¿Qué es el hambre y por qué sigue afectando a millones de niños en el mundo?

¿Qué es el hambre y por qué sigue afectando a millones de niños en el mundo?

© UNICEF/UNI856403/Nateel

El hambre sigue siendo una de las mayores crisis humanitarias a nivel mundial. Aunque hoy se producen alimentos suficientes para toda la población, millones de niños y niñas carecen de la nutrición adecuada para crecer y desarrollarse de forma saludable.

¿Qué es el hambre y cómo se define a nivel global?

El Programa Mundial de Alimentos (WFP), define el hambre como «malestar o dolor causado por la falta de alimentos. Es diferente de la inseguridad alimentaria, que significa falta de acceso regular a alimentos seguros y nutritivos para un desarrollo adecuado y una vida activa y saludable».

A nivel global, se tiene en cuenta tanto la insuficiencia alimentaria como la desnutrición y la malnutrición, conceptos relacionados pero distintos. Comprender estas diferencias es clave para enfocar las políticas y la ayuda humanitaria.

Diferencias entre hambre, malnutrición y desnutrición

  • Hambre: causada por la falta de alimentos. Puede ser temporal o prolongado.
  • Malnutrición: desequilibrio en la dieta, que puede deberse a exceso, defecto o carencia de nutrientes esenciales. Puede incluir tanto diferentes formas de desnutrición como el sobrepeso y obesidad, así como situaciones específicas que reflejan carencias en nutrientes específicos.
  • Desnutrición: formas de malnutrición causadas por la falta de nutrientes y calorías suficientes, especialmente crítica en la infancia.

Otros conceptos relevantes:

  • Seguridad alimentaria: según la clasificación IPC (Integrated Food Security Phase Classification), la seguridad alimentaria mide la disponibilidad y acceso a alimentos. Se divide en fases de seguridad: (1) segura; (2) estrés; (3) crisis; (4) emergencia; (5) catástrofe o hambruna.
  • Pobreza alimentaria infantil: la incapacidad de los niños y las niñas para obtener y consumir una alimentación nutritiva y variada en la primera infancia.
  • Hambruna: la fase más extrema de inseguridad alimentaria, caracterizada por una falta absoluta de acceso a alimentos que provoca muertes generalizadas a corto plazo.

Las cifras son tremendas: 1 de cada 11 personas en el mundo pasó hambre en 2023.

Causas principales del hambre en el mundo

El hambre no es consecuencia únicamente de la escasez de alimentos. Sus causas son múltiples y se interrelacionan:

Pobreza, crisis económicas y desigualdad estructural

La falta de recursos económicos limita el acceso a alimentos nutritivos y sostenibles, creando un ciclo de hambre e inseguridad alimentaria que se transmite de generación en generación. Además, la desigualdad estructural dentro de la sociedad aumenta la vulnerabilidad de los niños y niñas en zonas marginadas.

Por otra parte, en un mundo interconectado, las crisis globales provocan a menudo inflación en los precios de los alimentos, y esto es más acusado en los países de bajos ingresos. Las familias con menos recursos no pueden pagar esos precios, y los niños y niñas más pobres reciben menos cantidad de alimentos y de peor calidad.

Conflictos y cambio climático

Guerras, violencia y desplazamientos forzados dificultan la producción y distribución de alimentos. Además, fenómenos climáticos extremos como sequías e inundaciones reducen las cosechas y aumentan los precios de los alimentos.

Cuando, sea por la violencia o por fenómenos climáticos, las familias, niños y niñas, se ven obligados a abandonar sus hogares y desplazarse, no solo dejan de producir alimentos, sino que pierden sus fuentes de ingresos y suelen depender de la ayuda internacional para conseguir alimento.

Falta de acceso a servicios esenciales: agua, salud, educación y protección social

El hambre y sus consecuencias no solo dependen de la disponibilidad de alimentos, sino también del acceso a servicios básicos que permitan aprovechar los nutrientes. La falta de agua potable dificulta la preparación segura de los alimentos y aumenta el riesgo de contaminación y de enfermedades que causan y agravan la desnutrición. A su vez, la carencia de atención sanitaria accesible y de calidad limita la prevención y el tratamiento de infecciones que afectan especialmente a los niños y niñas con sistemas inmunitarios vulnerables.

La  educación también es clave para que familias y comunidades aprendan y adopten prácticas saludables sobre nutrición, higiene y alimentación, y se ha comprobado que los niveles de desnutrición de niños y niñas son más bajos en hogares donde las madres han podido estudiar.

Por último, la ausencia de redes de protección social deja a los hogares más pobres sin apoyo ante crisis económicas o desastres naturales, aumentando la inseguridad alimentaria y perpetuando el ciclo del hambre.

¿Cómo afecta el hambre a los niños y niñas?

El hambre tiene consecuencias profundas y duraderas en la infancia, por su vulnerabilidad y dependencia:

Desnutrición aguda y crónica

La desnutrición aguda ocurre cuando una persona pierde peso muy rápido porque no está comiendo lo suficiente o porque una enfermedad le impide aprovechar los alimentos. El cuerpo, al no recibir energía, empieza a consumir sus propias reservas, la persona se vuelve muy delgada en poco tiempo, y si no recibe tratamiento a tiempo, puede afectar a funciones vitales y causar la muerte.

La desnutrición crónica aparece cuando un niño o niña no recibe suficientes alimentos nutritivos durante mucho tiempo, especialmente en los primeros años de vida. No es solo falta de comida: también influye la calidad de la dieta, infecciones repetidas y condiciones de vida precarias. El resultado es que el cuerpo no crece como debería, y afecta también al desarrollo cognitivo.

