Hacia “la patria de los hombres íntegros”

Ouagadougou 6 abril 2008 Hemos quedado en el aeropuerto de Barcelona, en la Terminal B, en la estatua de Botero. Nunca una escultura se habrá convertido en algo tan funcional. Nos encontramos allí los dos miembros del Comité de Catalunya de la Joint Misión del UCE: Concha Ares y yo misma. Tomamos el avión hacia Charles de Gaulle, también conocido como Aeropuerto Roissy, en el área metropolitana de París. Allí hallamos a nuestros compañeros de Bilbo: Carlos Epalza y Elsa Fuentes.

Después de un rápido y energético zumo de naranja (por el que pagamos diez minutos de espera, además del precio habitual) embarcamos rumbo a Ouagadougou. Llegamos a la capital de Burkina tras 7 horas y media de viaje. El paisaje de Ouagadougou se dibuja en el horizonte: tierra árida, luminosidad que hiere los ojos y un aire caliente difícil de respirar. Salimos del avión y nos dirigimos hacia la puerta de entrada al antiguo Alto Volta para obtener los visados. Una marabunta se agolpa en el mostrador mientras el funcionario reparte los impresos de solicitud, previa entrega de los pasaportes. Empieza la espera. Mientras tanto observamos ávidamente los rasgos de los burkineses: sus peinados maravillosos, verdaderas obras de arte; sus ojos almendrados y sus labios carnosos; las formas voluptuosas de sus mujeres… Tras una media hora de espera nos rescata el equipo de bienvenida de UNICEF Burkina. Nos saludan entre otros el representante de país, Hervé; Mamadou Bagayoko, Responsable de la Sección Educación y Jean Jaques, Program Officer de la Sección Educación. Primer contacto y primer hotel. Nos alojamos en el Palm Beach, curioso nombre en un país sin playa. Ouaga tiene una población de un millón dos cientos mil habitantes, según el censo de 2006 y tiene como idioma vehicular el francés. En el hotel tenemos nuestro primer contacto con la política del país. No, no es un meeting, es el retrato omnipresente de Blaise Campaore, presidente de Burkina desde hace 20 años.

Ouagadougou, 7 de Abril

Nos despertamos con el alba y nos recoge un coche de UNICEF. Nos dirigimos a la sede de las Naciones Unidas en Ouaga, diminutivo con el que se conoce la capital del país. Allí mantenemos una reunión de presentación con los miembros del equipo de UNICEF en Burkina. Mostramos los objetivos de la visita y conocemos a la delegación del Comité Nacional de Eslovenia que llega acompañada de su Embajador Lado Leskovar, ganador de Eurovisión en 1967.

Tras la entrega de regalos que incluye una bolsa con pines, cintas para móviles y dulces típicos del País Vasco, nos dirigimos a los coches para conocer a los ministros de Educación y de Bienestar Social. El MEBA Al llegar al Ministerio de Educación Básica y Alfabetización descubrimos que el ministro tiene nombre de mujer. Vestida en azul ultramar, nos habla de las prioridades de su Ministerio y del trabajo conjunto con UNICEF. Transmite energía y entusiasmo. Carlos Epalza le entrega la medalla del 50 Aniversario de UNICEF que recoge con gratitud. Una entrevista con el cámara de la delegación eslovena pone punto final a nuestra visita. Salimos rápidamente y nos dirigimos al MASSN. MASSN En el Ministerio de Asuntos Sociales y Solidaridad Nacional también nos da la bienvenida una mujer. Estos dos primeros encuentros son un ejemplo de la importancia de la mujer en la sociedad burkinesa.

La Ministra, de discurso pausado, se extiende más que su homóloga de educación. Nos habla de las dificultades de la infancia en su país. El primer tema del que nos habla son los BISONGO, término local que alude a las guarderías. La incorporación de la mujer al mundo laboral, la necesidad de crear un contexto protector y la promoción de la familia en el horizonte de la infancia han llevado a la creación de guarderías. También nos habla de la deserción escolar en primaria y de los niños de la calle. Según un estudio de 2002 se calculó la existencia de 2.500 niños de la calle en las grandes ciudades de Ouagadougou y Bobo Diulasso.