Las niñas de Kazajistán vuelan alto gracias a UNICEF

Gracias a colaboraciones como la tuya, podemos trabajar para que un grupo de 20 jóvenes, amantes de la ciencia, den el gran salto hacia su carrera profesional a través de proyectos que les ayuden a destapar todo su potencial. Cuando las niñas crecen, todos crecemos. 

Imagen de un grupo de niñas saltando

Seguro que alguna vez has escuchado eso de que “Si puedes soñarlo, puedes lograrlo”. Si bien es cierto que con talento, motivación y esfuerzo se consiguen grandes cosas, las niñas y mujeres que viven en países en vías de desarrollo como Kazajistán necesitan algo más que su trabajo y dedicación para conseguir lo que se propongan. Por eso y gracias a tu aportación al programa Unidos por los derechos de las niñas, nos estamos centrando en darles a esas niñas y mujeres soñadoras la oportunidad que necesitan para llegar a lo más alto. Literalmente. 

En un país en el que los jóvenes de entre 10 y 24 años representan casi una quinta parte de la población, la educación sigue siendo una asignatura pendiente. UNICEF está trabajando junto con el gobierno de Kazajistán y sus colaboradores para fomentar la educación STEM (relativa al ámbito de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, por sus siglas en inglés) y prueba de ello es el programa educativo UniSat. Esta iniciativa nos permite ayudar a 20 mujeres y niñas de entre 14 y 35 años de distintas regiones del país a recibir la formación necesaria para diseñar y construir nanosatélites que, una vez en la estratosfera, les ayudarán a continuar con su investigación a través de imágenes de alta resolución de la Tierra y de las estrellas. Además, los sensores recopilarán datos sobre la radiación, la presión, la gravedad, la luz y la composición de los gases y se enviarán a los laboratorios para su posterior análisis.

Imagen de una niña junto a un micro satélite

Una joven preparando uno de los nanosatélites de menos de 10 kg que les ayudarán en sus investigaciones aeroespaciales. 

Sin embargo, esta iniciativa va mucho más allá de descubrir el cosmos, como nos cuenta Arthur van Diesen, delegado de UNICEF en Kazajistán: “La iniciativa UniSat demuestra el potencial que tienen las mujeres y las niñas para derribar las fronteras de la ciencia y la tecnología. El lanzamiento de los nanosatélites no solo es un gran logro para las chicas que participan en el proyecto, sino que tiene un gran valor simbólico que servirá a muchas niñas de Kazajistán como inspiración para luchar por su educación y su carrera en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas”. Además, estas chicas no solo están ampliando su conocimiento técnico, sino que también están desarrollando una serie de habilidades como el trabajo en equipo, la comunicación o la gestión de proyectos que les serán de gran utilidad a la hora de desenvolverse en el entorno profesional. 

Una de las participantes de UniSat es Amina Sadu, una joven de 17 años que desarrolló su pasión por la ciencia leyendo historias de la mitología griega, en especial la que habla sobre el inventor Dédalo, que diseñó unas alas para que su hijo Ícaro pudiera volar. Cuando era pequeña, soñaba con crear unas alas para surcar los cielos que fueran resistentes al calor del sol (para evitar el trágico desenlace de Ícaro), pero pronto descubrió que su verdadera vocación era la ingeniería aeroespacial. 

Imagen de un grupo de niñas trabajando en un micro satélite

Amina Sadu (la segunda joven empezando por la izquierda) inmersa en la construcción de un nanosatélite junto con sus compañeras de equipo.

Cuando se enteró de que podía ser una de las participantes de este programa, no lo dudó ni un segundo. Su curiosidad y su pasión por aprender la llevaron a solicitar una de las 20 plazas disponibles y, aunque al principio tuvo ciertas dificultades, ya que no tenía conocimientos previos en ingeniería, poco a poco sus inseguridades fueron desapareciendo gracias a la ayuda de sus mentores y de sus profesores. Como ella mismo reconoce, “Soy una soñadora y no tengo miedo al fracaso. Lo intentaré mil veces y, si fallo, lo volveré a intentar una vez más”. 

Precisamente el valor del fracaso es uno de los pilares de aprendizaje de esta iniciativa. En palabras de Raushan Ibrasheva, Director de Innovación de UNICEF Kazajistán, “Esto les ayuda a nuestras estudiantes a generar confianza en sí mismas y resiliencia. Al final, fallar es parte del camino hacia el éxito”. Lo que está claro es que tenemos ante nosotros la posibilidad de que niñas y mujeres de todo el mundo superen sus miedos y tengan acceso a las mismas oportunidades que los chicos. “Aún hay una idea generalizada entre la población de que las niñas no deberían estudiar una carrera de ciencias”, afirma Raushan. Por suerte, este tipo de proyectos les dan la esperanza y el empujón que necesitan para creer que, con la ayuda de todos, ellas también pueden llegar a ser ingenieras, investigadoras o todo aquello que se propongan.

Imagen de un grupo de niñas haciéndose un selfie

Un grupo de jóvenes de entre 14 y 35 años se hacen un selfie para el recuerdo con una de las profesoras del programa UniSat.

UniSat es un programa piloto, pero viendo la gran acogida que está teniendo, en UNICEF ya estamos desarrollando ideas para ampliar este proyecto y lanzar el Global Cubesat Challenge, para que equipos de todo el mundo puedan enviar sus diseños y trabajar de forma conjunta con jóvenes prometedoras como Amina. Cuando le preguntamos por su futuro, lo tiene claro: “Esta experiencia me ha abierto puertas que ni siquiera sabía que existían, así que ahora sueño con trabajar en el campo de la física teórica para llegar a entender el universo”. Además, consciente de que no todas las niñas de su país tienen acceso a programas educativos como este, quiere crear una escuela para los niños y niñas de las familias más desfavorecidas.

Si alguna vez te preguntas para qué sirve tu contribución al programa Unidos por los derechos de las niñas, recuerda la historia de Amina y de cómo ella es la prueba de que, gracias a personas como tú, los sueños de muchas niñas de todo el mundo pueden hacerse realidad.