Un día extraño

Escribe Vanessa Asensio, del Programa de Jóvenes Profesionales (JPO) de Supervivencia en UNICEF Mauritania Hace un día que he llegado de mi misión por el sur del país, y hoy ha sido un día raro, de reflexión y angustia en algunos momentos. El pueblo se llama Zeigrat y allí vive Mint, una niña de 2 años y 4 kilos. Su madre nos deja que la pesemos y midamos para saber si su hija sufre malnutrición aguda. No haría falta ninguna balanza; su estado de desnutrición es evidente. Inés, mi compañera, me llama para que la vea. Yo no puedo ver esto, le digo.

La miro con un cierto desasosiego y un no sé qué hacer. ¿Sobrevivirá?, le pregunto. “Si sigue el tratamiento sí”, contesta.  Una de las causas de su malnutrición ha sido que su madre no le ha dado pecho durante sus seis primeros meses de vida. Esto ha hecho que se debilite día tras día. Terminamos nuestra actividad y nos avisan de que una adolescente se ha puesto de parto. Llegamos a una casita de barro. Al entrar nos reciben la abuela, la matrona tradicional y otras mujeres. Una niña de unos 16 años, sentada en el fondo y  con su velo lleno de sangre, nos mira de reojo. Tiene las piernas estiradas, sobrepuestas una sobre la otra; sólo un plástico negro la separa del suelo. La semana pasada, en el mismo pueblo, dos madres murieron dando la vida. Hoy esta niña ha tenido suerte. Ahora me pregunto: ¿seguirá este bebé de apenas dos días el mismo camino que  nuestra pequeña Mint? Es increíble cómo la vida y la muerte, la muerte y la vida, se cruzan de una manera tan intensa. Hoy es uno de estos días que no quiero ver más; sólo quiero cerrar fuerte los ojos y estar cerquita de los míos.