Bangladesh: Un año de crisis rohingya
Cox’s Bazar es un distrito de Bangladesh que cuenta con la mayor playa del mundo. A pocos kilómetros de esta, también se puede encontrar el mayor campo de refugiados que existe. Acoge a los rohingya, que ostentan otro dramático record, ser la minoría étnica más perseguida del planeta.
Hace justo un año, más de 700.000 rohingya cruzaron la frontera de Myanmar con Bangladesh huyendo de una salvaje represión con asesinatos masivos y desplazamientos forzados. Más de la mitad eran niños.
Hoy su situación está muy lejos de mejorar. Los rohingya se han convertido en apátridas, en invisibles para el mundo, en los últimos de los últimos. Por eso nos importan en UNICEF.
En UNICEF queremos que sepas lo que han pasado, de dónde vienen y su situación actual, con sus propias palabras. Porque, para ayudarles, el primer paso es escucharles…
Niños y niñas rohingya testigos del horror
“Estaba ahí cuando mataron a mis padres. Reunieron a las mujeres y se las llevaron a una casa. Poco después, la incendiaron. Ellas seguían dentro”.
Rafiq – 15 años
“No tenía duda de que me matarían. Empecé a llorar mientras abusaban de mí uno tras otro. Tengo miedo. Ahora, no sé cómo ser feliz sin mis padres y mis hermanos”.
Ismat – 15 años
“Golpearon a la gente y quemaron sus casas. Los soldados dispararon contra cualquiera que saliera del pueblo. Un soldado me disparó en el brazo. Tuvieron que cortármelo”.
Mohammad – 15 años
Sus historias son de las pocas posesiones con las que llegaron los rohingya a Bangladesh. Ahora se enfrentan a un futuro incierto en campamentos con múltiples carencias. En el caso de los niños y niñas, se corre el riesgo de que se pierda toda una generación. Por eso es importante garantizar su salud y estudios para que puedan tener una oportunidad.
Ayuda hoy a los niños y niñas rohingya.
Con tu ayuda, poco a poco estamos consiguiendo avances, logrando que superen sus traumáticas experiencias y recuperen la ilusión.
Testimonios para la esperanza
“Quiero enseñar a otras niñas lo que he aprendido. Si puedo ganar dinero y ayudar siento que puedo hacer cualquier cosa”.
Rokeya -13 años participa en un proyecto sostenido por UNICEF para que chicas adolescentes puedan hacer compresas para uso propio y venta.
Con el monzón los riesgos de contraer enfermedades se multiplican y las vacunas son la mejor prevención.
“He venido aquí para no coger enfermedades. Estoy un poco asustada, pero no voy a llorar”.
Azara -9 años espera su turno en un puesto móvil de vacunación.
“En Myanmar no tuve la oportunidad de estudiar. Ahora que puedo ir al colegio, mi asignatura favorita es el inglés”.
Abdur -10 años sonríe en su clase de uno de los centros de estudio apoyados por UNICEF.
Estos son solo una pequeña muestra de los testimonios de niños y niñas rohingya. Cuanto más consigamos visibilizarles más cerca estaremos de poder solucionar su dramática situación, porque aún queda muchísimo por hacer. ¿Quieres saber más?





