UNICEF

La escasez del agua en Honduras, una cuestión paradójica

Fecha: 
Mié, 24/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 13/04/2011 a las 16:01 |
UNICEF España

Escribe Ianire Molero, cooperante vasca en UNICEF Honduras Se escucha el sonido del agua como si fuera un manantial. Estamos en el lavandero público del barrio de La Cabaña, uno de los tantos de la capital de Honduras que cada día recibe a mujeres, niñas y niños que lavan sus ropas aquí para ahorrar agua en sus casas.

Este líquido, que brota a una velocidad de 2.300 metros cúbicos por segundo en el país centroamericano, se ha convertido en un diamante en bruto en Tegucigalpa, donde las dos represas que nutren a la ciudad se han reducido a niveles históricos por la sequía del último año, la falta de conciencia ambiental y el deterioro de los recursos hídricos. Honduras vive un estado de emergencia por la escasez de agua. El resultado es un férreo calendario de racionamiento y unas previsiones poco halagüeñas: en abril, el 40% de los capitalinos no tendrá agua. Quienes más lo sufren son los barrios marginales, que no disponen de sistemas de almacenamiento que bombeen la reserva cuando la empresa nacional de agua raciona. Además, estos mismos vecindarios, con crisis o sin ella, forman parte de ese 35% que se abastece con los camiones cisterna que pasan dos o tres veces por semana.

Gloria Isabel explica, con las manos enjabonadas, que no tiene agua en casa y, por eso, “para tomar y cocinar” se la compra a una de las vecinas adscritas a la red del Servicio Nacional de Acueductos y Alcantarillados, SANAA,  que sí la recibe. Para acopiarla hace todo tipo de malabarismos, desde galones de cinco litros hasta botellas de plástico. El baño y el aseo de la ropa lo llevan a cabo en este espacio, que recibe el agua de una vertiente natural y cuya instalación cubre el estado. Gloria viene acompañada de su hijo, Samuel, que con cuatro años ya levanta cubos para hacerlos llegar a su vivienda. “De momento es muy chiquito, pero cuando crezca un poquito más me ayudará a jalar más”, explica la mujer, sin levantar la mirada de la tabla donde se afana en borrar las manchas de una camiseta. Giorgina y María Fernanda suelen acompañar a Gloria Isabel en el aseo. Las tres son vecinas y presumen sonrientes de la organización comunitaria en La Cabaña, donde aseguran que entre todos ayudan a cuidar “el tesoro”: “Aquí nos conocemos. Los hombres mantienen el lavandero limpio y vigilan para que los taxistas no laven sus carros, sería un desperdicio. Nosotras somos las que lavamos la ropa”. Mientras, algunos de los hombres del barrio se aglomeran sentados en las rocas que bordean el lavandero mientras las mujeres trabajan. Aproximadamente, 500.000 personas en Tegucigalpa utilizan desde hace años estas alternativas. Sin embargo, pagan el metro cúbico más caro que en un hotel de cinco estrellas. “Es la inequidad que vivimos en el país. El pobre paga más por el agua. Por ejemplo, si usted tiene poder adquisitivo y está conectado a la red del SANAA paga ocho lempiras por metro cúbico de agua –1,30 dólares-. Si usted es un pobre conectado paga un lempira por un metro cúbico–0,60 dólares-. Hasta ahí se respeta el nivel socioeconómico. Ahora, si usted vive en una colonia marginal y compra el agua a un camión, paga más de cien lempiras por metro cúbico –5,30 dólares-. Están cubriendo el diésel”, argumenta el ingeniero Moncada, ex gerente del SANAA y director del ERSAP (Ente Regulador del Servicio de Agua Potable). ************** UNICEF España, así como sus comités autonómicos, provinciales y locales, está desarrollando múltiples actividades, en el marco del Día Mundial del Agua, con el objetivo de sensibilizar a la población, especialmente a los más jóvenes, sobre la importancia del agua para la salud y el desarrollo.

