visibilizar y dar espacio a las opiniones de los niños significa renunciar a una visión de la infancia como una etapa de la vida en que se poseen pocas aptitudes y solo se necesita ser protegido. Significa abrazar una nueva visión de los niños como personas y como grupo social distinto de los adultos, con necesidades y vivencias específicas, sin estar simplemente en vías de llegar a serlo. Significa tomar conciencia de que tienen una voz propia y que la misma puede contribuir a la sociedad en la que viven y al mundo en general.

En tercer lugar, porque la participación activa de los niños genera mecanismos más eficaces e inclusivos de gobernanza y una cultura de rendición de cuentas. Mediante el ejercicio del derecho a la participación, los niños y niñas experimentan un rol activo y útil tanto en la familia, en su comunidad, escuela, país, etc… En ese proceso se reconocen como actores sociales de cambio, con comportamientos democráticos basados en la tolerancia, incluyendo a las diferencias y con un alto sentido de pertenencia, justicia y de ciudadanía global. A su vez, la participación implica o facilita las relaciones de poder más equitativas entre los adultos y la infancia, y obliga a los tomadores de decisiones a rendir cuentas de sus acciones.

Y por último….porque nadie mejor que los niños y niñas conoce su realidad y, por su corta edad, no tienen posibilidades de participar en la política convencional. Si realmente queremos generar cambios reales en sus vidas y brindar las mismas posibilidades a todos los niños de desarrollarse plenamente, tenemos que incorporar su mirada, escucharlos y tomar en cuentas sus opiniones. Como nos dijo Marina, del consejo de participación de Santa Eulària des Riu en el Quinto Encuentro de participación de consejos en Oviedo, sus propuestas "no son de porcelana, sino de hormigón".

Lucía Losoviz

Responsable de Políticas Locales de Infancia y Participación de UNICEF Comité Español

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