10 claves para la protección de datos en la escuela

Uno de los retos que nos plantea el mundo digital es la protección de los datos de niños, niñas y adolescentes. ¿Qué papel juegan los centros educativos? ¿Es posible educar desde las aulas sobre este derecho? Ofrecemos 10 claves para poder empezar a abordar este importante tema.

Una niña mira la pantalla de una tablet durante una actividad educativa

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La gobernanza o buen gobierno de datos de la infancia puede parecer un tema abstracto y técnico, alejado de la vida cotidiana, pero tiene implicaciones serias en el día a día de cada niño, niña o adolescente, ya que afecta directamente a su derecho a la identidad, a la privacidad, a la participación y a la protección.

Para considerar estos derechos de la infancia en el día a día, hay 10 aspectos clave que todas las instituciones, incluidas las educativas, deben conocer y considerar para una mejor gestión de sus datos.

1.    Gobernanza de datos

La gobernanza o gobierno de datos se refiere a la serie de normas, a todos los niveles (internacional, estatal, local…), que promueven una gestión de datos que garantice su disponibilidad, usabilidad, consistencia,  integridad y seguridad, así como la protección efectiva de los derechos de las personas. La gestión de datos de nuestro centro educativo debe ajustarse a estas normas y minimizar las posibilidades de uso de vigilancia de datos y de algoritmos para perfilar en comportamiento de nuestro alumnado. Un ejemplo sería el uso en el aula de apps de terceros para actividades educativas: es necesario conocer y valorar el posible uso de los datos que hacen las empresas propietarias de dichas apps.

2.    El interés superior de cada estudiante

En un centro educativo se recogen muchos datos sobre el alumnado y muchos de ellos son sensibles. La recogida de datos debe tener siempre como objetivo el mejor interés de cada niño, niñas o adolescente y debe ayudarnos efectivamente a promover su desarrollo educativo y la mejora de sus oportunidades en la vida. Tenemos que dar prioridad al mejor interés de niños, niñas y adolescentes en todas las decisiones que tomemos sobre sus datos, dando prioridad a nuestras prácticas de recopilación, procesamiento y almacenamiento de dichos datos. 

3.    Cada infancia es única

Sabemos que cada estudiante es único en su identidad, la evolución de sus competencias y sus circunstancias, pero necesitamos tener en cuenta este carácter único de cada infancia al considerar la gestión de sus datos, tanto en los aspectos administrativos como en los educativos. Cada niño y cada niña es diferente y, a medida que maduran, la gestión de sus datos puede flexibilizarse en paralelo a su mayor capacidad de toma de decisiones. La atención a las necesidades especiales de cada estudiante y a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables o marginalizados es clave: no pueden quedarse atrás.

4.    Las responsabilidades, donde corresponden

La responsabilidad de la protección de los datos de niños, niñas y adolescentes no puede recaer en ellos mismos. Debemos procurar que desarrollen esa responsabilidad a través de la educación para que puedan ejercerla en su vida adulta, pero, mientras tanto, son los gobiernos, empresas e instituciones (incluidas la escuela y la familia) quienes asumen esa responsabilidad estableciendo los medios de protección necesarios para todos los menores de 18 años.

5.    Considerar la participación infantil

Para que puedan ser más conscientes de la importancia de sus datos y de sus derechos respecto a ellos, los niños, niñas y adolescentes deben tener voz en la elaboración de normativas y en la gestión de sus datos. A través de modelos de participación guiada, tanto ellos como sus familias y comunidades pueden tener algo que decir sobre el modo en que se procesan sus datos, quien los puede procesar y con quién se pueden compartir.

6.    Niños, niñas y adolescentes necesitan representación

Cuando se da una vulneración de los derechos de la infancia en relación al uso de sus datos, se debe garantizar la representación de sus intereses en los procedimientos administrativos y judiciales, así como en los mecanismos de reparación. Ni los mecanismos de actuación ni el trabajo de las personas encargadas de la protección de datos pueden estar al margen de los derechos del niño.

7.    Dotación de recursos

Las cuestiones relacionadas con protección de datos no son sencillas ni se pueden improvisar. Es necesario contar con recursos, tiempo, espacios y planificación y los profesionales responsables deben tener un enfoque de derechos de la infancia al desarrollar su labor.

8.    Innovación

Podemos encontrar formas innovadoras de aplicar las normas, de modo que ayuden a resolver problemas complejos y a lograr una mejor protección de nuestros estudiantes. A través de la innovación podemos hacer que los datos que gestionamos sean útiles al mismo tiempo que garantizamos la salvaguarda de los derechos de la infancia.

9.    Aún existen lagunas

El uso de los datos está creciendo a una velocidad enorme y las leyes no siempre pueden anticipar los cambios. Necesitamos ser conscientes de que existen lagunas en lo relacionado con la gobernanza de datos y la infancia y que, aunque no siempre vamos a poder encontrar respuestas en la norma, podemos contribuir a la mejora de dichas normas a través de mecanismos de consulta y denuncia.

10.    Los datos no tienen fronteras

En su manifiesto por una mejor gobernanza de los datos de la infancia (disponible en inglés), UNICEF enfatiza la importancia de la colaboración internacional y de la necesidad de compartir conocimientos y avances legales entre países. Los datos pueden llegar a cualquier lugar del mundo y ser usados bajo jurisdicciones legales distintas a la nuestra. Esto nos obliga a ser especialmente cuidadosos en la gestión y a reforzar el enfoque didáctico sobre alfabetización tecnológica, ciudadanía digital y educación en derechos de la infancia de nuestro proyecto educativo
 

 

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