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Conflicto y escasez de agua: una mala combinación para la infancia en Mindanao

Fecha: 
Mar, 23/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 13/04/2011 a las 16:04 |
UNICEF España

Escribe Clara Gómez, cooperante vasca en UNICEF Filipinas Todavía hoy, después de un año y medio viviendo en Filipinas, el aspecto que más me impacta de la pobreza es la falta de adecuadas condiciones higiénicas. La escasez de agua potable y de servicios de saneamiento como desagües y letrinas, unido a una falta de conciencia sobre la importancia de vivir en un ambiente limpio, provoca que miles de familias vivan rodeadas de basura. Hoy, pasear por Manila, supone cruzar un canal tras otro atestado de basura, polución e insectos cubriendo el agua.

La primera reacción de cualquier persona es taparse la nariz para evitar que el hedor que ríos y canales desprenden no consiga entrar en los pulmones. La segunda reacción es de rabia y tristeza al ver, que esos mismos canales, están rodeados de casas y que miles de familias viven en ese ambiente. Resulta paradójico pensar que Filipinas es un país rico en recursos acuíferos; sin embargo, el Gobierno no invierte lo suficiente en la construcción de sistemas de saneamiento y potabilización del agua. De hecho, solo el 7% de la población del país está conectada a sistemas de alcantarillado y a sistemas de saneamiento.

Si en las zonas densamente pobladas la situación es precaria, hay un área del país donde el agua potable y los sistemas de saneamiento son especialmente escasos: Mindanao o las zonas de conflicto armado. En febrero de 2003, el Gobierno de Filipinas comenzó una de las más devastadoras campañas militares contra el Frente Moro de Liberación Islámica o MILF por sus siglas en inglés, en la ciudad de Pikit. La Guerra de Pikit dejó a más de 400.000 personas sin hogar y más de 300 muertos. El 40% de la población afectada eran niños. Forzados a escapar de las zonas de combate y abandonar sus hogares destruidos, ahora se encuentran en campos de desplazados donde hay una escasez extrema de agua segura. En la última evaluación realizada por UNICEF en los campos de desplazados por el conflicto en Mindanao, se comprobó que sólo existen 61 puntos de distribución de agua y 165 letrinas a disposición de 8.390 familias. Las medidas mínimas de higiene, como lavarse las manos y los dientes no son aplicadas, principalmente porque hay escasez de agua y porque no existe la conciencia, entre los desplazados, de la importancia de mantener la higiene y los sistemas de saneamiento para prevenir enfermedades. En especial, los niños de menos de cinco años son muy vulnerables a enfermedades asociadas a la escasez de agua. De las 226 muertes registradas en Mindanao de agosto de 2008 a julio de 2009, 80 eran niños menores de cinco años. Las primeras causas de muerte son la diarrea, enfermedades respiratorias como la neumonía y enfermedades de la piel como la sarna, derivadas de la escasez de agua para el baño. El saneamiento: una cuestión de género Otro aspecto esencial es la seguridad de mujeres y niños en relación con el uso de las instalaciones de saneamiento. En muchos centros, estas están situadas en lugares sin una apropiada iluminación y cerca de puestos militares. Esta situación aumenta el riesgo de violaciones y ataques a mujeres y niños. Con el fin de mejorar la situación de los niños y niñas en los campos de desplazados por el conflicto, UNICEF implementa el programa WASH, que tiene como objetivo instalar sistemas de agua a pequeña escala y letrinas. Además de esto, se llevan a cabo campañas informativas para dar a conocer la importancia de beber agua potable y adoptar normas mínimas de higiene, como lavarse las manos con agua y jabón. También, las condiciones higiénicas y sanitarias están estrechamente ligadas a la capacidad de aprender de los niños en las escuelas.  En Filipinas, alrededor de la mitad de los estudiantes tienen caries dentales por no lavarse los dientes y alrededor del 7% tienen diarrea. Este hecho reduce enormemente el rendimiento académico de los estudiantes. Un elemento importante en el proyecto consiste en evitar que las escuelas se conviertan en campos de desplazados por largos periodos de tiempo, puesto que impide que los niños y niñas puedan asistir a clases formales en las escuelas. UNICEF responde a estos dos problemas asegurando que los niños y niñas de los campos de desplazados cuentan con alternativas a la educación formal y con acceso a sistemas de agua y saneamiento. En concreto, UNICEF trabaja con socios locales y otras agencias de Naciones Unidas para proveer métodos de purificación del agua y contenedores con agua limpia. Para que el proyecto sea asimilado por las comunidades locales, los desplazados son consultados y diferentes tareas son asignadas a los miembros de la comunidad. Estas acciones son coordinadas y planeadas junto con las unidades de gobierno local, comunidades locales y líderes religiosos. El conflicto en Mindanao ha impedido durante mucho tiempo que la infancia en la zona pueda disfrutar de todos sus derechos y soñar con un futuro mejor. Recientemente, se ha negociado un proceso de paz entre los pobladores cristianos y los llamados “moros”, para que estos últimos tengan derechos sobre sus territorios ancestrales. Sin embargo, la Corte Suprema de Filipinas ha declarado este pacto anticonstitucional, lo que ha provocado nuevos ataques de MILF que han desplazado a más de 300.000 personas desde 2008. Una vez más, miles de niños y niñas se ven afectados por el conflicto. Hasta que no se logre la paz, la infancia en Minadano verá negado uno de sus derechos básicos: el derecho al agua y a un ambiente saludable.

