Senegal: cómo la fuerza de las madres está cambiando el país

Al llegar nos saludamos con una ronda de apretones de manos, separadas en dos filas.

Ellas, las mujeres del Comité de Madres de la pequeña comunidad de Pnokhane, en Senegal, a un lado, y nosotras, las voluntarias y trabajadoras de UNICEF Comité Español de visita, al otro. Como en un partido de fútbol. Como si fuéramos de dos equipos diferentes.

El primer apretón vino acompañado de la primera sonrisa franca de una madre que nos señalaba, con orgullo, a su hijo que también sonreía.

Los siguientes dos saludos fueron más tímidos, a juego con las miradas de dos mamás que, seguramente, no superaban por mucho los 20 años. Unas llevaban a sus bebés en el regazo o en la espalda, otras nos enseñaban pequeños botes de granos de maíz, de cacahuetes, de mijo... Estaban todas juntas, en una complicidad que nos movía a la sonrisa.

Hasta que nos empezaron a hablar de su trabajo, de su lucha, de los problemas que enfrentan, de lo que les ha costado encontrar su espacio y de cómo están cambiando sus comunidades para que sus hijos tengan una vida mejor. Y nuestras sonrisas quedaron congeladas.

En sus historias se sumaban desastres, dolores, pérdidas, de las que aparecen en los medios y de las que no; en las que la desinformación, la pobreza y la falta de oportunidades matan. Pero también se hilvanaban gestos, audacias, ingenio y mucha mucha fuerza de voluntad. Ante sus testimonios, nos brotaban decenas de preguntas que el traductor de wolof nos ayudaba a compartir.

180 Comités de madres han reducido drásticamente la mortalidad infantil

Así conocimos que los llamados Comités de Madres empezaron a surgir en la región de Kaolak, en Senegal, hace 4 años, cuando las mujeres de la zona dijeron basta a tanto horror y decidieron plantar a cara a la desnutrición infantil y a otras enfermedades que amenazaban a sus hijos. Hoy, son más de 180 comités en todo el país, que se coordinan con centros de salud apoyados por UNICEF, y que ya han conseguido reducir drásticamente los índices de mortalidad entre los niños.

Todas las mujeres en edad fértil pueden participar en estos Comités de Madres que se encargan de sensibilizar a sus vecinos para prevenir, detectar y tratar la desnutrición de los niños de la zona. Hacen rondas puerta a puerta asesorando sobre buenas prácticas alimenticias, lactancia materna exclusiva durante los 6 primeros meses de vida y mejora de la higiene en la comunidad y, además, llevan un control exhaustivo de la salud de los niños cada 3 meses.

Quieren más para sus hijos y tienen determinación suficiente para conseguirlo

1 cm puede marcar la diferencia: por eso las madres se vuelcan en la detección temprana de la desnutrición
Un centímetro puede marcar la diferencia: por eso las madres llevan un control exhaustivo de la salud de los niños de 0 a 23 meses

Pero la ambición de estas madres va mucho más allá. Quieren más para sus hijos y tienen determinación suficiente para conseguirlo: tras sus agotadoras jornadas de trabajo y cuidado de la familia y el hogar, salen a cultivar y cosechar los huertos comunitarios. Los réditos de las ventas de los cereales y las hortalizas recogidas se ponen en común en un fondo con el que ya han financiado 11 pequeños centros de salud comunitaria en el país.

Una vez abiertos estos centros, la labor de las madres no acabó. Trabajando y sacrificándose aún más, han logrado el dinero necesario para llevar agua potable a todos ellos. Los Comités de Mamás se encargan también de pagar la electricidad y también financian un programa de formación de enfermeras y matronas, que ha logrado mejorar los cuidados antes, durante y después de los partos.

Cada logro que nos contaban lo celebrábamos con aplausos. Queríamos acercarles la emoción y la admiración que sentíamos, escuchándolas y conociendo su trabajo y sus pequeñas grandes victorias. Pero para cada gesto de asombro, había una sonrisa que nos venía a decir: “Esperad. Aún hay más”

El sacrificio de las madres no se agota en sus hijos

El sacrificio y la solidaridad de estas madres no se agota en sus hijos. Uno de los Comités de Mamás de Nyoro ha comprado un molino de mijo para que las madres de la zona tengan un trabajo y unos ingresos. Otro de los Comités ha reparado varios de los pozos con los que contaba la comunidad y un tercer Comité ha equipado con medicinas todos los puestos de salud de la zona.

Asia y Hari nos mostraron los productos que forman parte de la "despensa solidaria"

Además, más de una decena de Comités de la región se han unido para crear y mantener una “despensa solidaria” para los picos de emergencia en los que los cultivos fallan y a los niños les empiezan a faltar nutrientes. Para ello, cada familia aporta, en función de sus posibilidades, cereales y hortalizas de sus propias despensas.

Y es precisamente con el excedente de este fondo común de cereales, con el que el Comité de Mamás de Pnokhane ha elaborado una harina altamente nutritiva para alimentar a los niños. Cuando la enviaron a analizar a un instituto sanitario de Dakar, recibieron la sorpresa de que era apta para comercializarse. Mientras nos lo contaban, compartíamos un emocionante momento imaginando todo lo que pueden lograr estas madres si la iniciativa sale adelante.

"Gracias al apoyo de UNICEF mi hijo se salvó"

“Gracias al apoyo de UNICEF mi hijo se salvó”, “Vuestra ayuda nos da fuerza”, “Sin vosotros no podríamos seguir”. Que mujeres tan valientes y autónomas como Asia, Hari y el resto de madres no dejaran de darnos las gracias nos emocionaba y acercaba aún más.

Nos tomaron las manos y nos llevaron a conocer lo más valioso que tenían: sus hijos. Son niños y niñas que no tienen videoconsolas, ni juguetes, ni cuentos troquelados… pero son niños y niñas cuyas madres llenan de amor y por los que están cambiando el mundo desde sus pequeñas comunidades.

En la despedida olvidamos los apretones de manos. Ya no hubo dos filas. Todas nos mezclamos y abrazamos. Nos despedimos como un único y gran equipo que seguirá trabajando con un mismo objetivo: que pronto el problema de la desnutrición en Senegal sea solo un mal recuerdo.

Post de Aida Sánchez Ramos, Community Manager de UNICEF Comité Español