UNICEF ayuda a los niños desplazados por el conflicto de Siria a volver a la normalidad

Por Alma Hassoun, UNICEF.

Alrededor de unas 4.000 familias viven desplazadas en la zona de Tartous, Siria, tras huir de la inseguridad de Homs, Alepo y Hassakeh.

Formé parte del equipo de UNICEF que visitó un centro en el que se ofrece apoyo psicosocial a los cientos de niños desplazados de la zona. Es un centro dirigido por un aliado de UNICEF, donde los niños realizan actividades artísticas y deportivas, reciben educación sobre hábitos saludables y cuentan con apoyo emocional especializado.

Las actividades, que se desarrollan en el centro educativo y en tres unidades móviles que recorren las zonas cercanas, ayudan a los niños a superar las experiencias relacionadas con el conflicto.Los niños desplazados se enfrentan a numerosos retos, como acostumbrarse a la vida lejos de sus hogares, de su comunidad y de sus amigos.

La mayoría de las familias viven en apartamentos alquilados o con familiares que tienen en la zona, mientras que otros viven en comunidades de acogida.  Unos 350 niños desplazados asisten a este centro o a las unidades móviles, que llegan a 52 pueblos, y se pretende incluir a más niños en el programa. 

Durante mi visita, los niños hicieron actividades artísticas en el patio. Los voluntarios repartieron paletas de plástico y papel en blanco. Los niños se sentaron en grupos sobre la hierba y pintaron en grupos. 
 
Me pareció sorprendente lo maduros que eran estos niños para su edad. Incluso un niño de 4 años, que venía de Homs, me contó con detalle cómo sus familiares se habían ido marchando de allí.Estos niños desplazados están recibiendo un apoyo muy valioso, pero las necesidades alrededor del país son enormes y no dejan de aumentar
 

Bisher: "Espero poder volver al colegio este año"

Tuve la oportunidad de hablar con Bisher, de 12 años. Él y su familia huyeron de la ciudad de Alepo hace seis meses debido a los intensos combates. Me contó que el año pasado aprobó el quinto grado, en Alepo. En aquella época podía ir al colegio, ya que su padre se ganaba la vida como taxista. Perocuando se convirtieron en desplazados, Bisher y su hermano mayor decidieron ayudar a su padre. Empezaron a recoger botellas de plástico para venderlas, ya que habían visto a otros niños en Alepo hacer lo mismo. “Mis amigos aún están en Alepo”, me dijo Bisher. “Allí, se escucha todo el rato el sonido de los combates”. 
 
Vivir un conflicto y convertirse en desplazados puede ocasionar graves efectos en el estado de ánimo de los niños, pero me quedé impresionada con la capacidad de recuperación de los niños que conocí en Tartous. 
 
Bisher tiene grandes esperanzas: “Espero poder volver al colegio este año”, dice con una gran sonrisa. 
 
*Los nombres se han cambiado.