UNICEF España, así como sus comités autonómicos, provinciales y locales, está desarrollando múltiples actividades, en el marco del Día Mundial del Agua, con el objetivo de sensibilizar a la población, especialmente a los más jóvenes, sobre la importancia del agua para la salud y el desarrollo.

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A través de la música

Fecha: 
Mié, 17/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 13/04/2011 a las 16:05 |
UNICEF España

Por Lara Dopazo, cooperante  vasca de UNICEF en México A veces, medio en broma medio en serio, digo que me gustaría volver a la adolescencia. Lo digo desde que llegué a México y conocí un poquito de cerca los proyectos de participación juvenil en los que colabora UNICEF México. Esta semana se celebró la final del primer Concurso de Expresión Musical Construye T**, en el que está UNICEF junto con la Secretaría de Educación Pública, otras agencias de las Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil.

Fue uno de esos momentos en los que querría volver al instituto y poder ser parte de alguno de los grupos que llegaron a la final.

Eran diez, de diferentes estados del país. Los estilos eran muy distintos, lo mismo que los grupos: desde la banda de casi cuarenta músicos al solista con su guitarra, pasando por pequeñas incursiones en el hip-hop o en el rock suave. La competición estuvo reñida, porque la calidad era realmente buena. La intención, también: no sólo implicar a las escuelas en la participación, sino también el compromiso manifiesto en las letras de las canciones que los chicos y chicas de los grupos habían compuesto. Las ganadoras resultaron ser Sweet Sunday, cinco chicas de la ciudad norteña de Monclova, con una canción de reivindicación ecológica. “Esperamos que la gente haga conciencia, que nos escuchen, escuchen la letra y la sientan; que no sólo digan ‘sí vamos a cuidar al medio ambiente’ y al otro día se les olvide”, decían. Y lo cierto es que conseguían transmitir ese compromiso y esa sinceridad. Y añadían: “Estar aquí es ser ganadoras. Esta es una experiencia única que no se nos va a olvidar nunca”. Es fácil creerlas. Es fácil creer que la vida en los años de la adolescencia son determinantes. Una adolescencia comprometida en la participación significa ser parte de una ciudadanía activa, saber que eres importante y usar las herramientas a tu alcance para aportar mejoras a tu entorno. Sin duda, entrar en contacto con estos chicos y chicas es no dejar nunca de sorprenderse y de aprender. Y confiar en que es cierto: sí hay alternativas para los jóvenes en México. ** Construye T es un programa de la Secretaría de Educación Pública en colaboración con UNICEF, UNESCO y el PNUD, para educación media superior, que tiene como objetivo el desarrollo de los adolescentes en ambientes educativos de inclusión, equidad y participación democrática, y que involucra a alrededor de un millón y medio de estudiantes de todo México.

