Protegiendo a las niñas durante la pandemia y siempre…

UNICEF está trabajando contrarreloj para implementar cuanto antes las medidas propuestas en el Programa Mundial por el Fin del Matrimonio Infantil de las Naciones Unidas y ayudar, de manera urgente, a las niñas que corren un mayor riesgo. Un riesgo que se ha incrementado alarmantemente con la COVID-19.

Unidos por los derechos de las niñas

Que la pandemia producida por el virus de la COVID-19 nos ha cambiado a todos la vida es un hecho indudable, pero para millones de niñas y adolescentes de los países más desfavorecidos este cambio está siendo demoledor.

Lo que empezó siendo una crisis sanitaria sin precedentes, se ha convertido rápidamente en una crisis de sus derechos más básicos. En el caso concreto de las niñas, algunos de los datos son abrumadores, por ejemplo, se estima que, a raíz de la pandemia, 10 millones más de jóvenes están en riesgo de caer en las redes del matrimonio infantil.

Las iniciativas que estamos pudiendo desarrollar gracias a personas como tú, promueven el derecho de las niñas a evitar el matrimonio y el embarazo precoz, y les permite alcanzar sus aspiraciones mediante la educación y el apoyo de las comunidades.

Estamos asegurándonos de que las niñas que están en riesgo, o que ya son víctimas del matrimonio infantil, puedan tomar decisiones informadas por sí mismas sobre temas tan importantes como el matrimonio, la educación o la salud sexual y reproductiva. Además, el hecho de que las niñas casadas, divorciadas, viudas o embarazadas vean una respuesta contundente por parte de las instituciones, hace que no pierdan la esperanza de volver a disfrutar de una infancia segura y en paz

Con tu colaboración conseguimos que se puedan contar historias como estas:

Imagen de Netu

Neetu, 17.
Cuando el matrimonio se entiende como un símbolo de protección. 

Esta joven de India, tuvo que abandonar sus estudios a una edad muy temprana. Cuando murió su padre, su hermano pequeño y su madre tuvieron que ponerse a trabajar para sustentar a la familia, por lo que ella pasó a encargarse de las tareas del hogar.

Desde que era solo una niña, Neetu se pasaba prácticamente todo el día en casa sola, algo que preocupaba tremendamente a su madre por miedo a que alguien entrara en su vivienda y le pudiera hacer daño. Por eso, cuando su madre le propuso casarse a una edad temprana para que estuviera protegida, Neetu aceptó.

No era consciente de los problemas que podía acarrear esta decisión. Por suerte, gracias a UNICEF en su población existía un Centro Social y un Departamento para el Desarrollo de los Niños y las Mujeres. En cuanto se enteraron de su caso y vieron que era menor cancelaron la boda. Neetu les expresó que su deseo era trabajar de costurera y consiguieron hacerle llegar una máquina de coser con la que hoy puede construirse un futuro por sí misma.

Imagen de Hamina

Hamina, 21.
La necesidad de ayudar a las jóvenes a ser independientes económicamente.

El padre de esta joven de Yemen la obligó a casarse a los 13 años, no solo por una cuestión de tradición, sino también, por la crisis económica en la que se encuentra el país desde hace décadas.

Él pensaba que el matrimonio de su hija podría ayudarle a ganar algo de dinero y a aliviar la carga financiera de toda la familia. Con un bebé y otro en camino, se desató la guerra y Hamina tuvo que desplazarse junto con su marido. Allí, lejos de la protección de los suyos, la joven empezó a sufrir un maltrato constante por parte de sus suegros y abusos sexuales por parte de su marido, lo que le ocasionó problemas psicológicos de los que aún se recupera.

Su marido terminó abandonándola. Hoy la joven yemení se recupera gracias a las jornadas de concienciación sobre el matrimonio infantil organizadas por el Sindicato de Mujeres de Yemen apoyado por UNICEF, donde recibe atención médica y psicológica y el apoyo necesario para empezar su carrera profesional como tatuadora de henna, a la vez que trabaja para concienciar contra el matrimonio infantil. “Estoy muy feliz porque soy capaz de mantenernos a mí y a mis hijos sin ayuda de nadie”. 

Imagen de Salmu

Salmu, 14.
El poder de la educación para volver a tener confianza en una misma.

La historia de Salmu cuenta la dura realidad que viven la mayoría de niñas que nacen con algún tipo de discapacidad en Ghana. Estas niñas ven cada día como sus derechos humanos más básicos, entre los que se incluyen la educación y la protección frente al matrimonio infantil, están en riesgo permanente.

Cuando Salmu era pequeña, sus padres se dieron cuenta de que tenía problemas de audición y en el habla. La llevaron a varios centros de salud, pero parecía que nadie podía ayudarles. Además, debido a la terrible situación económica por la que atravesaban sus padres, la niña dejó de ir al colegio, lo que hizo que se volviera aún más tímida y reservada.

Mediante las infraestructuras que se han favorecido desde UNICEF, el caso de Salmu llegó hasta el Departamento de Bienestar Social y, a los pocos días, la joven volvió a la escuela. Ahora la niña es sociable y risueña y su formación no se ha resentido ni por los cierres escolares a causa de la pandemia.

Estas son tres historias, pero afortunadamente, son muchas más las niñas y adolescentes que, gracias a colaboraciones como la tuya al programa Unidos por los derechos de las niñas, pueden sobreponerse a las adversidades y tener la posibilidad de conseguir ser mujeres independientes en el futuro. Contamos contigo para seguir garantizando los derechos de millones de niñas en todo el mundo.