Jimani: la puerta de entrada para la ayuda humanitaria en Haití

Tamar Hahn trabaja para UNICEF en Panamá y ha llegado a República Dominicana y Haití para participar en la acción de emergencia.

 Jean Paul Gerry tiene siete años, está sentado en su cama en un pequeño hospital en la ciudad fronteriza de Jimani y gime de dolor. Tiene vendados el brazo y la pierna y su cara está inflamada con una mejilla seriamente lesionada. Dos de sus hermanos están también en este hospital. Los tres quedaron heridos durante el terremoto que arrasó su ciudad natal, Puerto Príncipe. Lo que Jean Paul no sabe aún es que su madre, su hermana de 18 meses y un hermano que habría cumplido 14 años hoy murieron durante el terremoto. Y sin embargo, Jean Paul se cuenta entre los pocos haitianos afortunados que han logrado hacer el viaje de 90 minutos de Port-au-Prince a Jimani inmediatamente después del terremoto y reciben ahora atención médica en la República Dominicana. Muchos niños heridos están todavía en la ciudad devastada, donde tienen acceso reducido al tratamiento médico y están, en muchos casos, absolutamente solos. Un hospital casi desbordado Jimani es una ciudad pequeña, polvorienta que en épocas normales sirve como centro de comercio entre la República Dominicana y Haití. Desde que se produjo el terremoto, se ha convertido en el punto de entrada para las tareas de socorro y un refugio seguro para aquellos haitianos capaces de cruzar la frontera. El hospital es pequeño y está ahora a punto de verse desbordado. Hay camas por todas partes: los colchones están por el suelo y en los vestíbulos. Doctores y enfermeras se mueven frenéticamente de una cama a la otra, haciendo todo lo posible por ocuparse de los heridos. Las lesiones de las víctimas son principalmente traumatismos en las extremidades, resultado de la caída de escombros durante el terremoto, y se están practicando muchas amputaciones. Al otro lado de la calle está la Fortaleza del Rodeo, un complejo militar transformado ahora en un centro de asistencia humanitaria. Los soldados dominicanos están de pie fuera de sus barracones desde que el personal de UNICEF, la OMS, el PMA, el UNFPA y otros organismos han ocupado sus oficinas para coordinar el flujo de provisiones que llega a Haití. El personal de protección civil dominicano han montado sus tiendas de campaña en el patio y planea la sombra de los helicópteros que traen suministros y se llevan a los heridos."Esto es sólo el comienzo" El paso fronterizo está a sólo una milla de distancia de este edificio. En el lado dominicano de la valla fronteriza, los camiones se alinean a la espera de poder cruzar a territorio haitiano. Las provisiones pasan lentamente pero la falta de comunicación con Haití y los escombros que ensucian las calles de Puerto Príncipe hacen la distribución difícil. En el lado haitiano, las ambulancias entran a ritmo constante. Los coches también pasan, llenos hasta arriba de familias haitianas que transportan a los heridos, con miradas aturdidas en rostros marcados por el agotamiento. "Esto es sólo el principio," dice Pilar Cerdeña, Especialista de Emergencia de UNICEF . "Conforme los días pasen, más personas van a intentar llegar aquí y tenemos que estar preparados".

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