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Que todo vuelva a la normalidad

Fecha: 
Mar, 16/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 07:57 |
UNICEF España

Francisca Palma, Oficial de Comunicación de UNICEF Chile, cierra su trilogía de historias de vida sobre el terremoto de Chile para 'Cuaderno de Terreno' “Para mí no ha sido incómodo acampar, puesto que en verano mi familia arrendaba nuestra casa y armaba para nosotros una carpa grande en el patio”, comenta Ignacia Robles Valdebenito, de 10 años de edad, que reside con sus padres en el balneario de Dichato, en la costa de Concepción, epicentro del terremoto ocurrido el pasado 27 de febrero. Su padre provee de agua a los vecinos del campamento en un camión.

“Puedo tomar agua cuando quiera y las comidas siempre han sido distintas gracias a estos señores”, comenta Ignacia, al referirse a los voluntarios y funcionarios de instituciones que han demostrado gran preocupación por cumplir de buena forma en la atención de las familias damnificadas por el terremoto y el tsunami.

Ignacia dice sentirse serena y en paz, aun cuando siente miedo de que la tragedia vuelva a  repetirse. Ella fue testigo presencial del tsunami que destruyó su comunidad, cosa que cree le marcará para toda la vida. Otra percepción de la vida La niña tiene ahora otra percepción de las cosas. “He pensado que no se debe pedir tanto en la vida y hay que valorar lo que se tiene. Antes podía jugar todo el día, ahora ayudo mas a mis papás”. A Ignacia le llama la atención que dentro de todo lo mal que su gente lo puede estar pasando, el ánimo no decae. Cuenta que nunca había escuchado tantas historias divertidas y que han sucedido situaciones de humor. Probablemente lo más negativo es que en el campamento casi no tiene amigos de su edad. En estos días se ha divertido con una agenda en la que dibuja y puede leer. Ignacia está ansiosa por que reconstruyan su casa, y ya piensa en el color que tendrá su nuevo cuarto. “Lo que más quiero es que todo vuelva a la normalidad”, opina, mientras su madre le llama para almorzar. UNICEF, en coordinación con instituciones de gobierno y ONG, inmediatamente después del terremoto ha distribuido pañales para niñas y niños, así como alimentos para adolescentes en centros de detención, y ha lanzado campañas educativas para los padres en temas de salud y apoyo pisco-emocional. Ahora se dispone, en coordinación con el gobierno, a apoyar la recuperación psico-emocional de las y niñas y niños afectados por el terremoto y la situación de agua y saneamiento de las comunidades.

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Madre ejemplar y bombera voluntaria

Fecha: 
Lun, 15/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 08:00 |
UNICEF España

Francisca Palma, Oficial de Comunicación de UNICEF Chile, escribe para 'Cuaderno de Terreno'

Acampando al aire libre se encuentran los hermanos Rodríguez: Sebastián, de 16 años;  Alberto,  de 8; y Daniela, de 6. “Desde el terremoto he pasado todas las noches en vela, cuidando a mi familia de los saqueos y de las réplicas del terremoto”, comenta Rosa Cerda, madre de los niños, quien aún con todo el drama vivido a causa del terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter, que devastó varias regiones del  Sur de Chile, se da el tiempo para ser voluntaria de los Bomberos. Son las 11 de la mañana y el sol curte los rostros de esta familia que está a la intemperie; no obstante, ello parece no importarles. “Más le tememos a la lluvia”, afirma el inquieto Alberto, mientras observa el visor de la cámara. La familia Rodríguez arrendaba una casa en Ninhue, un pueblo con un poco más de 6.000 habitantes,  y muy conocido en Chile porque allí nació el héroe nacional, Arturo Para Chacón. La casa se derrumbó completamente por el terremoto, por lo que  tuvieron que dejar la residencia, engrosando la larga lista de personas damnificadas.

