Siria: la lucha de las madres para proteger a sus hijos

Post de Iman Morooka, Especialista en Comunicación de UNICEF

Iman se reunió recientemente en la ciudad de Homs con madres y niños afectados por el conflicto. 

No hay que conducir demasiado para ver los signos dedestrucción y devastación. El sonido atronador de los bombardeos forma parte de la vida cotidiana en estas tierras.Cientos de miles de civiles han tenido que huir de sus hogares desde muchas partes de Homs en busca de seguridad.

En los albergues colectivos para las familias desplazadas, en las zonas más tranquilas de la ciudad, fui testigo del dolor por las vidas que se fueron. Conocí a familias que han perdido sus pertenencias y una vida más digna. Muchas familias desplazadas tienen que compartir habitación en antiguos edificios públicos y escuelas con otras familias, en un espacio dividido sólo por mantas y ropa, donde a menudo carecen de servicios básicos como agua caliente y duchas.
 
Pero también he visto la resiliencia y unfuerte sentido de comunidad. Los niños juegan y ríen en los pasillos y patios de los centros de acogida, aparentemente felices y contentos. Al hablar con algunos de ellos, mencionan lo mucho que extrañan sus hogares y a sus viejos amigos, cuyo paradero se desconoce.
 
Una joven me dijo que lo que más echa de menos es a su tortuguita. Un niño de 12 años me contó que extraña su hogar, donde no tenía que soportar la humillación.
 

LA HISTORIA DE UM AHMED

En una ONG que recibe apoyo de UNICEF, conocí a Um Ahmed (nombre ficticio para proteger su identidad)haciendo su visita mensual, con dos de sus hijos a cuestas.
 
La organización dedica dos días a la semana a ayudar a las familias que han perdido sus medios de subsistencia, principalmente por el conflicto,proporcionándoles apoyo financiero y en especie, como suministros médicos, artículos no alimentarios y ropa. UNICEF ha entregado kits familiares de higiene y mantas a esta organización para distribuir a las familias afectadas.
 
Um Ahmed vive en un barrio donde los intensos combates han causado destrucción a gran escala y desplazamiento. Tanto su marido como su hijo mayor han muerto. Um Ahmed regresó recientemente a su casa con sus cuatro hijos, después de resultar desplazada.
 
Su única fuente de ingresos es una ONG local: sobrevive con 7.800 (unos 60 euros) al mes, aparte de la caridad. La familia vive en una habitación de su casa que quedó gravemente dañada. Se forman goteras en el techo cuando llueve.
 
"La vida es muy difícil porque los precios son muy altos. El pan, por ejemplo, es muy caro y para conseguir pan subvencionado, tienes que esperar una larga cola. Verduras, leche, huevos, azúcar y combustible son un lujo que no nos podemos permitir", señala.
 

“MIS HIJOS TIENEN MIEDO TODO EL TIEMPO”

"Estamos casi confinados en nuestra casa. Mis hijos no salen de casa, excepto para ir a la escuela. Cada vez que se inician los enfrentamientos, voy a buscarles temprano para llevarles a casa.Mis hijos tienen miedo todo el tiempo", explica Um Ahmed.
 
Otra mujer con la que hablé me dijo que teme por la seguridad de su hijo, que tiene 16 años, cada vez que sale de casa para ir a la escuela. "Estoy temerosa de que le secuestren o le detengan en un puesto de control, pero destaca en la escuela y le tengo que dejar ir. Quiero que reciba también una educación superior".
 
Sobre los desafíos a los que se enfrenta la familia, Um Ahmed también agregó: "Si mis hijos se enferman por la noche, o un viernes, no hay ningún lugar donde los pueda llevar. No nos sentimos seguros donde vivimos. Ha habido casos de aumento de saqueos y otros delitos. Por la noche atasco la puerta con una madera porque tenemos miedo de que entren los hombres". []
 
Hay demasiadas familias que se han visto privadas de su pasado y soportan un presente cruel. Sin embargo, en medio de toda esta devastación, lo que me llama la atención --y lo que me da esperanza-- es la determinación de los padres y las comunidades por garantizar que sus hijos reciban una educación, a pesar de los riesgos.