Por la inversión en la infancia

Por Aitana Valverde, cooperante vasca en Santo Tomé

Hasta Santo Tomé, pequeña isla del golfo de Guinea, nos van llegando noticias de la creciente fragilidad económica y social europea: los gobiernos elaboran planes de ajuste y recortes sociales históricos como respuesta a la crisis económica.
 
 
 

Estos planes implican básicamente recortes drásticos de gasto público, retrocesos en los sistemas de protección social, y suelen conllevar una flexibilización de los con frecuencia ya flexibles mercados laborales. Lo cierto es que da la impresión de que, si la especulación financiera y la desregulación han sido las causantes de la crisis, una vez más son las ciudadanos del mundo las que acaban pagando, con su empobrecimiento y el retroceso de sus derechos sociales.

Resulta curioso observar este fenómeno desde un país como Santo Tomé y Príncipe, pequeña isla enfrente de la costa gabonesa, en el que a pesar de los hallazgos petrolíferos -cuyos anunciados beneficios para la población no terminan de tomar forma- el concepto de “crisis económica” está casi en el olvido debido a que esta característica en este país es algo crónico. Una crisis económica perpetua lo acompaña fielmente desde su independencia de Portugal en el año 1975, más por iniciativa del colonizador que propia. La deuda externa es 1.5 veces superior al PIB, y eso a pesar de haber beneficiado de iniciativas de alivio de deuda. Presupuestos públicos favorables a la infancia Sin embargo, cuando se examinan los presupuestos generales del Estado, una se encuentra con cifras sorprendentes. El gasto en los sectores de salud y educación son de los más elevados del mundo en porcentaje del PIB. Debido a su historia política reciente de estado socialista,Santo Tomé y Príncipe mantiene cifras enormes (proporcionalmente hablando) de gasto a los sectores sociales, a pesar de sus trabas económicas brutales y crónicas, y con el apoyo de sus socios de desarrollo. Esta pequeña isla empobrecida no sacrifica el gasto a los sectores sociales, y por eso se mantiene entre los países de desarrollo medio a pesar de su pésimo ingreso per cápita, y mantiene indicadores excelentes de vacunación, de erradicación de polio, reducción de la mortalidad materna, control de la epidemia de VIH/SIDA, alfabetización, etc. Indicadores muy superiores a las de sus vecinos africanos de mayor renta per cápita. La primera quincena de junio en Santo Tomé se conmemora dos fechas esenciales para la infancia africana bajo el lema: “Presupuestar en favor de la infancia”. Este concepto ligado a las finanzas públicas resulta a veces difícil de manejar en las campañas de comunicación destinadas a niños, familias y comunidades. UNICEF Santo Tomé y Príncipe apoya el mantenimiento del gasto a los sectores sociales, y está llevando a cabo iniciativas formativas, de desarrollo de capacidades, de incidencia política y de comunicación en favor de la idea de“presupuestar a favor de la infancia”. Con la defensa de esta idea UNICEF cumple con su tarea de organismo pionero en la defensa de los derechos de la infancia y las mujeres y se alinea con las nuevas tendencias de la ayuda al desarrollo marcadas por la Declaración de París (2005) y la Agenda de Acción de Accra (“triple A” 2008). Esta idea de nombre abstracto implica en realidad la defensa de actuaciones muy concretas por parte de los gobiernos y sus socios internacionales de desarrollo.Supone el fortalecer los sistemas nacionales de gestión de finanzas públicas, continuar fomentando el gasto público adecuado a los sectores sociales con más influencia en las condiciones de vida de niñas, niños y mujeres, capacitar a las organizaciones de la sociedad civil en el análisis del presupuestos generales del estado para actividades de control e incidencia política y apoyar el desarrollo de instrumentos de ayuda externa que fortalecen el sector público (los enfoques sectoriales y apoyos presupuestario). De esta reflexión querría subrayar lo que más me atrae de “presupuestar” es la idea básica subyacente, el pensamiento central de todo esto. En un contexto de dificultades económicas extremas, déficit estatal crónico y deuda externa casi insostenible, UNICEF, como organismo internacional de desarrollo políticamente independiente, no pone en duda el gasto social. Porque los derechos de los niños y las niñas son irrenunciables y no exclusivos de los países desarrollados, y su cumplimiento es elemento básico del desarrollo económico a largo plazo, además de un pilar fundamental en el cumplimiento de los derechos humanos.