Consecuencias en el desarrollo físico y cognitivo

Los niños que no llevan una dieta adecuada y con los nutrientes necesarios presentan retrasos en el crecimiento, problemas de aprendizaje y dificultades cognitivas, afectando su rendimiento escolar y futuro desarrollo personal.

Riesgo de muerte, enfermedades y otras consecuencias para niños y niñas

El hambre y la desnutrición debilitan el sistema inmunitario y aumentan la vulnerabilidad frente a enfermedades infecciosas, lo que puede resultar mortal, especialmente en niños y niñas menores de cinco años. La desnutrición debilita el sistema inmunitario con lo que aumenta el riesgo de muerte por infecciones comunes como la diarrea, la neumonía o la malaria. La falta de nutrientes esenciales también favorece la anemia y otras complicaciones que requieren atención sanitaria urgente.

A largo plazo, los niños y niñas pueden sufrir problemas en su desarrollo físico y cognitivo, lo que afecta su aprendizaje y bienestar. Estas consecuencias ponen en peligro su vida, dificultan que rompan el ciclo de pobreza y malnutrición, y afectan no solo a cada niño y cada niña, sino a todas sus comunidades y países, ya que no podrá contribuir de la misma manera al desarrollo de su sociedad.

¿Cuáles son los países con mayores cifras de hambre en el mundo?

En 2025, las regiones más afectadas por el hambre son África subsahariana y Asia occidental, donde sigue aumentando, mientras que en el resto del mundo baja.

Los países con mayores tasas de malnutrición infantil crónica en niños menores de 5 años, según el informe «The State of Food Security and Nutrition in the World 2025»:

  1. Burundi: 55,3%
  2. Eritrea: 48,0%
  3. Papúa Nueva Guinea: 47,6%
  4. Guatemala: 44,6%
  5. República Democrática del Congo: 44,1%

¿Qué hace UNICEF para combatir el hambre y la desnutrición infantil?

UNICEF trabaja en más de 190 países y territorios para garantizar que los niños y niñas tengan acceso a alimentos nutritivos, atención sanitaria y educación. Entre nuestras acciones para combatir el hambre destacan:

  • Programas de prevención de la desnutrición, como campañas de suplementación nutricional, promoción de la lactancia materna y alimentación escolar.
  • Tratamiento de la desnutrición aguda, incluyendo detección temprana  y tratamiento a nivel comunitario, distribución de suministros esenciales e instalación de centros especializados para niños y niñas con desnutrición.
  • Respuesta de emergencia en zonas de conflicto o desastre, con evaluaciones rápidas del estado nutricional, centros de tratamiento, y distribución de suplementos.
  • Apoyo a gobiernos para fortalecer sistemas de protección social y de salud, por ejemplo integrando servicios nutricionales en los centros de salud, mejorando los sistemas de vigilancia nutricional y ofreciendo formación al personal sanitario. 
  • Investigaciones y elaboración de informes.
  • Promoción con las familias de prácticas de cuidado y alimentación adecuadas a cada edad.

Cómo puedes ayudar a luchar contra el hambre

Cada acción cuenta. Puedes:

FUENTES:
https://www.unicef.org/es/informes/la-pobreza-alimentaria-infantil 

https://data.unicef.org/resources/sofi-2025/

https://www.who.int/news/item/28-07-2025-global-hunger-declines-but-rises-in-africa-and-western-asia-un-report

https://www.who.int/publications/m/item/the-state-of-food-security-and-nutrition-in-the-world-2025

https://data.unicef.org/topic/nutrition/child-nutrition/

Preguntas frecuentes sobre el hambre en el mundo

Se estima que 673 millones de personas, o el 8,3% de la población mundial, experimentaron hambre en 2024. Aunque los principales informes no detallan el número de niños y niñas afectados, sí sabemos que millones de niños y niñas sufren distintos tipos de malnutrición, como desnutrición aguda, desnutrición crónica y carencias de micronutrientes, que reflejan de forma directa la magnitud del problema entre los más pequeños.

UNICEF implementa programas para prevenir y tratar las distintas formas de desnutrición infantil.

Entre las medidas de prevención cabe citar la distribución de suplementos nutricionales, la educación e información sobre alimentación adecuada para cada etapa y edad y la promoción de la lactancia materna y otros hábitos de alimentación saludable.

UNICEF promueve también el seguimiento nutricional periódico, tanto a nivel comunitario como en situaciones de crisis humanitaria, para detectar lo antes posible los casos de desnutrición y ofrecer el tratamiento adecuado, y proporciona suministros clave como el alimento terapéutico.

A nivel más estructural, UNICEF acompaña y asesora a los gobiernos para que los países refuercen sus sistemas de salud, protección social y otros servicios esenciales, que garanticen una infancia más segura y saludable, en especial para los niños y niñas más vulnerables.
 

El hambre persiste no por falta de alimentos, sino por las desigualdades en el acceso. La pobreza, los conflictos, las crisis económicas y su impacto en los precios, el cambio climático y la falta de sistemas de protección social impiden que millones de familias puedan obtener alimentos nutritivos de forma estable. A ello se suman problemas en la distribución, en los precios y en la disponibilidad local, que dejan a los niños y niñas en mayor situación de vulnerabilidad.

La educación permite que familias y comunidades comprendan la importancia de la nutrición, adopten prácticas alimentarias saludables y rompan el ciclo de pobreza y malnutrición.