Haití, un país con ganas de salir adelante

Por Virginia Pérez, Especialista en Protección de la Infancia. Ya no vivo en la tienda de campaña ni en el prefabricado, ahora vivo en un piso en Petion-Ville. Para ir a trabajar cruzo media cuidad, 45 minutos dan para ver muchas cosas: las mujeres y niños se duchan tranquilamente en la Plaza Saint Pierre, en una de las esquinas, a la vista de todo peatón o conductor. Niñas vestidos de uniforme con vistosos lazos rojos en el pelo. También veo hombres y mujeres limpiando escombros, mano a mano, o sea cogiendo ladrillo a ladrillo con las manos.

 Veo edificios de tres y cuatro plantas destrozados ¡y aun me impresiona tanto!

Adelantamos un tanque de agua, y varios vistosos tap-tap (taxis locales) abarrotados de gente, veo mujeres (algunas ancianas) que venden frutas y verduras en la calle, en grandes cestos de paja. Veo montañas de escombros. Veo letrinas en las aceras. Gente que vende su ropa vieja, el juego de tazas de café de la abuela. Veo pintores vendiendo sus cuadros en la calle. Últimamente se ven muchos colchones a la venta, también en la calle. Y a pesar de todo, 6 meses después del terremoto, veo vida, mucha vida. Los haitianos muestran su fortaleza y capacidad de supervivencia cada día. Queda mucho por hacer para que la gente deje de vivir en las calles, para que todos tengan acceso a servicios básicos, pero por algún motivo, Haití me llena de optimismo, porque la mayor parte de los rostros me sonríen desde el otro lado de la ventanilla del coche.