Alberto dice que le gustaría irse a vivir a Chillán, la capital de la provincia de Ñuble, y a sus 8 años de edad tiene una gran aspiración: ingresar a una escuela de futbol para hacer una carrera en este popular deporte. Mientras, Daniela, que juega con su muñeca, advierte que será médico. Afectación psico-emocional “Mis hijos están preocupados, tienen mucho miedo y están pendientes de que venga otra cosa grande”, dice la señora Cerda. “Andamos como mareados con tanto temblor”, señala entre risas Alberto, al referirse a las múltiples réplicas que ocurren todos los días. Asegura que en las mañanas se sienten tranquilos pero que las noches son más duras. UNICEF, en coordinación con el Ministerio de Planificación, el Ministerio de Salud, y el Sistema de protección de la Infancia Chile Crece Contigo, prepara material para la atención psico-emocional y las medidas claves para la salud mental de las niñas, niños y adolescentes afectados por el terremoto. Las niñas, niños y adolescentes de las zonas afectadas por el terremoto regresarán a clase hoy y seguro que tendrán muchas historias que compartir entre ellos. También será una gran oportunidad para las autoridades del Ministerio Educación, que trabajarán en su recuperación psico-emocional.

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El agua de la vida

Fecha: 
Mié, 10/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 08:08 |
UNICEF España

Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF España y Yolanda Romero, responsable de comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escriben diariamente un Blog para la página web del periódico ABC En el distrito de Léogâne, al suroeste de Haití, el río Maumance se abre paso horadando un valle. A su alrededor la vida fluye. Cientos de desplazados haitianos han encontrado cobijo en sus márgenes, en donde se instalan en improvisadas tiendas de campaña.

 Las mujeres lavan la ropa en la orilla en una idílica imagen que se rompe cuando una de ellas recuerda que, hace unas semanas, los cadáveres desfilaban río abajo. Lo dice riendo, distanciándose de una realidad terrible de la que sólo se puede sobrevivir con sentido del humor. El agua del Maumance, fuente de vida, también puede ser origen de muerte, cuando se bebe en sus márgenes. UNICEF sensibiliza a las comunidades y les da los recursos para que tengan acceso a agua potable. Uno de los proyectos que lleva a cabo junto a sus aliados es la distribución de cubos con pastillas para potabilizar el agua. Para llevar el agua de la vida a las comunidades rurales, perdidas en las colinas, UNICEF utiliza el mejor medio de transporte de la zona, el más adaptado, el menos costoso: las mulas. Una caravana de estos animales recorre los agrestes caminos de las comunidades rurales de Léogâne. El objetivo es entregar 820 cubos para su posterior distribución en las comunidades de Petit y Grand-Goâve. Se pretende cubrir así la zona rural de la provincia del sudoeste del país al 90% en las montañas y al 85% en la planicie.

 Pero no sólo se distribuyen los cubos, según Daniele Lantagne. “Es necesario enseñar cómo usarlos. Primero se lavan y se llenan de agua. Posteriormente se añade la pastilla. Se deja reposar y es imprescindible taparlos”. La experiencia en anteriores emergencias demuestra que la fórmula sólo funciona con formación por parte de agentes de salud y el seguimiento posterior casa por casa. Es necesario comprobar que se siguen las indicaciones. En cualquier caso están redactadas en creole, la lengua local de los haitianos. En el estadio de Léogâne, donde se hacinan más de 10.000 personas, Paul Magdaline, de 30 años, recibe la primera formación para el uso de aquatab. “Estoy contenta, afirma, esto nos ayudará a protegernos. Nadie se pondrá enfermo y ya no habrá más fiebre en casa”.

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No más fotos

Fecha: 
Mar, 09/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 08:11 |
UNICEF España

Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF España y Yolanda Romero, responsable de comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escriben diariamente un Blog para la página web del periódico ABC En la región de Gean-Gean, en el distrito de Léogâne, UNICEF lleva a cabo junto a  sus aliados una distribución de cubos para tener acceso a agua potable en los hogares. Es una zona de gran riqueza agrícola, con innumerables cocoteros y bananeros.

 También se cultivan diferentes productos como la patata. En Leogâne hay una zona plana, alrededor de la ciudad del mismo nombre, por donde pasa el río Maumance.  Y a ambos lados del valle,  está la zona más escarpada, en donde se encuentran dispersos y poco accesibles un gran número de pueblos.

