Coronavirus: ¡Al despacho del director!

 

De la capacidad de los equipos directivos de los centros educativos para interpretar estos momentos inciertos dependerá, en gran medida, el buen regreso a las aulas. Es mucha responsabilidad y no es tarea fácil.
Atención: colegio

 

13/05/2020 - Nacho Guadix

En estos días en los que debatimos sobre la reapertura de los centros educativos deberíamos ir visualizando cómo se va a producir, al menos como ejercicio intelectual que nos permita ir conectando con una realidad que poco se parecerá a la que dejamos en los primeros días de marzo.

Uno de los pilares básicos en el funcionamiento de un centro educativo  es la calidad de las interacciones entre los distintos miembros de la comunidad educativa, lo que redunda en un clima escolar de convivencia y cooperación. Así lo consideramos desde el enfoque de derechos de infancia. Una gran parte del éxito en este objetivo recae en la capacidad de liderazgo del equipo directivo del centro. En este momento, quisiera que nos centráramos en el papel que van a jugar. Sin considerar las cuestiones personales de esta pandemia que les hayan podido afectar o lo agotados que lleguen por lo convulso del camino recorrido, siendo esto tremendamente injusto, se van a encontrar en la necesidad de manejarse en la incertidumbre y el conflicto.

El equipo directivo (dirección, jefatura de estudios y secretaría) ejerce de correa de transmisión de la energía entre, por un lado, la administración educativa y, por otro, el personal del centro (docente y de administración y servicios), el alumnado y sus familias. De su capacidad de interpretar el momento y canalizar esa energía dependerá, en gran medida, el buen regreso a las aulas. Es mucha responsabilidad y no es tarea fácil, vaya por delante.

Recibirán una serie de instrucciones que lo más normal es que les generen dudas, como nos viene ocurriendo a todos con las instrucciones de la desescalada, que nunca vendrán con todos los recursos necesarios, como suele ser habitual, y con una gran carga de exigencia por la talla de la misión, velar por el derecho a la educación y hacer una gestión ejemplar. 

Al levantar la mirada se encontrarán un claustro expectante, con un anecdotario lleno de dificultades tras dos meses de enseñanza no presencial sobrevenida y preocupados por su salud y la de sus alumnos. También con las familias, que se ven presionadas por la necesidad de acudir a sus trabajos y por buscar lo mejor para el bienestar de sus hijos. Y finalmente, con los alumnos y alumnas que se debatirán entre la excitación del reencuentro con sus compañeros y las nuevas rutinas y, por otro lado, la desmotivación de parte del alumnado, que transita por el sistema educativo sin verle las bondades que debería tener.

De la capacidad del equipo directivo de sumar voluntades a la hora de proteger el derecho a la salud para garantizar el derecho a la educación dependerá lo lejos que podamos llegar en esta cuestión. El centro deberá calibrar sus posibilidades de asumir presencialidad, en la medida que pueda garantizar la salud de todos sus miembros. Para ello deberá recurrir a un liderazgo participativo en el que la comunicación jugará un papel relevante. Deberá ser capaz de reclamar lo que sea oportuno ante la administración si considera que no dispone de lo necesario para esta labor. También deberá encontrar recursos en la comunidad educativa que anteriormente podríamos no haber considerado. Canalizar el sentimiento de solidaridad que se ha abierto camino estos días es un tesoro que debemos ser capaces de avivar.

En esta labor queremos hacer especial hincapié en unos aliados fundamentales: los alumnos. La participación infantil es un derecho de la infancia que no solemos atender como se merece en los centros educativos. No solo es necesario que realicemos una profunda formación en hábitos higiénicos, que precisan de su parte teórica y su parte práctica. Deberemos desarrollar una campaña dirigida específicamente a la infancia y adolescencia sobre cómo actuar durante la emergencia del COVID-19 que promueva la participación infantil dentro y fuera del centro educativo. El desarrollo de pautas de autoprotección sólidas nos hará ganar tiempo que necesitamos para el resto de tareas.

En esta pandemia queremos frenar el virus, no la educación. Desde UNICEF España hemos hecho llegar a las autoridades educativas una serie de propuestas ante la emergencia educativa que provoca el COVID-19. Los centros educativos deben estar siempre abiertos, sea presencial o virtualmente, para atender al derecho a la educación que tienen niños y niñas. Esa razón por la que quisimos ser educadores. Esa razón que rápidamente nos hace sacar fuerzas de flaqueza, encontrar compañeros y aliados en el camino y enfrentar las adversidades, en esta ocasión en forma de coronavirus. Es un enemigo lo suficientemente poderoso para que no baste con enviarlo al despacho del director o la directora para que se amilane. No les dejaremos solos.

Nacho Guadix

Responsable de Educación en Derechos y Campañas en UNICEF España

@GuadixNacho

Todo va a salir bien

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