Un día cualquiera

Por Raquel Fernández, Directora de Comunicación de UNICEF Comité Español

La familia Abdallah tenía una tienda en los alrededores de Damasco hasta que hace 10 meses la guerra llamó a su puerta. Entró, rompió sus vidas y les dejó empapados en miedo. 
 
Sus días discurrían como los nuestros: negocio familiar como medio de vida, los niños iban a la escuela, tenían un hogar, amigos, y un servicio de salud que cubría sus necesidades. “Antes de la guerra, Siria era un lugar muy bueno, pero con la guerra fue muy duro, destruyeron nuestra tienda y nos fuimos”, le contabaSulimán, de 10 años, a Pau Gasoldurante su viaje a Irak como embajador de UNICEF
 
Hicieron el camino a ratos en coche y a ratos a pie hasta llegar a la frontera con el norte de Irak, en la región del Kurdistán. Los padres y cinco niños. Llegaron al campo de refugiados de Domiz, en Dohuk, y se encontraron con que no había sitio…el campo se levantó en la primavera de 2012 para acoger a 15.000 personas y su población ya se ha triplicado. 
 
La alternativa fue buscar una vivienda en bloques de apartamentos. Dos familias -8 niños- comparten piso, sin trabajo, pagando un alquiler y con poca ayuda. Como ellos, hay cien mil refugiados sirios en Dohuk, difíciles de localizar por las agencias de ayuda humanitaria para garantizar que sus necesidades están cubiertas y que los niños pueden ir a la escuela.  []
Sulimán no sabe todo esto, no sabe que él es uno de los4 millones de niños sirios que sufren las consecuencias de una guerra, y no sabe que las organizaciones humanitarias tenemos grandes dificultades para conseguir llegar a cada uno de ellos porque no hay recursos suficientes. El mundo no habla de esta grave crisis de refugiados, el mundo habla del conflicto. 
 
Pero lo que tampoco sabe Sulimán es que la visita de ese señor tan alto que ha estado en su casa iraquí está haciendo que una parte del mundo mire a los ojos a esos millones de niños como él, que han tenido que huir asustados, dejando atrás su vida y que solo quieren “que acabe la guerra, volver a mi casa y que mis hermanos y yo podamos volver a nuestra escuela”. Mientras, necesitan nuestra ayuda.
 
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