Durante la última distribución de cubos, quise hacerle una fotografía a una niña haitiana. Vestida con una camiseta de tirantes blancos y un pantalón de negro descolorido, tenía el pelo despeinado. Llevaba en la mano un trozo de plástico a modo de bolsa que contenía trocitos de mango ya pelado. Son esas bolsitas típicas del Oeste de África, ralladas en rojo y blanco, como la camisa de un reo. Transmitía esa inocencia propia de la infancia, y una belleza tranquila que me atrajo. Cuando estaba a punto de hacerle la fotografía un adulto que estaba a su lado me espetó: “¡No fotos!”. Id a vuestro país a hacer fotos.” Me sentí avergonzada. Yo estaba en actitud tranquila, desperezándome y peinando mi cabello con los dedos. No sé si era su objetivo, pero de repente me sentí invadida en mi intimidad. De repente me sentí como un haitiano frente a un ojo ajeno.

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Amistad

Fecha: 
Lun, 08/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 08:13 |
UNICEF España

Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF España y Yolanda Romero, responsable de comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escriben diariamente un Blog para la página web del periódico ABC Guerrier Miratson tiene una mirada triste y una sonrisa sardónica. Es alto y fibroso. Su rostro refleja la expresión de alguien que está de vuelta de todo, de alguien que ha vivido mucho.

Guerrier tiene sólo 13 años. El día del terremoto jugaba en la calle con sus amigos. Eran las 16:53 horas, pero no estaba en la escuela. El año pasado, antes del seísmo, ya no pudo asistir a clase porque, como se dice en Haití, Il n’avait pas les moyens. Una frase acuñada para indicar que no hay recursos para lograr un sueño. Y el sueño de Guerrier es ir a la escuela. Cuando le pedimos que escriba su nombre y su edad en una libreta, nos mira con una expresión de miedo y vergüenza. No sabe escribir. El 50% de la población de Haití no tenía acceso a educación, y l’evenement, como eufemísticamente se llama al terremoto, ha empeorado la situación. Lo que más le gusta es jugar con sus amigos. Un compañero saca de debajo de su camiseta una pelota de color granate hecha con restos de cuerdas liadas. El rostro de Guerrier se ilumina. Va a buscar dos piedras y construye una tosca portería. Se organizan dos equipos y, en menos que canta un gallo, empieza el juego. Guerrier habla de su día a día en el campo de desplazados. Dice que lo más duro es conseguir agua porque tiene que desplazarse hasta Pétion Ville y hay que cargar el agua. Pero aquí, como en otras muchas partes del mundo, son las niñas las que se encargan de esta tarea. Sueña con ver las calles de Haití limpias de escombros. Le gustaría borrar de su memoria la experiencia del terremoto con la misma goma de borrar que no tiene para ir a la escuela. Vamos con él a Morne Lazare, a Petion Ville, donde vivía antes del terremoto. La imagen es aterradora. De su hogar sólo quedan las ruinas de una vida: un amasijo de ladrillos y cemento revueltos con restos de ropas. De repente aparece un perro que se lanza hacia él con alegría. Su perro, antes del suceso.

De repente su rostro se ilumina con una sonrisa. En las escaleras que aún se mantienen entre las ruinas de su casa aparece otro niño vestido de rojo. Se trata de su mejor amigo: Ricardo Rocourt, de 12 años. A pesar de la fuerza destructora del seísmo, está claro que no ha podido destruir una cosa: la amistad.

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Las aguas subterráneas de Puerto Príncipe

Fecha: 
Lun, 08/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 08:17 |
UNICEF España

Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF España y Yolanda Romero, responsable de comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escriben diariamente un Blog para la página web del periódico ABC Bajo la tierra de Puerto Príncipe ya no hay tuberías. El12 de enero se destruyeron. El terremoto también se llevó por delante los tanques de agua y los inodoros.

 De todas formas, antes de aquel día crítico, la cobertura de servicios sanitarios en Haití sólo alcanzaba al 17% de la población y el acceso a agua potable al 63%. El sistema de tuberías sólo existía para una pequeña proporción de los habitantes de Puerto Príncipe. La gran mayoría de la población, antes del seísmo, bebía agua comprada en botellas o pequeños saquitos de plástico.

