Yemen, mi primera vez en un país en guerra

Es la primera vez que estoy en un país en guerra.

Llegué a Yemen el pasado 13 de octubre y en estos tres meses de trabajo he vivido en primera persona escenas que antes solo había leído en novelas o visto en películas de guerra: colas a la espera de recibir el pan o el agua, padres que pretenden que sus hijos no sientan cerca los bombardeos y piensen que la guerra es invisible...

La vida sigue con cierta normalidad en Sanaa, pero el ruido diario de los aviones nos mantiene alerta. Los niños de Yemen solo entienden que sus familias están asustadas, que no pueden ir a la escuela ni salir a la calle, que no hay trabajo ni comida, ni siquiera electricidad o agua. Con el objetivo de intentar reducir el impacto negativo de todo ello sobre la infancia, en UNICEF trabajamos a través de las cinco sub-oficinas que tenemos en el país.

Recuerdo un día de sol que salimos a la calle para ver cómo se repartía el agua en la capital, una acción que se realiza una vez cada dos semanas. Parecía una jornada tranquila, sin ruido de aviones. Me llamó la atención el color pálido de todos los niños que esa mañana salieron por fin de sus casas a intentar recoger la mayor cantidad de agua posible en cubos.

Eran niños con tez blanquecina, con ojerasmuy delgados. Niños y niñas que viven encerrados en casas de dimensiones reducidas. Ante mis ojos presencié una imagen que me produjo sensaciones extrañas: una escena bonita porque jugaban con el agua y, a su vez, impactante por la expresión de la cara de esos niños que ponían fin a su encierro durante los minutos en los que estuvo abierto el grifo en su barrio de la capital yemení.

EN YEMEN, PARA LA INFANCIA, TAMBIÉN EXISTE LA GUERRA

Aquí no funciona el sistema de salud, ni el escolar, aunque una parte de las escuelas del país abrieron el 1 de noviembre. Tampoco existe la posibilidad de un desarrollo normal para los niños y niñas, por ahora. En Yemen, para la infancia, también existe la guerra. Una guerra que causa traumas y un estado de shock difícil de superar.

A través de las personas que trabajan en el programa de apoyo psicosocial, conocemos historias de niños y niñas con pesadillas, cuyo único espacio para abstraerse de la guerra son esos espacios protegidos que desde UNICEF, con la extensa red de contrapartes, ponemos a su disposición.

Las dificultades para estabilizar el flujo de las importaciones complica aún más la situación ya que, en Yemen, el 90% de la comida y el combustible son importados. La distribución de la ayuda humanitaria es también complicada; hay zonas del país a las que el acceso se realiza con dificultad. Esto hace que las condiciones de vida de muchas personas se estén viendo cada vez más afectadas.

Se trata de una guerra muy complicada y tácticamente compleja. Una guerra que está afectando gravemente los derechos de la infancia. Una guerra que ojalá encuentre soluciones más pronto que tarde.

Post escrito por Meritxell Relaño, representante adjunta de UNICEF en Yemen