Niños en emergencias: Sabah vuelve al colegio

¿Te imaginas sobrevivir a un bombardeo en tu colegio? ¿Seguirías estudiando?
Niños en emergencias: Sabah vuelve al colegio

Cuando conocí a Sabah en 2014, era una tímida niña de 11 años que, en su corta vida, ya se había desplazado varias veces.

Sabah y su familia se vieron obligados a huir de su casa cuando la violencia irrumpió en su pueblo, Hayyan, al norte de Alepo. Después, estuvieron 3 años mudándose de un lugar a otro, viviendo con familiares, hasta que el destino hizo que se convirtieran en mis vecinos de al lado.

Fue en ese momento cuando mi vida y la de Sabah cambiaron.

Niños en emergencias: un nuevo comienzo

En Siria, es habitual dar la bienvenida a los nuevos vecinos. Así que cuando Sabah se mudó, fui con mi madre a dar la bienvenida a la nueva familia. La primera vez que vi a Sabah estaba junto a su madre, mirando al suelo.

Como voluntaria de campañas de educación, trabajo muy de cerca con familias desplazadas con niños que se han visto obligados a dejar el colegio. A través de sesiones de sensibilización, visitas a las casas y actividades lúdicas, 40 voluntarios tratamos de convencer a los padres para que sus hijos vuelvan al colegio.

Lo primero que me pregunté al conocer a Sabah y a su hermano de 7 años fue si estaban recibiendo algún tipo de educación.

“Están deseando volver al colegio, pero llevan más de 2 años sin pisar un aula”, me dijo su madre.

Niños en emergencias: estudiar en tiempos de guerra

Sabah y su hermano han visto en las noticias cómo su casa ardía. Han visto cosas que ningún niño debería ver nunca y se han enfrentado a la violencia y a la muerte casi a diario.

Volver al colegio no era solo el sueño de Sabah. Era la única forma que tenían de recuperar algo de normalidad en medio del caos de la guerra.

Entonces, decidí hacer algo por estos niños. Comencé a ir a su casa todos los días para ayudarlos a estudiar inglés, árabe, matemáticas y ciencias para que pudieran recuperar el nivel correspondiente a su edad. Fui con la familia a hacer todo el papeleo necesario para matricular a los niños en la escuela más cercana, donde se les hizo un examen para determinar el curso al que deberían asistir.

Estaban emocionados por volver al colegio, pero su lucha no se había terminado.

Apenas unos días más tarde, los ataques con mortero comenzaron a caer en la zona donde estaba el colegio. Su madre y yo sabíamos que los niños estaban en peligro, pero no podíamos movernos debido a los constantes bombardeos.

Niños en emergencias: impotencia

Fueron las peores horas de mi vida. Había luchado para que estos niños volviesen al colegio. Había calmado los miedos de su madre. Era responsable de su bienestar y ahora sus vidas estaban en peligro. No había nada que yo pudiera hacer.

Aquel día, Sabah y su hermano sobrevivieron al ataque mortal y llegaron a salvo a casa, aunque temblando de miedo.

“Estábamos en el sótano y el tejado comenzó a temblar”, me dijo Sabah. “No quiero volver nunca al colegio”.

Para estos niños, la decisión de volver al colegio no fue fácil, aunque finalmente eligieron continuar con su educación sin dejar que el miedo se interpusiera en su futuro. Días más tarde, los matriculamos en otra escuela de un barrio relativamente más seguro para que pudieran terminar el curso.

Este año, Sabah ha empezado séptimo en su antigua escuela del norte de Alepo.

“Espero que el conflicto no me obligue a cambiarme de colegio o dejar de ir para siempre”, me dijo.

Sabah, que ahora tiene 13 años, sigue enfrentándose a retos todos los días en Alepo, la ciudad más peligrosa del mundo. Un día, mientras dormía, una ventana se le cayó encima por una explosión cercana. Por suerte, el cristal de la ventana se había desintegrado en una explosión anterior, así que no resultó herida.

Estoy orgullosa de ver cómo Sabah mejora en el colegio cada día. No quiero decir que la ayudase porque ella fue la que dio esperanza y valor a mi vida.

Hay más de 1,7 millones de niños como Sabah en Siria. Es nuestra responsabilidad asegurarnos de que reciben la educación que merecen.

Asalah Sawas

Voluntaria de UNICEF en Siria

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