Aunque los tanques de agua de emergencia instalados en los campos de desplazados están dando servicio a la mayoría de las personas, la falta de medios sanitarios es un asunto crítico que facilita la diseminación de enfermedades. La poca profundidad de la capa freática y la falta de espacio para instalar letrinas complican la búsqueda de soluciones sanitarias. Con la temporada de lluvias que acecha, la actual situación corre un gran peligro de empeorar. UNICEF, que lidera el grupo de trabajo de Agua y Saneamiento de la emergencia, está sumando esfuerzos con otras 50 organizaciones. Hoy hacemos la ruta completa para conocer cuál es el sistema de agua y saneamiento que tienen los habitantes de Puerto Príncipe. Sí, la ruta completa. Una parte de la excursión no es demasiado agradable: nos lleva al vertedero de Puerto Príncipe, donde se descargan toda la basura y los excrementos de la ciudad. Nuestra primera parada, a las 07:45 de la mañana, tiene lugar en Champ de Mars, un campo de desplazados que acoge a 20.000 personas, situado a escasos metros del Palacio Presidencial convertido ahora en una especia de tarta de novios aplastada. Los servicios sanitarios de este lugar están gestionados por Acción Contra el Hambre (ACH) con el apoyo de UNICEF. Dos días después del terremoto se puso en marcha el dispositivo de agua y saneamiento en Champ de Mars. UNICEF y ACH trabajaban en Haití antes del seísmo; por eso la respuesta fue tan rápida. ACH ha instalado 400 letrinas portables en Champ de Mars. Se calcula que hay una por cada 50 personas, mínimo establecido en situaciones de emergencia. Cuando nos acercamos a verlas nos encontramos con Josselyne, una de las 50 mujeres de la limpieza que se ocupan de mantener las letrinas. “Antes del terremoto era comerciante. Este trabajo me lo propuso un comité de la comunidad (la mayoría de los campos de desplazados tienen una jerarquía con un comité y un líder). Necesito sacar adelante a mis cinco hijos; mi marido murió en el terremoto”. ¿Cómo limpias los baños?, le pregunto. ”Pongo agua en un cubo (doy fe de que tiene que ir a los grifos de la plaza, a unos 200 metros y cargar unos 20 litros; lo hace sobre su cabeza), luego la echo en el inodoro, pongo desinfectante y lo seco con una toalla”. A continuación llega un camión a recoger los excrementos de las letrinas–lo hace diariamente- que serán llevados al vertedero de Trutier, en Puerto Príncipe. Es uno de los tres camiones que UNICEF ha alquilado; están de camino otros 20. Seguimos al camión. En el camino recogemos a Carl Henry Vielot, ingeniero responsable del vertedero. Lleva trabajando allí desde 1987. Tiene a su cargo a 60 trabajadores cuya responsabilidad es, a la entrada del vertedero, indicar a los camiones dónde deben depositar los deshechos. Hay tres zonas: basura, excrementos y restos bioquímicos. Desde el terremoto, el espacio del vertedero no es suficiente, ya que todo el vaciado de letrinas de la ciudad se hace aquí (aunque nos confirman que se hace mucho vaciado ilegal, en zonas no permitidas). Ya no hay tuberías. UNICEF, junto con la DINEPA (Dirección Nacional de Agua Potable y Saneamiento del Gobierno haitiano) y un socio sueco, la Agencia de Contingencia Civil de Suecia (MSB), están buscando un terreno para instalar otro vertedero en los alrededores de Puerto Príncipe. Pero no es tarea fácil: la tierra es escasa para todos los campos de desplazados que se están creando cerca de la ciudad.

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Vuelta a la escuela

Fecha: 
Vie, 05/03/2010 (Todo el día)
Actualizado el 14/04/2011 a las 08:19 |
UNICEF España

Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF España y Yolanda Romero, responsable de comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escriben diariamente un Blog para la página web del periódico ABC De camino a una recién estrenada escuela en tienda de campaña de UNICEF veo a dos hombres en un campo de desplazados colocando unos palos para afianzar su vivienda temporal, hecha de plásticos y sábanas.

