República Democrática del Congo: retos como montañas, respuestas como océanos

Post de Blanca Carazo, Responsable de Proyectos de Cooperación de UNICEF Comité Español
 
En ocasiones el mundo duele, y una se muerde las ganas de enemistarse con él para siempre.
 
Cuando un bebé de 2 meses duerme con sus hermanos en un descampado, y su mamá, que vive en la calle desde que tenía 12 años, se prostituye, porque es la única forma que tiene de conseguirles algo de comer. Cuando la barbarie sobrepasa cualquier límite y una niña de 2 años llega a un hospital con la pierna cercenada de un machetazo tras haber visto cómo mataban a sus padres. Cuando, cada año, el cólera se lleva por delante las vidas de miles de niños porque el agua que beben está contaminada. Cuando una niña de 7 años es expulsada de su casa, sin más opción que sobrevivir en las calles, porque su familia la acusa de brujería, y ella misma llega a creer que es bruja y no merece ser querida y cuidada. Cuando, sin que el mundo se entere, 950.000 niños sufren desnutrición aguda severa y el desarrollo del 43% de los niños está amenazado por la desnutrición crónica. Cuando la violencia sexual se utiliza como arma de guerra y al año, 400.000 mujeres y niñas sufren agresiones por parte de grupos armados. Cuando la educación es, según la ley, gratuita, pero el salario de los maestros lo pagan las familias porque el dinero del estado no es suficiente, dejando a 5 millones de niños y niñas fuera de la escuela
Todo esto ocurre en la República Democrática del Congo, un país que, pese a su enorme riqueza en recursos naturales, ostenta el dudoso record de ocupar, junto con Níger, el último puesto (187) en el Índice de Desarrollo Humano del PNUD. Con una población de 75 millones de habitantes y una extensión en la que España cabe casi 5 veces, se estima que hay 8 millones de niños y niñas en situación de vulnerabilidad
 
Ante retos de tal magnitud, y en cifras cuya dimensión resulta paralizante, sobreviene la tentación de dejar de creer que el cambio es posible. Sin embargo, igual que ante una herida que duele, y tras la primera reacción de mirar hacia otro lado, se imponen las ganas de combatir la enfermedad; y la voluntad de querer hacerlo es la única arma necesaria para empezar a mejorar. 
 
El equipo de UNICEF en República Democrática del Congo, consciente de su responsabilidad para con la infancia, concentra sus esfuerzos en construir, junto al Gobierno, a otras agencias de NNUU, a ONGs nacionales e internacionales y a organizaciones de la sociedad civil, un país mejor para los niños. Día tras día,miles de personas y organizaciones avanzan en el largo camino hacia el cumplimiento de los derechos de la infancia en el país, permitiendo que la esperanza se abra paso.
 

MOTIVOS PARA RECONCILIARSE CON EL MUNDO

  • Cuando, gracias al trabajo de UNICEF con muchas organizaciones locales, muchas niñas vuelven con sus familias tras haber vivido en la calle.
  • Cuando los programas de desmovilización ofrecen a los niños vinculados a grupos armados una segunda oportunidadque comienza en los Centros de Orientación y Tránsito.
  • Cuando las víctimas de violencia sexual reciben los cuidados necesarios, a la vez que se activan campañas de prevención y mecanismos legales para acabar con la impunidad.
  • Cuando el reparto masivo de mosquiteras impregnadas de insecticida permite reducir del 19,6 al 5,4% la malaria entre los niños de 6 a 59 meses en algunos distritos de Bandundu.
  • Cuando los programas de escuelas y comunidades proveen de agua saludable a miles de comunidades, salvando miles de vidas al prevenir brotes de cólera y diarrea.
  • Cuando UNICEF negocia con el Gobierno para que aumente el presupuesto dedicado a la salud y la educación, y acepta el reto de rehabilitar y equipar 132 hospitales en todo el país, y formar a su personal.
  • Cuando las redes de agentes comunitarios en todos los rincones del país transmiten a las familias los conocimientos necesarios para cuidar mejor de sus hijos
 
Y todo esto ocurre también en la República Democrática del Congo, mediante una labor callada y a largo plazo de muchos actores, en la que todos los apoyos, incluyendo por supuesto la ayuda oficial al desarrollo, son necesarios y suman.   
 
Ante retos como montañas, respuestas como océanos, que, gota a gota, van dibujando el futuro que los niños y niñas congoleños merecen.