Lo Visible de lo Invisible

El terremoto en sí A las 6:35 p.m. del 15 de agosto tembló el corazón de todos los peruanos. El terremoto con 7.9 grados en la escala Richter con epicentro en Ica, se hizo notar en todo el país produciendo una verdadera hecatombe en Pisco, Chincha, Cañete e Ica, provincias situadas al sur de Lima. Alrededor de 550 personas perecieron y miles de ellas tuvieron que abandonar sus casas al producirse el derrumbe de gran parte de ellas en dicha región. Las instituciones sanitarias y públicas desaparecieron en su totalidad, tanto estructuralmente como emocionalmente.

El terremoto en sí A las 6:35 p.m. del 15 de agosto tembló el corazón de todos los peruanos. El terremoto con 7.9 grados en la escala Richter con epicentro en Ica, se hizo notar en todo el país produciendo una verdadera hecatombe en Pisco, Chincha, Cañete e Ica, provincias situadas al sur de Lima. Alrededor de 550 personas perecieron y miles de ellas tuvieron que abandonar sus casas al producirse el derrumbe de gran parte de ellas en dicha región. Las instituciones sanitarias y públicas desaparecieron en su totalidad, tanto estructuralmente como emocionalmente. Toda la población en estado de shock y de duelo se observaba impotente para reaccionar ante tal evento. La cooperación internacional se hizo notar con su presencia... pero a pesar de la amplia preparación, es en estas situaciones límites donde “siempre se cometen los mismos errores”: no había una clara coordinación entre la ayuda humanitaria y la distribución de la misma; las autoridades gubernamentales percibían una realidad muy distinta a la que vivían los propios habitantes locales; la población sufrió un bombardeo de información no fiable que condujo a la desesperación; las fuerzas de seguridad olvidaron su rol de protección a la sociedad civil; el “censo de los damnificados” se hacía esperar; el apoyo psicosocial a la comunidad, supervivientes y trabajadores de la cooperación se dejó en segundo plano; las zonas rurales y la gente más vulnerable, desesperada por la falta de víveres, se vio obligada en algunos momentos a emigrar hacia otras ciudades en busca de la ayuda… En fin, no se veía un rol de liderazgo claramente definido que se hiciera cargo de la situación.

El terremoto de la pobreza En medio de toda crisis, la comunidad sureña de Perú habló: “…Reivindicamos el derecho a NO ser llamados víctimas pasivas, sino a ser llamados damnificados, gente activa que interviene en el proceso de emergencia. Reivindicamos el derecho a NO reconstruir, sino a CONSTRUIR una vida mejor. Ya antes del sismo la mayoría de nosotros no gozábamos de una vivienda en condiciones, sufríamos de maltrato, abusos, explotación o cualquier otro tipo de violación de derechos humanos. Existía una determinada indiferencia política, escasez de servicios sanitarios y educativos a los que acceder. El alcoholismo y otros tipos de drogas psicoactivas yacían en determinadas comunidades como una forma de evasión de los problemas que nos acontecían desde antaño. La exclusión social era percibida por nuestros ojos cotidianamente. El terremoto se ha encargado de dejar al desnudo toda nuestra pobreza económica y social…y de visibilizarla públicamente…” Gran parte de la población residente en Pisco, Chincha y Cañete son hijos de la violencia. Violencia política que sacudió a Perú con el grupo insurgente Sendero Luminoso en los ochenta, que provocó una verdadero desplazamiento y flujo migratorio desde Ayacucho a determinadas ciudades del país incluidas las afectadas por el terremoto. De ahí la desconfianza, desestructuración y exclusión social de las personas de esta región. Los hijos e hijas de la tragedia En medio de esta hecatombe del sismo descubrimos que el terremoto existía previamente. Es en estas situaciones cuando se acentúan los problemas para el colectivo poblacional más vulnerable: los niños, niñas y adolescentes de la zona. Chicos y chicas desprotegidos, sin apoyo familiar y 
social, sin escuelas, profesores, alimentos, abrigos, sin hogar, bajo el polvo irrespirable y contaminado de un entorno desolado y lúgubre… Ellos son los hijos e hijas de la tragedia.

Protegiendo nuestros tesoros Desde un primer momento UNICEF priorizó su rol de facilitar agua, saneamiento, sales rehidratantes para prevenir las muertes por diarreas y suplementos de micronutrientes. Posteriormente, y a petición del gobierno, ha participado en la organización y coordinación de las diversas instituciones, poniendo realmente énfasis en la protección y atención psicosocial de los niños, niñas y adolescentes afectados. En estos momentos, dentro del área de protección de derechos del niño, niña y adolescente se están priorizando las siguientes actividades: En primer lugar para los niños y niñas de 0 a 3 años se están reactivando los denominados “wawa wasi” que son espacios seguros donde los pequeños reciben alimentos básicos -papilla- con el propósito de que éstos no participen del ambiente contaminante que envuelve la ciudad. Al mismo tiempo, junto con estos espacios, se están implementando los “Módulos de Atención Integral” que son zonas donde los niños y niñas están protegidos y atendidos, pueden jugar, y donde se les pueda brindar algún tipo de estimulación temprana, además de fomentar un “vínculo saludable” madre-hijo que calme en la medida de lo posible la situación de ansiedad que aun están viviendo.

En los albergues se están acondicionando ludotecas, espacios de juego atendidos por personas de la misma comunidad donde se reciben, acogen y escuchan a niños, niñas y adolescentes de diferentes edades (de 3 a 5 años, de 6 a 12, y de 13 a 18) con la intención de que se distraigan y de que esto los ayude a superar la situación de crisis, al mismo tiempo que se potencian las capacidades de socialización con sus compañeros. Recordemos que al igual que las personas adultas pueden expresar sus sentimientos y emociones con palabras, los más pequeños utilizan el juego y el dibujo como lenguaje para canalizar sus emociones, sus sentimientos, sus frustraciones, su ansiedad, su ira, y todo un cúmulo de estados anímicos que sienten en estos momentos.

Compartir es también salud mental

Una reflexión. Queda mucho camino que recorrer para devolver la dignidad al pueblo sureño del Perú, y a otros pueblos que tanto lo merecen, no olvidemos que la

 riqueza del norte procede en gran parte de la pobreza del sur, todos podemos ayudar -cada uno a su manera- a crear un mundo menos injusto… Desde la Tierra de los Incas, Sueña lo que quieras soñar…Ve donde quieras ir…Se lo que quieras Ser… Pero no olvides que existe otra realidad… No olvides a aquellos que más te necesitan: los niños, niñas y adolescentes del terremoto, de la pobreza, de la violencia, de la exclusión… de la Desprotección….Juan Francisco García Talavera Cooperante de UNICEF en Perú.