Diana Valcárcel, coordinadora de proyectos de comunicación de UNICEF España y Yolanda Romero, responsable de comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escriben diariamente un Blog para la página web del periódico ABC De camino a una recién estrenada escuela en tienda de campaña de UNICEF veo a dos hombres en un campo de desplazados colocando unos palos para afianzar su vivienda temporal, hecha de plásticos y sábanas. La época de lluvias se aproxima y con ella los problemas. Los haitianos y las organizaciones nos preparamos para ello sumando esfuerzos. Esperamos que la naturaleza respete al menos la recién estrenada escuela de UNICEF, que ha sido instalada en un antiguo centro deportivo ahora convertido en otro campo de desplazados, en el distrito de Carrefour, al suroeste de Puerto Príncipe. La escuela en tienda de campaña es uno de los sitios más alegres en los que he estado desde mi llegada a Haití. Según la experiencia de UNICEF, en una emergencia es necesario tratar de restablecer la escuela lo antes posible para facilitar que los niños tengan una sensación de normalidad.

La situación del sistema educativo en Haití antes del terremoto estaba ya cargada de exclusión y dificultades estructurales. Según el Informe Estratégico de Reducción de la Pobreza (PRSP, por sus siglas en inglés) y la Estrategia Nacional de Educación (NEAE), en 2008 la tasa neta de matriculación en la escuela primaria era del 76%. Sin embargo, el informe EMMUS (Encuesta de Morbilidad, Mortalidad y Utilización de Servicios) indica, para el mismo año, que el 55% de los niños en edad escolar no iban a la escuela en Haití. Después del terremoto, el sector educativo --al igual que otros--, se ha visto fuertemente golpeado. El Ministerio de Educación estima que el 80% de las escuelas del oeste del país han quedado destruidas o seriamente dañadas; en el caso del sureste de Haití, el porcentaje es del 35-40%. Esto significa que se han destruido 5.000 escuelas y que 2,9 millones de niños haitianos no tienen acceso a la educación en la actualidad. UNICEF está coliderando el Grupo de Trabajo de Educación en la emergencia junto a Save the Children, dando apoyo al Ministerio de Educación. La escuela de UNICEF a la que nos dirigimos, inaugurada el pasado 22 de febrero, está compuesta por dos grandes carpas: una de ellas para niños de 7 a 12 años y la otra para adolescentes de 12 a 17 años. No hay un número fijo de alumnos, cambia todos los días; el lunes 22 fueron 606 niños, el martes 513 y el miércoles 551. Además de los niños del campo de desplazados, a la nueva escuela asisten también menores que viven en la zona. Algunos de ellos conocieron la existencia de este improvisado colegio a través de la radio. Hay 6 profesores de la Cruz Roja Haitiana, tres por tienda de campaña. El horario de la escuela es de 9 a 12 horas y de 13 a 14:45 horas. "Haití va a cambiar a mejor" Me adentro en la primera de las carpas y me encuentro con Chantal Duphrézin, una de las dos profesoras de la primera carpa que reúne a los niños de 7 a 12 años. Me dice que los pupitres y los bancos acaban de llegar. Y se nota; están relucientes. Chantal ha trabajado en muchos colegios. El último en el que daba clase está ahora bajo los escombros, pero esta mujer no mira al pasado. “Haití va a cambiar a mejor, estamos seguros. Nos tenemos que basar en la esperanza. Y el cambio va a tener lugar por nuestro esfuerzo, gracias a nosotros. Llegará un día en el que no habrá escombros en la calle. Eso es lo que queremos”. Los niños están cantando dirigidos por las profesoras. La carpa es muy alegre, completamente diferente a un aula de cualquier colegio. Chantal nos cuenta que actualmente están desarrollando un método de estudios combinado (programa lúdico más educación tradicional), que consiste en aprender jugando. Es una técnica psicosocial de acompañamiento para la vuelta al colegio. Me acerco a una niña, muy concentrada pintando sobre su pupitre. “Me llamo Matsaika, tengo 12 años. Estoy muy contenta en este colegio. Las matemáticas son mi asignatura preferida”. Matsaika vive en el mismo campo de desplazados donde está el colegio. “De mayor me gustaría ser enfermera para curar a los otros”.

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