Tras tres meses, vuelvo al principio

Esto lo escribí antes de volver a Madrid, aunque no había tenido la oportunidad de compartirlo con vosotros hasta ahora. Tras tres meses en Madagascar y pocos días antes de que terminase mi misión, volví a tener la oportunidad de visitar las mismas zonas afectadas por la emergencia que visité en julio, nada más llegar. Así que este post sirve para cerrar el círculo. Antananarivo, 27 septiembre 2007 Una vez más, queda constancia lo complicado que es llevar a cabo las operaciones de ayuda a los damnificados cuando las infraestructuras de este país inmenso, son primarias.

Aire, mar y tierra y más de 12 horas de viaje fueron necesarios para visitar las zonas afectadas y las labores de reconstrucción. Aunque ya han pasado unos meses, las actividades marchan a todo trapo para finalizar cuanto antes, porque la situación de muchos niños y niñas aun es complicada. Ver la evolución de determinados pueblos y ver resultados concretos es un aliciente impagable para ver que las cosas cambian y nos anima a seguir trabajando duro. Las tiendas de campaña que hacían las veces de escuela tras el paso de los ciclones, en breve serán sustituidas por las nuevas escuelas construidas por UNICEF. Me impresiona, una vez más, el dinamismo de mis compañeros de UNICEF, que aunque agotados tras tantos meses de intensa actividad, siguen trabajando jornadas muy largas para que las actividades de reconstrucción se realicen en los plazos acordados. Pozos de los que en breve comenzará a emanar agua transparente y potable. Nuevas escuelas que serán espacios amplios y seguros para los niños y niñas. Las nuevas escuelas (ALURONDA, de las que hable al comienzo de este blog), ya están casi finalizadas, después de meses de construcción, con la ayuda de las autoridades y la participación comunitaria.

En breve, regreso a España. Tres meses muy intensos, en los que he vivido momentos de inmensa alegría, me he empapado de la energía que desprende el pueblo malgache, pero en los que he vivido también momentos duros, momentos tristes, porque es complicado ver determinadas realidades para las que uno jamás esta 

preparado.Me voy triste, porque he conocido a grandes profesionales y mejores personas, y regreso contenta, porque vuelvo llena de energía, consciente de que aun quedan muchas cosas por hacer, y porque le he puesto nombre a muchos niños y niñas para los que UNICEF esta trabajando.

Y es por todos ellos, por los niños y niñas, por los profesionales y voluntarios de UNICEF que están al pie del cañón día tras día, a los que quiero dedicar mi último post sobre Madagascar.

Porque cada uno de nosotros somos un pequeñito granito de arena que juntos trabajamos para que todos estos niños y niñas tengan un futuro mejor.