Educación y cultura en Cuba para formar mejores personas

Visitamos los círculos infantiles que estamos reconstruyendo en La Habana con la ayuda de la Xunta de Galicia

Cuba reconstrucción escuelas infantiles

31/01/2018

La Habana, aterrorizada, ve piedras volando a gran velocidad. Un fuerte viento devasta casas, árboles y todo lo que se encuentra por delante. Una vez más, un fenómeno natural ha afectado a la isla. Un tornado inesperado, un tornado fuera de temporada.

Hace apenas una semana que he regresado de La Habana. No puedo olvidar las palabras de Odalys Rodriguez, oficial de Salud y Nutrición en UNICEF Cuba, quien me contaba que de junio a noviembre viven con el corazón en un puño, con temor a los ciclones tropicales y la actividad sísmica que generan, año tras año, graves pérdidas económicas y sociales.

Y es que, dada su ubicación geográfica y el impacto del cambio climático, la isla es especialmente propensa a los desastres naturales. Es el caso del huracán Irma, que azotó Cuba en septiembre de 2017, y que ocasionó graves daños en el 21% de las escuelas del país, dejando a muchos niños y niñas sin acceso a la educación.

UNICEF y las demás agencias de Naciones Unidas presentes en Cuba se pusieron manos a la obra, desarrollando un Plan de Acción, junto al Gobierno de La Habana, para rehabilitar los llamados Círculos Infantiles de Educación Pre-Escolar.

Los Círculos Infantiles son un nuevo concepto de cuidado y atención a hijos de madres trabajadoras de uno a seis años de edad. En los círculos las niñas y niños reciben una formación integral de calidad -a cargo de personal cualificado- sobre salud, alimentación, educación, protección, afecto o comunicación. También desarrollan hábitos y habilidades, sentimientos y cualidades que los preparan para su ingreso en la educación primaria y para la vida.

“Los círculos infantiles tienen un impacto clave en la vida de las familias en Cuba, ya que, además de proporcionar una educación de calidad para los niños y niñas, permiten la conciliación efectiva de las familias”, me comentaba la compañera Aimée Betancourt, oficial de educación de UNICEF Cuba.

Y así lo he podido comprobar en el círculo “Mi Barquito” en Peñas Altas, Habana del Este. Leticia, una de las madres que he tenido el placer de conocer, me contaba cómo la existencia del círculo permite el desarrollo integral de sus hijos, además de facilitar que ella pueda trabajar para proporcionarles la mejor vida posible.

La mayor limitación que existe en el país es la baja disponibilidad de materiales de construcción, a lo que hay que añadir los reducidos flujos comerciales con otras economías. Pero Galicia y Cuba mantienen unos estrechos lazos históricos, culturales y familiares. La Xunta ha colaborado en la rehabilitación de tres círculos infantiles afectados. Hasta la fecha, sólo en uno de ellos se han podido reiniciar las clases y todos esperamos, expectantes, que terminen las obras para que el 10 de abril todos los niños de los círculos de Peñas Altas y Alamar puedan continuar su educación.

La labor educativa y social de la danza

Cuba, danza y baile

Recorriendo la Habana Vieja llego a la bulliciosa Plaza de Belén. Puestos de venta de fruta, música, juegos… Admiro a la cantidad de niñas y adolescentes que, vestidas con elegantes trajes de flamenca, practican coreografías mientras esperan ansiosas la hora para entrar a sus clases de baile.

Y es que desde que en 2004 Litz Alfonso, reconocida coreógrafa, directora y pedagoga cubana, estableció la sede de su escuela en La Habana Vieja, la zona floreció inmersa en el ballet, la danza española y los ritmos afrocubanos.

Me invitan a ver una pieza interpretada por un sinfín de niños de diversas edades, en los que aprecio la trabajada técnica, la expresión y la elegancia de todos y cada uno de ellos. Al finalizar, Mariel, de 11 años, me cuenta que se levanta todos los días a las 4:30 de la mañana para poder asistir a las clases de danza, que sabe que es un gran esfuerzo, pero que, con dedicación, uno puede lograr sus objetivos.

Litz Alfonso brinda a más de 1.200 niños y adolescentes cubanos la oportunidad de dedicarse profesionalmente a la danza, cultivando el amor por el baile, el arte y la cultura. Pero Lizt no reduce sus enseñanzas al baile y a la danza, sino que promueve la formación en valores y conocimientos que harán de sus alumnos mejores ciudadanos. La escuela lleva a cabo una gran labor social, defendiendo los derechos de la infancia desde la cultura.

“Cuanto más temprano se comience a dedicar la labor cultural a los más pequeños, mejores personas serán”, dijo Liz Alfonso cuando en 2011 fue reconocida como Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF. Y en esto centra su labor UNICEF en Cuba: en hacer de los niños mejores personas con más educación y más cultura.

Irene Marín

Coordinadora de UNICEF Comité Galicia

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